El punto de partida
Todos los días, se explota y se mata a animales para muchos fines. Además, los animales que viven en la naturaleza sufren mucho por hambre, sed, enfermedades, frío, calor y heridas. Si las víctimas fueran humanas, casi todo el mundo pensaría que esto es inaceptable e intentaría ayudar. Con los animales, a la mayoría le parece normal.
Las excusas más comunes
A lo largo del Volumen I, vimos varios intentos de justificar esta diferencia. Los humanos importarían más porque:
- son humanos, o son de la misma especie que nosotros;
- tendrían alma o una dignidad especial;
- tienen (o podrían tener) razón, lenguaje, sentido de la justicia o cultura;
- tienen lazos de afecto, de solidaridad o políticos entre sí;
- la especie es algo biológico, no tener en cuenta a los animales sería natural, o es tradición.
La pregunta que las derriba a todas
Frente a cada una de estas excusas, se puede hacer la misma pregunta: ¿qué tiene que ver eso con saber si alguien puede ser lastimado?
Saber matemáticas no cambia cuánto duele una quemadura. Tener una tradición antigua no cambia el miedo de quien va a morir.
El argumento de la relevancia
Aquí entra el argumento de la relevancia. Funciona así:
- Para saber a quién le debemos consideración, lo que importa es saber quién puede ser perjudicado o beneficiado por nuestras acciones.
- Quienes pueden ser perjudicados o beneficiados son los seres sintientes, que sienten cosas buenas y malas.
- Muchos animales son sintientes.
- Entonces, debemos darles consideración.
En resumen
- Todas las excusas para no tener en cuenta a los animales fallan en el mismo punto: no tienen que ver con poder sufrir.
- Lo que importa es quién puede ser perjudicado o beneficiado.
- Esto incluye a todos los seres que sienten, de cualquier especie.