Volumen X · Los sesgos y su influencia · capítulo 2
Sesgos que inclinan a descuidar la situación de los animales salvajes
Antes de leer capa de estudio, no forma parte del texto original
Varios sesgos llevan a desatender a los animales salvajes: el statu quo, la preferencia por ciertos tipos de animales, el número de víctimas, la creencia de que la naturaleza es buena (como la hipótesis del mundo justo), el intento de justificar el sufrimiento, la duda sobre la viabilidad y la subestimación del público.
Cuando pensamos en la naturaleza, nos la imaginamos hermosa y equilibrada. A nuestro cerebro le gusta creer que "el mundo es justo" y que "si pasó, es porque tenía que pasar". Esos engaños hacen que ignoremos el sufrimiento de los animales salvajes.
Recordar las vacaciones solo por las fotos lindas y olvidar los mosquitos y la lluvia es un sesgo. Pensar en la naturaleza solo a partir de los documentales bonitos es algo parecido.
- P1 La situación de los animales salvajes tiene una de las mayores cantidades de víctimas.
- P2 Sesgos como el del statu quo, la hipótesis del mundo justo y la detección de agentes nos inclinan a verla como buena o justificada.
- P3 Otros sesgos nos hacen dudar de que sea viable ayudar y subestimar la receptividad del público.
- C Por lo tanto, esa desatención es, en parte, efecto de sesgos que podemos aprender a corregir.
El argumento central del capítulo en forma lógica. Si las premisas son verdaderas, la conclusión se sigue. Para discrepar, tienes que mostrar qué premisa es falsa.
Dicen “En la naturaleza todo tiene un propósito; el sufrimiento es parte del plan.”
Respuesta Esa impresión tiene nombre: sesgo teleológico e hipótesis del mundo justo. Ver un propósito donde solo hay procesos naturales nos lleva a justificar sufrimientos que nunca aceptaríamos para nosotros.
Más objeciones y respuestas en Desmontando objeciones.
Texto original Luciano Carlos Cunha · Volumen X, p. 18 de la edición en PDF · traducción al español
2.1. Introducción
La situación de los animales salvajes a causa de los procesos naturales es una de las situaciones que presentan la mayor cantidad de víctimas. Incluso las cifras de la , que ya son gigantescas, casi desaparecen en comparación.
Curiosamente, a pesar de ello, esta cuestión está muy descuidada, incluso por la mayor parte de los activistas de la causa animal y de los autores del área de la ética animal, que hasta ahora se han centrado casi exclusivamente en la situación de los animales explotados.
Por supuesto, muchas personas descuidan la situación de los simplemente porque desconocen lo grave que es. Otras no saben que hay muchas cosas que se pueden hacer para que esta situación sea menos mala y que mucho más podría hacerse en el futuro. Sin embargo, hay otras personas que conocen la gravedad de la situación y saben que es tratable, pero no la consideran un problema importante. Otras llegan a posicionarse firmemente en contra de intentar que esta situación sea menos mala.
En el Volumen VII de esta colección discutimos las principales objeciones a la propuesta de ayudar a los animales salvajes y vimos cómo pueden responderse. En este capítulo abordaremos los cognitivos que pueden inclinarnos a descuidar esta cuestión o a oponernos a la propuesta de ayudar a los animales salvajes18.
2.2. Sesgos relacionados con el statu quo
Como observa Vinding (2020a), tendemos a aceptar las opiniones de nuestros pares. Es raro que las personas piensen de forma crítica e independiente. Así, si no solo las personas en general, sino también la mayoría de las personas preocupadas por los animales (incluidos activistas y autores que admiramos) se centran en la situación de los animales explotados, tendremos una inclinación a hacer lo mismo, aunque ese no sea el foco que elegiríamos si hiciéramos una reflexión ponderada.
| A continuación, se presenta una lista de sesgos que inducen una resistencia a revisar nuestras creencias y | |
| actitudes, sea cual sea el tema. Estos sesgos inducen tanto la resistencia a revisar | |
| creencias sobre cómo es el mundo (como, por ejemplo, resistirse a aceptar que los procesos naturales | |
| perjudican enormemente a los animales) como creencias sobre lo que deberíamos hacer (como, | |
| por ejemplo, resistirse a aceptar que deberíamos hacer algo al respecto). | |
| 19Sesgo del statu quo: es la tendencia a preferir que las cosas permanezcan como ya están. | |
| Justificación del sistema: es la tendencia a defender y reforzar el statu quo. | |
| Efecto de arrastre: es la tendencia a hacer ciertas cosas porque muchas otras personas también las | |
| hacen, y a creer ciertas cosas porque muchas otras personas también las creen. | |
| Sesgo de conservadurismo: es la tendencia a no revisar las propias creencias lo suficiente ante | |
| nuevas evidencias. | |
| Reflejo de Semmelweis: es la tendencia a rechazar nuevas evidencias que contradicen normas, | |
| creencias o paradigmas ya ampliamente establecidos. | |
| Además de estos, los siguientes sesgos pueden influir en que los activistas de la causa animal se resistan | |
| a abordar la cuestión del sufrimiento de los animales salvajes en su activismo, y en que los autores del área de | |
| la ética animal se resistan a discutir esta cuestión en sus artículos, libros, clases, etc. | |
| Efecto de la opción por defecto: es la tendencia a favorecer la opción predeterminada cuando es posible elegir entre | |
| diversas opciones. | |
| Ley del instrumento: es la confianza excesiva en una herramienta o en métodos conocidos, | |
| que ignora o subestima los enfoques alternativos. |
2.3. Sesgos relacionados con el tipo de animal más afectado
Una de las razones por las que la mayoría de las personas descuida la situación de los animales salvajes es simplemente el hecho de que las víctimas no son humanas. Así, el especismo tiene una influencia fundamental en este descuido.
