Questão
de Ética

Volumen VII · La ética y la situación de los animales salvajes · capítulo 24

¿No podría ayudar a los animales salvajes empeorar aún más las cosas?

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El temor a empeorar las cosas y la apelación al equilibrio ecológico no justifican no ayudar: si no podemos prever el largo plazo, tampoco sabemos que no ayudar sea mejor; la respuesta es investigar más, y el equilibrio puede coexistir con muchísimo sufrimiento.

Texto original Luciano Carlos Cunha · Volumen VII, p. 68 de la edición en PDF · traducción al español

24.1. La preocupación por las consecuencias a largo plazo

Una de las principales objeciones a la propuesta de prevenir/minimizar los daños que padecen los animales en la naturaleza a causa de los es la preocupación de que, al intentar ayudar, se empeore sin querer la situación71. Esta preocupación surge de la constatación de que en los ecosistemas hay una serie de interacciones muy complejas, lo que dificulta prever cuáles serían las consecuencias a largo plazo72.

Aunque esta objeción implica una preocupación importante, hay que tener en cuenta tres puntos que sugieren que hay más probabilidades de alcanzar mejores resultados si esta cuestión se investiga a fondo que si se la deja de lado y se deja que la naturaleza siga su curso. Estos puntos se explican a continuación.

El primero es que no tiene sentido afirmar primero que no conocemos el despliegue de las consecuencias a largo plazo y después que sabemos que dejar que la naturaleza siga su curso tiene mejores consecuencias a largo plazo que intentar ayudar.

El segundo es que hay varias intervenciones que se llevan a cabo desde hace décadas y han beneficiado a muchos animales, sin los efectos negativos que teme la objeción73. Es el caso de la vacunación de a gran escala, que se realiza desde hace décadas por razones antropocéntricas o , pero que beneficia a los animales vacunados. El conocimiento procedente de estos programas y de otros similares podría utilizarse también con la meta de beneficiar a los propios animales, y podría obtenerse más conocimiento si hubiera una investigación centrada en el bien de los propios animales.

El tercero es que parece claro que, cuanto más se invierta en estudiar a fondo esta cuestión, mayores serán las probabilidades de conocer el probable despliegue de las consecuencias a largo plazo y, por lo tanto, de llegar a los mejores resultados. Esta es, por lo tanto, una razón para rechazar la idea de que “dejar que la naturaleza siga su curso” llevaría a los mejores

resultados. Por ejemplo, tampoco conocemos todo el posible despliegue a largo plazo de ayudar a los humanos. Sin embargo, no se dice que eso muestre que no debemos ayudar a esos humanos y que es mejor dejar que la naturaleza siga su curso.

La objeción puede estar suponiendo que, si dejamos que la naturaleza siga su curso, el resultado es predominantemente positivo para los animales. Pero, como vimos en el Capítulo 3, eso es falso. O también es posible que esté suponiendo que somos responsables en mayor grado de las consecuencias de ayudar que de las consecuencias de no ayudar. Sin embargo, como vimos en el Capítulo 21, eso es arbitrario pues, en ambos casos, los resultados serán de una u otra manera según lo que elijamos.

24.2. La apelación al equilibrio ecológico

Podría objetarse que hay una razón para pensar que, si dejamos que la naturaleza siga su curso, el resultado probablemente será mejor para los animales: “la naturaleza se equilibra”. Según esta objeción, el resultado de dejar que la naturaleza siga su curso es el , y eso coincide con lo que es mejor para los animales. Por lo tanto, según esta objeción, si queremos lo mejor para los animales, basta con dejar que la naturaleza siga su curso. A continuación veremos los tres principales problemas de esta objeción.

El primero es que una situación se considerará equilibrada o no según factores que son, hasta cierto punto, arbitrarios. Por ejemplo, dependerá de cuán diferente sea esa situación de un estado anterior tomado como punto de referencia. Sin embargo, cualquier estado anterior puede elegirse como punto de referencia y, según qué estado se elija y con qué frecuencia se haga la medición, un mismo estado podrá considerarse equilibrado o desequilibrado74.

El segundo es que, de forma natural, no existe el equilibrio que imagina el sentido común. De forma natural, las poblaciones fluctúan enormemente, de manera casi siempre irregular75. De hecho, ecosistemas enteros y especies surgen y se extinguen a causa de los procesos naturales, también por lo general de manera irregular y con una frecuencia irregular.

