Questão
de Ética

Volumen VII · La ética y la situación de los animales salvajes · capítulo 25

Objeciones que cuestionan la viabilidad práctica de la propuesta de ayudar

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No poder ayudar a todos no es razón para no ayudar a ninguno, y lo que importa es la cantidad real de beneficio, no el porcentaje del problema resuelto; por eso, centrarse en los animales salvajes puede ser muy eficiente.

Texto original Luciano Carlos Cunha · Volumen VII, p. 72 de la edición en PDF · traducción al español

25.1. La objeción de que no es posible ayudar a todos los que lo necesitan

La cantidad de animales en la naturaleza es gigantesca. Según algunas estimaciones, hay entre 1 y 10 trillones de individuos en un momento dado en la naturaleza79. Para hacernos una idea de este número, si hacemos una analogía con el período de un año y lo comparamos con la población humana, esta última representaría como máximo 0,25 segundos del año.

A veces se sostiene que es inútil ayudar a los animales en la naturaleza, pues, dada la cantidad astronómica de víctimas, nunca lograremos ayudar a todas. Sin embargo, esta objeción puede responderse fácilmente señalando que la imposibilidad de ayudar a todas no impide ni vuelve inútil ayudar en los casos en que podemos hacerlo. Para los animales a los que podríamos ayudar, nuestra ayuda marcaría toda la diferencia.

Objeciones de este tipo jamás se tomarían en serio en el contexto humano. Imagine, por ejemplo, a un médico que se niega a salvarle la vida alegando que hacerlo sería inútil porque es imposible ayudar a todos los humanos que lo necesitan. Es solo a causa del predominio del especismo que surgen objeciones de este tipo cuando las víctimas son animales no humanos.

25.2. ¿Deberíamos dar prioridad a los problemas de los que resolveríamos una parte mayor?

Existe otra objeción a la propuesta de ayudar a los que dice que, aunque logremos ayudar en una enorme cantidad de casos, hacerlo no sería una manera eficiente de utilizar nuestros recursos, pues, dada la cantidad astronómica de víctimas, aunque ayudáramos a muchas de ellas, eso seguiría representando una fracción pequeña del total. Según esta objeción, deberíamos centrarnos solo en los animales explotados, pues el porcentaje del problema que lograríamos resolver sería mayor.

El principal problema de esta objeción es que comete el error de medir la eficiencia en el uso de los recursos según el porcentaje, y no según la cantidad real de beneficio que lograríamos producir. Veamos un ejemplo que ilustra este punto.

Imaginemos que con una misma cantidad de recursos podemos o bien ayudar al 90 % de los animales del problema A, o bien ayudar, en la misma medida, al 0,1 % de los animales del problema B (que están todos en una situación tan mala como la de los animales del problema A).

Si nos guiamos por la proporción, elegiremos ayudar al 90 % de los animales del problema A. Pero supongamos que el problema A afecta a un billón de animales, y el problema B, a mil billones. El 90 % de un billón son 900 mil millones. El 0,1 % de mil billones es un billón. Si elegimos resolver el 0,1 % del problema B, estaremos ayudando a 100 mil millones de animales más con la misma cantidad de recursos.

Esto revela cuán equivocado es basarse en el porcentaje para medir la eficiencia en el uso de los recursos. En el ejemplo anterior, si nos guiamos por el porcentaje, dejaremos de ayudar a 100 mil millones de animales a los que podríamos haber ayudado. Por lo tanto, para medir la eficiencia en el uso de los recursos que tenemos para ayudar, lo que importa es la cantidad real de beneficio que lograríamos producir, y no cuántos casos similares quedan aún por resolver.

Así, el hecho de que, aunque ayudemos a gran escala a los animales en la naturaleza, eso pueda seguir representando un porcentaje pequeño del total de víctimas del problema no muestra que hacerlo no sería una forma eficiente de usar los recursos de que disponemos para reducir el sufrimiento. Lo que habría que evaluar, entre otras cosas, es: (1) cuál es el tamaño del beneficio que lograríamos producir con una misma cantidad de recursos invirtiendo en uno u otro problema y; (2) cuán desatendido está cada problema (pues eso revela en qué problemas las demás personas probablemente ya invertirán sus recursos).