Sin embargo, esto no explica que esta cuestión la descuiden los activistas de la causa animal y los autores del área de la ética animal. Otra posible explicación del descuido en este caso tiene que ver con el tipo de animal no humano que suele verse afectado. La gran mayoría de los mamíferos son pequeños roedores. La gran mayoría de los vertebrados son peces. Y la inmensa mayoría de los animales son invertebrados. Dada la forma en que se da la dinámica de poblaciones, estos son los tipos de animales más perjudicados por los .
Hay al menos tres tendencias que contribuyen fuertemente al descuido del sufrimiento y de las muertes de estos animales, que ya vimos en detalle en el apartado 1.3: los animales de tamaño pequeño, los que se consideran poco inteligentes o los que despiertan menos empatía en nosotros normalmente reciben poca (o incluso ninguna) consideración.
En el caso de los invertebrados (como los insectos y los crustáceos) y de los peces, estos sesgos contribuyen en conjunto a que su situación se descuide, pues son animales normalmente de pequeño tamaño, vistos como poco inteligentes, y que generalmente no despiertan empatía como ocurre, por ejemplo, con los mamíferos. Estos animales son la inmensa mayoría no solo entre los explotados, sino también la inmensa mayoría en la naturaleza.
2.4. Sesgos relacionados con la cantidad de víctimas
Los activistas de la causa animal y los autores del área de la ética animal suelen mencionar la inmensa cantidad de víctimas como una de las principales razones para centrarnos en los animales explotados con fines alimentarios. Sin embargo, la misma razón (el número de víctimas) señala lo importante que es la situación de los animales en la naturaleza. La cantidad de animales en la naturaleza, en comparación con la cantidad de animales en la explotación, es tanto mayor que, para poder visualizar la diferencia de tamaño, es útil hacer una analogía con el período de un año. Si hacemos esa analogía, la suma de las poblaciones de animales en la explotación en un momento determinado representaría como máximo 14 segundos del año. Todo el resto del año (334 días, 23 horas, 59 minutos y 46 segundos) serían los animales en la naturaleza. Esto nos da una dimensión aproximada de lo grande que es la cantidad de animales en la naturaleza.
Un hecho que puede parecer desconcertante a primera vista es que el hecho mismo de que haya un número gigantesco de víctimas puede ser uno de los factores que inclinan a las personas a descuidar ese problema. Esto se debe a dos sesgos: el colapso de la compasión y la , que se explican a continuación.
2.4.1. Colapso de la compasión
Como vimos en el apartado 1.4.1, el efecto de la víctima identificable es la tendencia a sentir mayor empatía y deseo de ayudar en situaciones en las que las tragedias recaen sobre individuos identificables, en comparación con situaciones en las que las víctimas son un grupo mayor y más difuso de individuos.
En resumen, ante situaciones que involucran cantidades gigantescas de víctimas, las personas tienden a no sentir la empatía que sienten cuando ven casos individuales de sufrimiento. Por esta razón, las campañas que se centran en casos individuales suelen llamar mucho más la atención que las que se centran en situaciones con un número gigantesco de víctimas.
El sesgo que da origen al efecto de la se conoce como colapso de la compasión, que es la tendencia a comportarse de forma más compasiva con un pequeño número de víctimas identificables que con un gran número de víctimas anónimas.
2.4.2. Insensibilidad al alcance
Como vimos en el apartado 1.4.2, otro sesgo que puede influir en esta dirección es la insensibilidad al alcance, también conocida como insensibilidad a la escala. Este sesgo consiste en que, al comparar dos cantidades, no se percibe la diferencia de tamaño entre ellas. Esto ocurre principalmente cuando las cantidades comparadas son muy grandes.
Por ejemplo, la población mundial, en un momento dado, de animales criados como existencias para ser explotados20 está compuesta por vertebrados terrestres (24 mil millones), peces (180 mil millones) y crustáceos como los camarones (230 mil millones). Sumando estos números obtenemos la cifra de 434 mil millones de individuos. En cambio, la población total de animales en la naturaleza en un momento dado estaría, según ciertas estimaciones, entre 1 y 10 trillones de individuos21. La insensibilidad al alcance puede hacernos pensar que la cantidad de animales en la naturaleza es solo ligeramente mayor que la cantidad de animales explotados. En realidad, por cada animal criado como existencia para ser explotado habría de 2,3 a 23 millones de animales en la naturaleza.
2.5. Sesgos que inducen a creer que la situación de los animales salvajes es buena
2.5.1. Heurística de disponibilidad
Las heurísticas son atajos mentales. Son generalizaciones o reglas prácticas que reducen la carga cognitiva. Pueden ser eficaces para hacer juicios inmediatos, pero con mucha frecuencia conducen a conclusiones equivocadas.
Por ejemplo, la heurística de disponibilidad22 nos hace pensar que los casos que recordamos con más facilidad son necesariamente los más comunes o los más representativos de ese tipo de situación. Este sesgo ha afectado fuertemente la percepción que las personas tienen de la situación de los animales en la naturaleza. Veremos más sobre esto a continuación.
