Doble rasero al evaluar argumentos
En casi todo debate sobre los animales aparecen ciertas afirmaciones repetidas, como "los animales no sienten como nosotros" o "eso es natural". Estas afirmaciones muestran un sesgo importante: el razonamiento motivado.
Distinto nivel de exigencia
Por el razonamiento motivado y el sesgo de confirmación, evaluamos con mucha menos exigencia los argumentos que coinciden con lo que ya pensamos, y con mucha más exigencia los que no coinciden.
Este sesgo afecta a todo el mundo, incluso a los filósofos especialistas en ética.
Cuando la gente no cree lo que dice
Hay una posibilidad que casi nunca se tiene en cuenta: a veces la persona no cree en la justificación que da. La usa como excusa. Esto puede pasar de tres formas:
- autoengaño: la persona intenta engañarse a sí misma;
- engañar al otro: la persona cree que el otro lo va a aceptar, o que le va a costar refutarlo;
- simulación mutua: todos notan que el argumento es débil, pero, como están de acuerdo con la conclusión, hacen como si fuera bueno.
El tercer caso es muy común.
La cascada de disponibilidad
Una creencia colectiva puede ganar cada vez más aceptación solo porque se repite muchas veces, aunque no tenga sentido.
La consecuencia
Esto ayuda a explicar por qué los intentos de justificar el especismo, y las objeciones a ayudar a los animales salvajes, casi nunca se analizan con cuidado, ni siquiera en el mundo académico.
En resumen
- El razonamiento motivado nos hace buscar confirmación, y no la verdad.
- A veces la gente usa argumentos en los que ni siquiera cree.
- Repetir una idea muchas veces no la vuelve verdadera.