Podría objetarse que eso es precisamente lo que se quiere decir con equilibrio: todo lo que resulte de los procesos naturales, sea lo que sea. Pero, si es así, lo que se está haciendo es cambiar arbitrariamente la definición de equilibrio para volver verdadera la afirmación de que la naturaleza está equilibrada. Es decir, ante la constatación de que una afirmación es falsa, se cambia la definición del término para volverla verdadera. Con esta maniobra, es obvio que todo lo que se deriva de los procesos naturales estará equilibrado, ya que la definición de “equilibrado” se ha cambiado por “todo lo que se deriva de los procesos naturales”. Pero, si esa es la definición, decir “todo lo que se deriva de los procesos naturales está equilibrado” es redundante, pues equivaldría a decir “todo lo que se deriva de los procesos naturales se deriva de los procesos naturales”.

El tercer problema, y el principal, es que una situación puede ser equilibrada en el sentido de ser estable y, a la vez, ser terriblemente mala para los animales afectados. Por ejemplo, situaciones como las que vimos en el Capítulo 3, en las que a lo largo de generaciones sobreviven en promedio solo dos crías por camada (algo común en la naturaleza), son equilibradas en ese sentido, pero, dado el tamaño gigantesco de las camadas, son también un escenario en el que se maximizan el sufrimiento y la cantidad de muertes prematuras.

Podría objetarse que, si hubiera menos equilibrio, la cantidad de sufrimiento y de muertes prematuras sería aún mayor. Sin embargo, esa correlación no existe necesariamente. Todo dependerá de cómo el mayor o menor grado de equilibrio influya en otros factores que afectan directamente al bien de los seres . Por ejemplo, dependerá de si da como resultado una mayor cantidad de nacimientos en especies en las que la mayoría de sus miembros tienen vidas llenas de sufrimiento o en especies cuyos miembros tienen más probabilidades de tener vidas positivas. Dependerá también de cómo afecte a factores como la disponibilidad de alimento y de refugio y la cantidad de enfermedades y de conflictos entre los animales. Además, como los ecosistemas tienden a equilibrarse en niveles altos de productividad de plantas y de animales, las perturbaciones probablemente tienden a reducir el sufrimiento, en lugar de aumentarlo76.

Es decir, no hay ninguna correlación directa entre mayores niveles de equilibrio ecológico y un mejor saldo general para los seres sintientes. Por lo tanto, si el objetivo es lograr el mejor

estado de cosas para los animales, debemos investigar directamente cómo se ven afectados positiva o negativamente, y no centrar el análisis en el grado de equilibrio77.

Hace algunos años se propuso crear un campo de investigación, la biología del bienestar, que estudiaría cómo se ven afectados los animales en sus entornos desde el punto de vista de lo que es mejor o peor para ellos en cuanto individuos sintientes, que tienen un bienestar78. Este campo podría orientar los proyectos de ayuda a los animales en la naturaleza. A medida que aumentara el conocimiento en , aumentaría el nivel de seguridad y de eficiencia de los proyectos de ayuda.

Por lo tanto, dado lo que vimos anteriormente, la solución al problema del sufrimiento de los animales salvajes no es dejar que la naturaleza siga su curso, sino investigar cada vez más a fondo los factores que afectan a la calidad de vida de los animales en sus ecosistemas, para que sean posibles proyectos de ayuda cada vez más seguros y eficientes, tal como ya se hace cuando las víctimas son humanas.

Texto de Luciano Carlos CunhaColección Un recorrido por la ética animal, Volume VII
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Practica

Capa de estudio. Las respuestas se basan en el texto del capítulo.

Si es difícil prever las consecuencias a largo plazo, ¿qué se sigue?

Según el capítulo, ¿por qué el equilibrio ecológico no es una buena guía?

Para pensar

¿Cómo decides cuándo la incertidumbre es un motivo para actuar con cuidado y cuándo es una excusa para no actuar?

Notas del autor 8
  1. 71 Ver, por ejemplo, Clement (2003, p. 9); (2001, p. 49) y Simmons (2009, p. 22-5). ↩
  2. 72 Para una discusión detallada de esta objeción, ver (2022, cap. 8.3). ↩
  3. 73 Para una lista de estas intervenciones, ver Animal Ethics (2020, p. 60-85) y (2016b). ↩
  4. 74 Para una discusión detallada de los problemas del concepto de equilibrio, ver Lévêque (p. 202-244). ↩
  5. 75 Ver Lévêque (2003, p. 203). ↩
  6. 76 Sobre esto, ver (2016a). ↩
  7. 77 Pueden encontrarse ejemplos de métodos que buscan revelar directamente cuán bien o mal están los animales en Alonso; Paim (2017) y Gonçalves (2023). ↩
  8. 78 Sobre la biología del bienestar, ver Ética Animal (2019b), y (2020) y et. al. (2021). ↩
Fuentes citadas en este texto 12

La lista completa del volumen está en las referencias del Volumen VII.