Lo que recordamos con más facilidad tiene mucho que ver con la información que recibimos (por ejemplo, de las redes sociales o de internet en general, de la televisión, las revistas, los documentales, las películas, los periódicos, etc.). Tendemos a pensar que esos casos son representativos de la mayoría de los casos de ese tipo simplemente porque son los que enseguida nos vienen a la mente cuando pensamos en las situaciones en cuestión.
Por ejemplo, cuando las personas piensan en atrocidades contra animales, tienden a pensar en atrocidades contra perros y gatos, que son los casos que normalmente aparecen en las noticias. Cuando piensan en
animales explotados para consumo, tienden a pensar en mamíferos y aves, a pesar de que más del 99 % de los animales explotados para consumo son crustáceos, peces e insectos. En este caso, las personas recuerdan a los mamíferos y las aves porque son los animales que los activistas suelen mencionar, lo cual, a su vez, puede deberse a la influencia del hecho de que libros clásicos del área de la ética animal se hayan centrado en esos animales. Del mismo modo, cuando piensan en animales en la naturaleza, las personas tienden a pensar en animales grandes y adultos, pues son los animales salvajes que generalmente aparecen en revistas, documentales y películas sobre el tema.
Esta visión no es en absoluto representativa de la vida típica de los animales en la naturaleza. La gran mayoría de los animales en la naturaleza son animales pequeños, y la gran mayoría de los que llegan a existir mueren cuando todavía son crías. El hecho de que las personas piensen en animales adultos y grandes cuando piensan en animales en la naturaleza contribuye a que no tengan idea de que la gran mayoría de los animales que nacen en la naturaleza experimentan predominantemente sufrimiento y mueren prematuramente. Esto se explicará con más detalle a continuación.
La manera en que se da la dinámica de poblaciones es uno de los factores clave de la abundancia de sufrimiento y de muertes prematuras de los animales en la naturaleza. La gran mayoría de las especies animales se reproducen maximizando la cantidad de crías, con camadas que van desde miles hasta muchos millones, según la especie. Si una población en cierto lugar se ha mantenido aproximadamente constante a lo largo de algunas generaciones, podemos deducir que, en promedio, solo un descendiente por adulto ha sobrevivido hasta la edad adulta (de lo contrario, veríamos aumentar la población). Esto significa que, en poblaciones estables, de cada camada sobreviven en promedio solo dos crías (una por adulto), y menos que eso si hay adultos que se reproducen más de una vez en la vida. En realidad, la gran mayoría de los animales que nacen en esas camadas lo hacen casi únicamente (y, en muchos casos, únicamente) para experimentar el sufrimiento que conlleva una muerte sumamente prematura, con poquísimas experiencias (o incluso ninguna) que no sean de sufrimiento extremo. El potencial reproductivo de estos animales es tan gigantesco que hace que incluso las cifras de la explotación animal casi desaparezcan en comparación.
Sin embargo, los animales grandes no se reproducen de esa manera: tienen pocas crías cada vez, lo que aumenta las posibilidades de cuidado parental y, con ello, las probabilidades de que la cría escape de la muerte antes de la madurez sexual y también de que tenga experiencias positivas. Como vimos, cuando las personas piensan en animales en la naturaleza, tienden a pensar en animales adultos y grandes. Es decir, piensan precisamente en esa “minoría dentro de la minoría” que escapó de la mortalidad prematura, y que es la excepción de la excepción, y no la norma, de la vida de los animales en la naturaleza.
De este modo, como esos son los animales que las personas recuerdan enseguida cuando piensan en animales en la naturaleza, la heurística de disponibilidad puede inducirlas a pensar que esa es la vida típica de los animales en la naturaleza, y a pensar que el sufrimiento no predomina en las vidas de los animales en la naturaleza, o que la cantidad de animales que nacen para tener una vida llena de sufrimiento es pequeña. Como vimos, la realidad es exactamente la opuesta.
Además, como observa Vinding (2020a), las imágenes del sufrimiento de los animales de granja constituyen casi la totalidad de las imágenes perturbadoras que vemos del sufrimiento animal. La gran mayoría del contenido que encuentran y difunden los activistas muestra vacas, cerdos y gallinas sufriendo en manos humanas. El autor concluye que probablemente las prioridades del movimiento de defensa animal serían diferentes si más del 99 % de las imágenes horribles que encuentran los activistas mostraran el sufrimiento de los animales salvajes (lo que sería una proporción más cercana al número real de animales salvajes en relación con los explotados).
2.5.2. Sesgos con un efecto similar al de la heurística de disponibilidad
Otros sesgos con efectos similares a los de la heurística de disponibilidad, que pueden contribuir a la creencia de que la situación de los animales en la naturaleza no es tan grave, son los siguientes.
La falacia de la tasa base es la tendencia a ignorar la información general y centrarse solo en la información de un caso específico, y a extraer conclusiones generales a partir del caso específico23. Por ejemplo, alguien ve una escena de un oso jugando feliz (un caso particular) y concluye: “los animales que viven en la naturaleza generalmente están bien”. Este es un ejemplo de falacia de la tasa base, pues se centra en un caso particular llamativo pero poco representativo e ignora la
tasa base (que es el hecho de que la gran mayoría de los animales en la naturaleza viven vidas llenas de sufrimiento).
El sesgo de supervivencia24 ocurre cuando se confunde un subgrupo exitoso con el grupo entero, debido a la invisibilidad del subgrupo que fracasó. En el caso en cuestión, consiste en fijarse en los animales en la naturaleza que sobrevivieron e ignorar a los que no sobrevivieron. Como la inmensa mayoría de los animales en la naturaleza muere muy prematuramente y desaparece enseguida del entorno (porque, por ejemplo, otros animales se los comen25), esto puede dar la ilusión de que la gran mayoría de los animales en la naturaleza no muere prematuramente, precisamente porque lo que alcanzamos a ver es la pequeñísima minoría que sobrevivió.