Teniendo en cuenta estos dos factores, es posible advertir que centrarse en prevenir el sufrimiento de los animales salvajes puede ser una forma muy eficiente de prevenir el sufrimiento en el mundo. Por ejemplo, con respecto al primer factor, disminuir la cantidad de nacimientos en especies de animales que maximizan la cantidad de crías disminuiría drásticamente la cantidad de individuos que nacerían para tener vidas llenas de sufrimiento y una muerte prematura. Como vimos en el Capítulo 3, el potencial reproductivo de estos animales es tan gigantesco que supera en varios órdenes de magnitud las cifras de la . Por ejemplo, al esterilizar a un solo pez luna, como mínimo se evitaría que 300 millones de animales nacieran para tener ese destino (y más si el pez luna en cuestión fuera a reproducirse más de una vez en la vida). Lograr llevar a cabo un programa de ayuda de este tipo no parece más difícil que, por ejemplo, lograr cerrar una granja industrial (de hecho, puede ser mucho más fácil). En cuanto al segundo factor, la cuestión del sufrimiento de los animales salvajes está sumamente , incluso por los defensores de los animales.

Todo esto muestra que, lejos de ser inútil centrarse en la cuestión del sufrimiento de los animales salvajes, ese enfoque tiene un gran potencial para ser una manera sumamente eficiente de prevenir o minimizar el sufrimiento en el mundo.

Texto de Luciano Carlos CunhaColección Un recorrido por la ética animal, Volume VII
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Practica

Capa de estudio. Las respuestas se basan en el texto del capítulo.

En el ejemplo del capítulo, ¿por qué ayudar con el 0,1 % del problema B puede ser mejor que con el 90 % del problema A?

"No se puede ayudar a todos, así que no debemos ayudar a ninguno" viola...

Para pensar

Usa la Calculadora de prioridades de este sitio con cifras de animales salvajes. ¿Qué cambia?

Notas del autor 1
  1. 79 Ver National Museum of Natural History & Smithsonian Institution (2008) y (2019 [2009]). ↩
Fuentes citadas en este texto 2

La lista completa del volumen está en las referencias del Volumen VII.

Este capítulo en el Volumen XII

Cómo resume el autor este debate en Lo esencial sobre ética animal.

No hay manera de ayudar a todos. Luego, no debemos ayudar a ninguno. (VII, cap. 25).
Sí, es verdad que no hay manera de ayudar a todos. Pero, para cada animal ayudado, la ayuda marca toda la diferencia. Tampoco hay manera de ayudar a todos los animales domesticados, ni a todos los humanos, pero eso no implica que no debamos ayudarlos. Algo así solo se dice en el caso de la ayuda a los animales no humanos debido a la prevalencia del especismo. Ninguno de nosotros rechazaría ser ayudado solo porque no es posible ayudar a todos los que lo necesitan. Por lo tanto, tal posición viola la imparcialidad.
Primero debemos resolver los problemas que los humanos causan a los animales. Si ni siquiera logramos resolver los problemas que los humanos causan a los animales, mucho menos los daños causados por procesos naturales. (VII, cap. 25).
Si nuestra meta es ayudar de la manera más eficiente posible, no debemos basarnos en el origen del daño (si es causado o no por humanos), sino en la cantidad de beneficio que podría producirse con cada estrategia. No es necesario resolver todos los problemas causados por humanos (ni siquiera alguno de ellos) para hacer algo por los animales víctimas de procesos naturales. Ayudar a animales víctimas de procesos naturales no es necesariamente más difícil que ayudar a animales víctimas de prácticas humanas. De hecho, en algunos casos puede ser más fácil, pues la resistencia puede ser menor. Lo que debemos hacer es investigar dónde nuestros recursos, si se aplicaran, producirían un bien mayor (por ejemplo, ayudarían a más víctimas, o ayudarían a las que están en la peor situación, etc.), y no investigar si el daño tuvo su origen en prácticas humanas o en procesos naturales.
El problema tiene tantas víctimas que, aunque lográramos ayudar a gran escala, seguiría siendo un porcentaje pequeño del problema (VII, cap. 25).
Lo que importa no es el porcentaje, sino la cantidad real de beneficio que podríamos producir. Por ejemplo, suponga que con un mismo recurso podemos o bien ayudar al 90% de los animales del problema A, o bien ayudar en igual medida al 0,1% de los animales del problema B (que están todos en una situación igual de mala que la de los animales del problema A). Si nos guiamos por el porcentaje, ayudaremos al 90%. Pero supongamos que el problema A tiene un billón de animales, y el problema B tiene mil billones. La cuestión es: el 90% de un billón son 900 mil millones, mientras que el 0,1% de mil billones es un billón. Resolver el 0,1% del problema B es ayudar a 100 mil millones de animales más, con el mismo recurso.

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