  • ALONSO, W. J.; PAIM, C. S. Destinos de vida: categorias representativas para avaliar o sofrimento animal na natureza. Ética Animal: ativismo e investigação em defesa dos animais, 27 dez. 2017.
  • ANIMAL ETHICS. Introduction to wild animal suffering: A guide to the issues. Oakland: Animal Ethics, 2020.
  • CLEMENT, G. The Ethic of Care and the Problem of Wild Animals. Between the Species, v. 13, n. 3, 2003.
  • CUNHA, L. C. Razões para ajudar: o sofrimento dos animais selvagens e suas implicações éticas. Curitiba: Appris, 2022.
  • EVERETT, J. Environmental ethics, animal welfarism, and the problem of predation: a Bambi Lover´s respect for nature. Ethics and Environment, v. 6, n. 1, p. 42-67, 2001.
  • FARIA, C.; HORTA, O. Welfare biology. In: FISCHER, B. (org.). The routledge handbook Of animal ethics. New York/London: Routledge - Taylor & Francis group, 2020, p. 455-66.
  • GONÇALVES, E. H. De figurantes a protagonistas: maneiras de considerar a vida e o bem- estar dos animais sinantrópicos. 2023. Dissertação (Mestrado em Ciências Veterinárias) - Universidade Federal do Paraná (UFPR), Curitiba, 2023.
  • LÉVÊQUE, C. Ecology: From Ecosystem to Biosphere. Enfield: Science Publishers, 2003.
  • SIMMONS, A. Animals, Predators, the Right to Life and the Duty to Save Lives. Ethics and the Environment, v. 14, n. 1, p. 15-27, 2009.
  • TOMASIK, B. Efforts to Help Wild Animals Should Be Effective, Not Idealistic. Essays on Reducing Suffering, 28 mar. 2016a.
  • ÉTICA ANIMAL. Ajudando os animais na natureza. Ética Animal: ativismo e investigação em defesa dos animais, 23 out. 2016b.
  • ÉTICA ANIMAL. Biologia do bem-estar. Ética Animal: ativismo e investigação em defesa dos animais, 8 jul. 2019b.

Este capítulo en el Volumen XII

Cómo resume el autor este debate en Lo esencial sobre ética animal.

No hay nada que hacer a gran escala (VII, cap. 18, 24, 31, 36, 37).
Muchas cosas podrían hacerse a gran escala. Por ejemplo, podría estudiarse qué elementos del ambiente tienden a reducir la productividad primaria (y, por consiguiente, el sufrimiento total). Además, podrían evitarse las prácticas humanas que contribuyen a que los procesos naturales maximicen la cantidad de nacimientos (y, por consiguiente, el sufrimiento). Solo eso ya reduciría enormemente la cantidad de animales que nacerían solo para sufrir.
Es difícil prever las consecuencias a largo plazo. Ayudar podría empeorar todavía más las cosas. Mejor no intentar ayudar. (VII, cap. 24).
Si es difícil prever las consecuencias a largo plazo, entonces no podemos saber con certeza que no ayudar tiene las mejores consecuencias. Lo que tendríamos que hacer es investigar cada vez más a fondo cómo se dan las interacciones en los ecosistemas (de los animales entre sí y con su entorno). Al hacerlo, aumentaría cada vez más nuestro conocimiento sobre la probabilidad de las cadenas de consecuencias a largo plazo, lo que permitiría planificar programas de ayuda cada vez más seguros y eficientes.
La naturaleza ya se equilibra, y eso coincide con lo que es mejor para los animales. Mejor no intervenir. (VII, cap. 24).
En realidad, de forma natural las poblaciones fluctúan enormemente, de manera casi siempre irregular. Además, una situación puede ser estable y terriblemente mala para los animales afectados. Por ejemplo, las situaciones en las que a lo largo de generaciones sobreviven en promedio solo dos crías por camada están equilibradas en ese sentido, pero, dados los tamaños gigantescos de las camadas, también son un escenario en el que se maximizan el sufrimiento y las muertes prematuras.
Pero, si hubiera menos equilibrio, habría todavía más sufrimiento (VII, cap. 24).
No necesariamente. Todo depende de cómo el grado de equilibrio o desequilibrio influiría en otros factores que afectan directamente a los animales (como la cantidad de nacimientos y en qué especies, la disponibilidad de alimento y de refugio, la cantidad de enfermedades y de conflictos, etc.). Así, si el objetivo es lo mejor para los animales, debemos investigar directamente esos factores, y no el grado de equilibrio. Además, como los ecosistemas tienden a equilibrarse en altos niveles de productividad de plantas y de animales, las perturbaciones probablemente tienden a reducir el sufrimiento, en lugar de aumentarlo.

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