Ilusión de frecuencia. Una vez que se ha percibido algo, se percibirá cada aparición de esa cosa, lo que lleva a la creencia equivocada de que tiene necesariamente una alta frecuencia (es una forma de sesgo de selección). Así, si las personas solo se fijan en los animales que sobreviven, pueden tener la ilusión de que la mayoría de los animales sobrevive.
Sesgo de prominencia. Es la tendencia a centrarse en los elementos que son más llamativos emocionalmente e ignorar los que no lo son, aunque esa diferencia sea irrelevante según criterios objetivos.
Efecto de rareza. El material extraño se recuerda más que el material común. Por ejemplo, si alguien muere de una manera muy inusual, eso aparece en los medios. Pero si alguien muere de cáncer, por ejemplo, eso no se informará en los medios, precisamente por ser algo muy común. Esto puede hacer que las personas olviden que los casos comunes ocurren. El sufrimiento y las muertes prematuras de los animales en la naturaleza son sucesos tan comunes que nunca aparecen en los medios. Lo mismo ocurre con la explotación animal. Cuando las atrocidades con animales se vuelven noticia, es porque ocurrió algo muy inusual, diferente de la explotación animal ya institucionalizada. Esto puede dar la ilusión de que los sucesos que son la norma no ocurren (ya que ocurren con tanta frecuencia que dejan de percibirse) y de que los casos inusuales son los más representativos (o incluso la totalidad) de los casos en los que los animales sufren y mueren.
2.5.3. Sesgos que inducen a una visión idealizada de la vida en la naturaleza
Los siguientes sesgos pueden inducir a las personas a tener una visión excesivamente optimista sobre el modo en que los procesos naturales afectan a los animales en la naturaleza:
Retrospección rosada26: es el recuerdo del pasado como mejor de lo que realmente fue.
Declinismo: es la tendencia a ver el pasado bajo una luz excesivamente positiva y el presente o el futuro bajo una luz excesivamente negativa.
Aunque estos sesgos se estudian generalmente en términos de cómo el individuo recuerda su propio pasado, una actitud similar puede inclinar a las personas a tener una visión idealizada de cómo es la vida en la naturaleza, al pensar que antes de la intervención humana las cosas eran buenas para los animales.
Por supuesto, con frecuencia las prácticas humanas causan todavía más sufrimiento y muertes a los animales. Sin embargo, una vez que entendemos cómo los procesos naturales afectan típicamente a los animales, especialmente la dinámica de poblaciones, y que esto era así desde mucho antes de la aparición de la especie humana, podemos ver claramente que la idea de que, por naturaleza, las cosas son buenas para los animales es una ilusión.
La visión idealizada de la vida de los animales en la naturaleza abunda. Normalmente, la primera información que recibimos, desde niños, refleja esa visión. Esto puede contribuir a que mantengamos la visión idealizada de la vida de los animales en la naturaleza durante toda la vida y nos resistamos a aceptar que es falsa, en gran parte a causa del sesgo de anclaje:
El sesgo de anclaje hace que confiemos fuertemente en la primera información que recibimos sobre un tema (el ancla). Interpretamos la información posterior a partir de esa ancla, en lugar de verla objetivamente27. Esto puede distorsionar nuestro juicio e impedirnos actualizar nuestras creencias.
Otras veces, la visión idealizada de la vida en la naturaleza surge simplemente de deducciones equivocadas. Considere el siguiente ejemplo: “la mayoría de las prácticas humanas perjudican a los animales; por lo tanto, la mayoría de los procesos naturales los benefician”. Este es un ejemplo de falacia del falso dilema, pues asume que, si el resultado de las prácticas humanas es predominantemente negativo, entonces necesariamente el resultado de los procesos naturales es predominantemente positivo, ignorando que ambos pueden ser predominantemente negativos.
Algo que puede dar origen a la tendencia al falso dilema es el pensamiento maniqueo, que consiste en la tendencia a ver el mundo en términos de polos opuestos y a asociar uno de ellos con el bien y el otro con el mal, sin matices y sin ver la posibilidad de aspectos positivos y negativos en ambos lados. Este sesgo facilita la aceptación de falsos dilemas como “si los humanos son malos para los animales, entonces la naturaleza debe ser buena para ellos”.
Otro es el sesgo de compensación moral28, que es la tendencia a pensar que en el mundo hay un equilibrio moral: si hay un agente que causa un mal, es porque hay otro que compensa ese mal causando beneficios. Este sesgo puede llevar a la suposición intuitiva (pero no justificada) de que los procesos naturales “reparan” o “equilibran” los daños causados por los humanos.
2.6. Sesgos que llevan a intentar justificar el sufrimiento de los animales salvajes
A diferencia de los sesgos que pueden inducir a creer que la situación de los animales salvajes es buena, hay otros que pueden hacer que incluso personas que reconocen que la situación de los animales salvajes es muy mala intenten justificarla. A continuación, se presentan algunos ejemplos.
2.6.1. Apelación a la agencia
Considere los siguientes sesgos:
Sesgo de detección de agentes: es la tendencia a presumir la intervención intencional de un agente en situaciones que pueden no involucrar a ningún agente.
Sesgo teleológico: es la tendencia a atribuir un propósito a entidades y acontecimientos que no surgieron de una acción dirigida.
Estos sesgos pueden inclinar a las personas a pensar que, detrás de los procesos naturales, hay algún agente que quiere que esa situación ocurra.
Sin embargo, observe que estos dos sesgos por sí solos no bastan para dar origen a la creencia de que no debemos disminuir ese sufrimiento, pues solo inducen a suponer que hay un agente detrás de los procesos naturales, pero no inducen a pensar que se trata necesariamente de un agente muy inteligente, sabio o bondadoso, ni que ese sufrimiento sea la única manera de evitar un mal todavía mayor. Esas son suposiciones adicionales, pues, aunque hubiera un agente, podría ser un agente indiferente, o un agente bondadoso pero sin mucho poder ni conocimiento sobre cómo evitar el mal, o bien un agente malvado con mucho conocimiento sobre cómo maximizar el sufrimiento y mucho poder para hacerlo, y así sucesivamente.
Así, un tercer sesgo que probablemente contribuye a esta visión es el siguiente:
Hipótesis del mundo justo29: se refiere a la creencia de que el mundo es justo. Este sesgo puede inclinarnos, por ejemplo, a creer que quien padece un perjuicio es porque lo mereció.
En líneas generales, estos sesgos en conjunto conducen a la creencia de que la naturaleza es el resultado de la creación de una divinidad sumamente buena y sabia (o de que la propia naturaleza es esa divinidad), y de que, por lo tanto, lo que debemos hacer es venerarla, pues todo está “en su debido lugar”.
¿A quién le corresponde la ?
Un defensor de esta visión podría objetar que nosotros tampoco hemos probado que sea imposible que haya una justificación para todo ese sufrimiento y todas esas muertes que derivan de los procesos naturales. Sin embargo, la carga de la prueba le corresponde a quien cree que hay tal justificación. A continuación, veremos por qué.
Imagine que alguien afirmara que no debemos apagar las llamas de un incendio porque, de alguna manera, ese incendio, a pesar del sufrimiento y las muertes que causa, es la única manera de evitar un mal mucho peor. Le correspondería a quien hace esa afirmación mostrar que ese es el caso.
Lo mismo vale para quien afirma que ese es el caso respecto del sufrimiento y las muertes que derivan de los procesos naturales. Pero si quien hace esa afirmación ni siquiera logra pensar en cómo sería posible algo así (y se limita a decir que no es imposible), entonces no ofrece ninguna razón para pensar que ese pueda ser el caso. Por lo tanto, tenemos todas las razones para pensar que debemos prevenir ese sufrimiento y esas muertes tanto como podamos.
En líneas generales, el principio es este: que algo sea negativo ya es, en sí, una razón para prevenirlo/minimizarlo. Por lo tanto, la carga de la prueba le corresponde siempre a quien afirma que algo negativo no debe prevenirse/minimizarse.
2.6.2. Sesgo de omisión y sesgo del perpetrador
El sesgo de omisión30 es la tendencia a juzgar las omisiones perjudiciales como menos incorrectas que los actos igualmente perjudiciales. Cuando esta tendencia es más extrema, al comparar determinado acto y determinada omisión perjudiciales, se juzga como menos incorrecta la omisión, aunque sea más perjudicial (e incluso mucho más perjudicial) que el acto. En los casos más extremos posibles de esta tendencia, se juzga que no tenemos ningún deber respecto de las omisiones, por más dañinas que puedan ser.
La cuestión es que la gran mayoría de las personas padece este sesgo, muchas veces en su nivel más extremo posible. Por ejemplo, con frecuencia se intenta justificar el descuido del sufrimiento de los animales salvajes que deriva de los procesos naturales alegando que no somos moralmente responsables de nuestras omisiones31.
Los defensores de los animales no están exentos de este sesgo. Todo lo contrario. Con frecuencia, este discurso surge de activistas de la causa animal y de autores del área de la ética animal,
que sostienen que debemos preocuparnos solo por los daños que resultan de la acción humana.
Sin embargo, incluso en el caso de los activistas de la causa animal y de los autores del área de la ética animal, con frecuencia el sesgo de omisión está subordinado al antropocentrismo, pues normalmente no sostienen que no tengamos la obligación de ayudar a los humanos cuando lo que los perjudica son los procesos naturales (y mucho menos dirían que es incorrecto ayudar). Esto muestra que el especismo antropocéntrico está fuertemente presente incluso entre los activistas de la causa animal y los autores del área de la ética animal.
Como observa (2020a), el sesgo de omisión puede tener raíces en el sesgo del perpetrador32, que es la tendencia a preocuparnos más por el sufrimiento causado intencionalmente. Ver a un animal sufrir en manos humanas tiende a producir indignación, pues es muy evidente que el sufrimiento se produjo por la decisión de un agente que podría haberlo evitado. En cambio, ver a un animal sufrir por causas naturales puede incluso hacer que las personas lamenten la situación, pero normalmente no produce la misma indignación, pues el sufrimiento no fue causado por un agente con la intención de producirlo. Sin embargo, aunque el daño no haya tenido su origen en la decisión de un agente, si es posible ayudar, el hecho de que el daño continúe es resultado de la omisión, porque los agentes eligen no ayudar. Por lo tanto, hay exactamente las mismas razones para sentir indignación. Pero, como la omisión no es tan visible como un acto, tendemos a no percibirlo.
2.7. Sesgos que inclinan a dudar de la viabilidad de ayudar a los animales salvajes
Una de las principales objeciones a la propuesta de ayudar a los animales salvajes es la afirmación de que el problema es intratable (o de que, al menos, su es muy baja)33. Como observa Vinding (2020a), hay varias razones por las que esta creencia es falsa:
(1) Ya tomamos innumerables decisiones que afectan a los animales salvajes. Así, las políticas ambientales podrían adaptarse de modo que tengan la meta de disminuir el sufrimiento de los animales, en lugar de guiarse por valores ambientalistas.
(2) Existen varias intervenciones que se realizan desde hace mucho tiempo y que ayudan de forma significativa a los animales en la naturaleza.
(3) El alcance de esas intervenciones podría ampliarse con el tiempo, con el desarrollo de áreas como la biología del bienestar, por ejemplo.
(4) Podemos ayudar de manera indirecta, argumentando contra el especismo y a favor de la importancia de investigar cómo ayudar a los animales salvajes.
Algunas personas creen que no es posible tener un impacto significativo ayudando a los animales salvajes porque no conocen esta información. Sin embargo, hay personas que sí la conocen pero mantienen esa creencia debido a la influencia de ciertos sesgos. A continuación, se presentan ejemplos de dos de esos sesgos que pueden influir en esa creencia.
2.7.1. Sesgo de proporción
El sesgo de proporción nos inclina a medir la eficacia de una intervención en función de qué porcentaje del total de un problema representa su resultado, y a descuidar la cantidad real de beneficio producido.
Por ejemplo, este sesgo puede inclinar a alguien a pensar que es mejor usar cierto recurso para ayudar a 10 víctimas de un problema con 100 víctimas (pues son el 10 %) que usar el mismo recurso para ayudar a 100 víctimas de un problema con 2000 víctimas (pues son el 5 %). En este caso, la persona ayudaría a 10 veces menos víctimas creyendo que estaría ayudando al doble (o, peor aún, ¡sabiendo que está ayudando a 10 veces menos!).
Este sesgo es especialmente relevante en el contexto del sufrimiento de los animales salvajes, dada la enorme escala en que ocurre. Por ejemplo, una objeción a la propuesta de ayudar a los animales salvajes dice que, aunque logremos ayudarlos en una enorme cantidad de casos, hacerlo no sería una manera eficiente de utilizar nuestros recursos, pues, dada la cantidad astronómica de víctimas, aunque ayudáramos a billones de ellos, eso seguiría representando una fracción pequeña del total. Según esta objeción, deberíamos centrarnos en los animales explotados, pues el porcentaje del problema que lograríamos resolver sería mayor34.
El sesgo de proporción puede llevarnos a desperdiciar en gran medida recursos que podrían salvar a muchas víctimas. Por ejemplo, imaginemos que, con una misma cantidad de recursos, podemos o bien ayudar al 90 % de los animales del problema A, o bien ayudar en igual medida al 0,1 % de los animales del problema B (que están todos en una situación tan mala como la de los animales del problema A). Si nos guiamos por la proporción, elegiremos resolver el 90 % del problema A. Pero supongamos que el problema A tiene un billón de animales y el problema B tiene mil billones de animales. Recuerde que el 90 % de un billón son 900 mil millones, y que el 0,1 % de mil billones es un billón. Si nos guiamos por la proporción, estaremos ayudando a 100 mil millones de animales menos.
2.7.2. Sesgo temporal
El sesgo temporal nos inclina a dar menor importancia a cada momento según lo distante que esté del momento presente, lo que conduce a desconsiderar el impacto a largo plazo de nuestras decisiones, incluidas las estrategias de activismo35.
Este sesgo nos inclina a tener una visión inmediatista y a pensar que, si algo no es posible en este momento, nunca lo será. Peor aún: puede inclinarnos a pensar que algo beneficioso no debe hacerse solo porque sus efectos positivos se darían a largo plazo, y no ahora o en el futuro próximo.
Hay muchas cosas que ya se están haciendo ahora para ayudar a los animales salvajes. De hecho, muchas de ellas se hacen desde hace mucho tiempo. Sin embargo, mucho más podría hacerse a largo plazo si hubiera suficientes incentivos para la investigación. El sesgo temporal puede ser uno de los factores que conducen a la creencia de que no vale la pena intentar este tipo de inversión.
2.8. Sesgos que inclinan a subestimar la receptividad del público
2.8.1. Sesgo de la burbuja
Es común que activistas de la causa animal sostengan que el público en general no aceptará la propuesta de ayudar a los animales salvajes porque la mayoría del público no es vegana. Afirman algo como: “si ni siquiera los veganos aceptan ayudar a los animales salvajes, y si las personas no aceptan siquiera el veganismo, ¿cómo podrán aceptar ayudar a los animales salvajes?”.
El efecto del falso consenso ocurre cuando los individuos sobrestiman hasta qué punto las demás personas compartirán sus creencias, valores y comportamientos. Induce a las personas a proyectar en los demás sus actitudes e ideas personales. Como veremos a continuación, este sesgo, junto con la heurística de disponibilidad, puede estar en la base de la idea de que difícilmente el público aceptará la propuesta de ayudar a los animales salvajes.
Como vimos en el apartado 2.5.1, la heurística de disponibilidad es el sesgo que nos hace pensar que los casos que recordamos con más facilidad son necesariamente los más representativos. Como los casos que les vienen enseguida a la mente a esos activistas son sus propias opiniones y las de los veganos sobre ayudar a los animales salvajes (y buena parte de ellos se posiciona en contra de esa ayuda), pueden tener una impresión equivocada de lo que piensa la mayoría de las personas sobre ayudar a los animales en la naturaleza.
Por supuesto, el efecto del falso consenso y la heurística de disponibilidad también pueden inclinar a quienes están a favor de ayudar a los animales salvajes a pensar que la mayoría del público también estará a favor. Este también es un riesgo. Sin embargo, el hecho de que la mayoría del público no sea vegana y de que muchos veganos no acepten la propuesta de ayudar a los animales salvajes no muestra que la mayoría del público vaya a tender a rechazar la propuesta de ayudar a los animales salvajes. A continuación, veremos por qué.
Varias creencias equivocadas están en la base de la idea de que el público en general rechazará la propuesta de ayudar a los animales salvajes. En primer lugar, es equivocado pensar que, para aceptar la propuesta de ayudar a los animales salvajes, es necesario ser vegano (o que los veganos son más propensos a aceptarla que los no veganos).
Como observa Vinding (2020a), la mayoría de las personas puede tener una resistencia mucho mayor al veganismo que a la propuesta de ayudar a los animales salvajes. Esto se debe a que el veganismo les pide que cambien un comportamiento en el que ya han invertido mucho y en el que siguen invirtiendo todos los días. Sin embargo, no habría nada equivalente en relación con la propuesta de ayudar a los animales salvajes. En este caso, las personas no tendrían que cambiar un comportamiento en el que ya han invertido. De hecho, en su vida personal, no tendrían que cambiar casi nada. Solo tendrían que posicionarse a favor de ayudar a los animales salvajes36.
Análogamente, es posible que las personas que se definen como veganas tengan una resistencia mayor a la propuesta de ayudar a los animales salvajes que la población en general. Por ejemplo, a pesar de que la consideración por los animales y el ambientalismo parten de ideales opuestos, buena parte de las personas que se consideran veganas no percibe esa diferencia y tiende a ser más ambientalista que la población en general, valorando ideales como mantener la naturaleza libre de intervención humana, incluso cuando eso resulte extremadamente perjudicial para los animales. Por eso, pueden tender a rechazar con más fuerza que la población en general la propuesta de ayudar a los animales salvajes37. Además, como posicionarse en contra de intervenir en la naturaleza es un comportamiento en el que muchos de esos veganos ya han invertido, pueden tener una tendencia mayor que la población en general a resistirse a cambiarlo.
En resumen, si hacemos generalizaciones apresuradas a partir de la posición de los veganos sobre la propuesta de ayudar a los animales salvajes, podemos estar subestimando la probabilidad de que el público en general acepte esa propuesta.
2.8.2. ¿Sesgo de la burbuja o racionalización?
También hay que tener en cuenta la posibilidad de que, en muchos casos, el discurso de que “no sirve de nada difundir la propuesta de ayudar a los animales salvajes porque, total, a nadie le va a importar” sea una racionalización, y no el motivo real por el que la persona cree que no debemos difundir la propuesta de ayudar a los animales salvajes.
Por ejemplo, puede ser que la persona, aunque diga que está de acuerdo con la propuesta de ayudar a los animales salvajes, en realidad esté en desacuerdo y diga “no sirve de nada difundirla, porque a nadie le va a importar” como un intento de convencer a sus interlocutores de que abandonen esa idea. En realidad, puede ser que el verdadero temor de la persona sea que, si difundimos esa propuesta, muchas personas empiecen a preocuparse por algo por lo que ella no quiere que se preocupen. Así, aunque diga “no sirve de nada difundirla porque a nadie le va a importar”, tal vez su verdadero temor sea “si la difunden, a mucha gente le puede llegar a importar”38.
2.9. Conclusión
Arriba abordamos varios sesgos que pueden influir en la percepción de las personas respecto de la cuestión del sufrimiento de los animales salvajes.
Como observa Vinding (2020a), estos sesgos pueden influir incluso en las personas que ya los han percibido, pues “la programación central de nuestra cognición moral no cambia instantáneamente”. Así, es necesaria una vigilancia constante.
Hay algunas investigaciones que sugieren que, en relación con algunos sesgos, el simple hecho de percibir su existencia ya contribuye a disminuir su influencia39. Sin embargo, en relación con otros sesgos, esto no basta40.
De cualquier modo, una dificultad central cuando intentamos disminuir la influencia de los sesgos es que estos están arraigados en nuestra cognición y, por lo tanto, son intuiciones y generan sentimientos fuertes. En cambio, percibir que las creencias que resultan de sesgos son equivocadas no produce, al menos al principio, una sensación semejante. En este caso, es como si las conclusiones intelectuales todavía no estuvieran arraigadas en forma de sentimientos, intuiciones y heurísticas. Sin embargo, una razón por la que esto es así es que esas conclusiones son nuevas. Tal vez sea posible que, con la práctica, también lleguen a convertirse en una segunda naturaleza.
Esto va en la dirección de lo que decía sobre las virtudes41. Las virtudes se desarrollan a lo largo del tiempo, mediante la repetición habitual, hasta que se convierten en una segunda naturaleza. Normalmente esto se discute en términos de virtudes morales. Sin embargo, se aplica igualmente a las virtudes epistémicas, lo que incluye intentar disminuir la influencia de los sesgos. Así, la práctica constante parece esencial para lograr superar los sesgos (o, al menos, disminuir su influencia), ya sean sesgos morales o cognitivos.
Practica
Capa de estudio. Las respuestas se basan en el texto del capítulo.
¿Qué es la hipótesis del mundo justo?
¿Qué dice el capítulo sobre las virtudes epistémicas?
Para pensar
¿Qué imagen de la naturaleza aprendiste en la escuela y en la televisión? ¿Mostraba a las crías que no sobreviven?
Notas del autor 24
- 18 Magnus Vinding enumera diez sesgos que influyen en que las personas descuiden el sufrimiento de los animales salvajes. El presente capítulo es una ampliación a partir de lo que Vinding presenta en su texto. ↩
- 19 Sobre el sesgo del statu quo, ver (2012, cap. 27). ↩
- 20 Para estadísticas al respecto, ver (2019) ↩
- 21 Para estadísticas, ver National Museum of Natural History & Smithsonian Institution (2008) y Tomasik (2019). ↩
- 22 Sobre la heurística de disponibilidad, ver Kahneman (2012, cap. 12). Ver también https://en.wikipedia.org/ wiki/Availability_heuristic ↩
- 23 Sobre el descuido de la tasa base, ver Kahneman (2012, cap. 16). ↩
- 24 Ver también https://en.wikipedia.org/wiki/Survivorship_bias ↩
- 25 Para una discusión detallada sobre la depredación como cuestión ética, ver el capítulo 31 del Volumen VII de esta colección. ↩
- 26 Ver también https://en.wikipedia.org/wiki/Rosy_retrospection ↩
- 27 Sobre el sesgo de anclaje, ver Kahneman (2012, cap. 11). ↩
- 28 Ver Gaucher et al (2010). ↩
- 29 Ver también https://en.wikipedia.org/wiki/Just-world_hypothesis ↩
- 30 Ver también https://en.wikipedia.org/wiki/Omission_bias ↩
- 31 Para una discusión detallada sobre si hay o no relevancia moral en la distinción entre acto y omisión, y sobre cómo esto se relaciona con la cuestión de la moralidad de nuestras decisiones que afectan a los animales en la naturaleza que son víctimas de procesos naturales, ver el capítulo 21 del Volumen VII de esta colección. Para un tratamiento todavía más extenso, ver (2022, cap. 7). ↩
- 32 Sobre cómo el sesgo de omisión y el sesgo del perpetrador influyen en el descuido del sufrimiento de los animales salvajes (incluso por parte de los defensores de los animales), ver Tomasik (2013) y Davidow (2013). ↩
- 33 Para una discusión detallada sobre cuestiones relacionadas con la tratabilidad de la situación de los animales salvajes, ver los capítulos 23 a 28 del Volumen VII de esta colección. ↩
- 34 Esta objeción se discute en detalle en el capítulo 25 del Volumen VII de esta colección. ↩
- 35 Este tema se discute en detalle a lo largo de todo el Volumen IX de esta colección. ↩
- 36 Existe la creencia equivocada de que la propuesta de ayudar a los animales salvajes implica que todas las personas tengan que intervenir en la naturaleza para ayudar a los animales (y de que, por eso, es muy exigente). Sin embargo, no es eso lo que reivindica esa propuesta. Lo que reivindica es que haya programas especializados, llevados a cabo por profesionales de las áreas de las ciencias de la vida, que tengan como objetivo disminuir el sufrimiento y las muertes de los animales que viven en la naturaleza. Este tema se discute con más detalle en el apartado 21.7 del Volumen VII de esta colección. ↩
- 37 Sobre esto, ver Greig (2017). ↩
- 38 En este caso, se trata de una objeción normativa disfrazada de objeción estratégica. Para una discusión sobre este tipo de casos, ver el capítulo 8 del Volumen VIII de esta colección. ↩
- 39 Ver Caviola (2014). ↩
- 40 Ver Kahneman (2011). ↩
- 41 Ver Aristotle (2021 [ca. 330 BC]., libro II, cap. 1 a 4). ↩
Fuentes citadas en este texto 12
La lista completa del volumen está en las referencias del Volumen X.
- ARISTOTLE. Nicomachean ethics, New York: Standard Ebooks, 2021 [ca. 330 BC].
- CAVIOLA, L.; FAULMÜLLER, N.; EVERETT, J. A. C.; SAVULESCU, J.; KAHANE, G. The evaluability bias in charitable giving: Saving administration costs or saving lives? Judgment and Decision Making, v. 9, p. 303-315, 2014.
- CUNHA, L. C. Razões para ajudar: o sofrimento dos animais selvagens e suas implicações éticas. Curitiba: Appris, 2022.
- DAVIDOW, B. Why Most People Don't Care About Wild-Animal Suffering. Essays on Reducing Suffering, 11 nov. 2013.
- GAUCHER D; HAFER C.L.; KAY A.C.; DAVIDENKO N. Compensatory rationalizations and the resolution of everyday undeserved outcomes. Personality Social Psychology Bulletin, v.36, p. 109-18, 2010.
- GREIG, K. Effects of farmed animal advocacy messaging on attitudes towards policies and decisions affecting wild animal suffering. Animal Charity Evaluators, 05 abr. 2017.
- KAHNEMAN, D. Rápido e devagar: duas formas de pensar. Rio de Janeiro: Objetiva, 2012.
- KAHNEMAN, D. Thinking, fast and slow. New York: Farrar, Straus & Giroux, 2011.
- NATIONAL MUSEUM OF NATURAL HISTORY & SMITHSONIAN INSTITUTION. Numbers of insects (species and individuals). Encyclopedia Smithsonian, 2008.
- TOMASIK, B. How Many Animals are There? Essays on Reducing Suffering, 07 ago. 2019.
- TOMASIK, B. Intention-Based Moral Reactions Distort Intuitions about Wild Animals. Essays on Reducing Suffering, 04 set. 2013.
- VINDING, M. Ten Biases Against Prioritizing Wild-Animal Suffering. Magnus Vinding, 02 jul. 2020a.
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