Questão
de Ética

Volumen X · Los sesgos y su influencia · capítulo 4

Los sesgos cognitivos y su influencia en nuestras decisiones que afectan a los animales

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Muchos sesgos dificultan revisar las creencias y estrategias sobre los animales: el statu quo, la justificación del sistema, la licencia moral, la heurística del afecto, la mera exposición, el costo hundido, la superioridad ilusoria, el punto ciego, la verdad ilusoria y el sesgo de autoridad, entre otros.

Texto original Luciano Carlos Cunha · Volumen X, p. 47 de la edición en PDF · traducción al español

4.1. Sesgos que contribuyen a la resistencia a revisar creencias y estrategias

En este capítulo abordaremos que pueden llevar a las personas a resistirse a discutir nuevas cuestiones y a revisar sus creencias, ya sean creencias sobre hechos, sobre cuestiones éticas o sobre estrategias para alcanzar una meta.

Estos sesgos influyen no solo en las personas que nunca han tenido contacto con la causa animal, sino también en los propios activistas de la causa animal y en los autores del área de la ética animal.

4.2. Licencia moral (efecto de credencial moral)

La licencia moral (efecto de ) se produce cuando alguien que hace algo bueno se permite no ser tan bueno en el futuro.

Este sesgo puede estar en la base de la resistencia al veganismo que tienen las personas que se dedican a rescatar animales abandonados (e incluso de la resistencia al que tienen las personas en general, ya que las personas en general normalmente se consideran buenas personas).

Sin embargo, este sesgo también puede llevar a las personas veganas a creer que no necesitan preocuparse por otras cuestiones que afectan a los animales, como las diferencias entre la consideración por los animales y el ambientalismo, el sufrimiento de los animales salvajes y las cuestiones relacionadas con el futuro a largo plazo.

En resumen, el hecho de que alguien se considere una buena persona puede, paradójicamente, inclinarla a permitirse descuidar cuestiones éticas importantes.

4.3. Sesgos que inclinan a negarse a escuchar a los interlocutores

La resistencia a cambiar de creencias y de actitudes es algo extremadamente común. Por ejemplo, muchas personas se resisten fuertemente a aceptar que la explotación animal es injusta. Sin embargo, la resistencia a cambiar de creencias también afecta a los activistas de la causa animal. Por ejemplo, como se mencionó, hay varios activistas que se resisten a pensar en otras cuestiones más allá del veganismo, como la propuesta de prevenir el sufrimiento de los que deriva de los y la preocupación por el futuro a largo plazo. La resistencia es común incluso ante las sugerencias de cambio de estrategia.

En resumen, es común que haya resistencia a los argumentos que señalan que estamos haciendo algo mal. Innumerables veces esta resistencia surge incluso antes de escuchar los argumentos del interlocutor. A continuación, se presentan algunos sesgos que pueden estar en la base de la tendencia a rechazar una idea incluso antes de escuchar los argumentos que la fundamentan.

El sesgo de atribución hostil es la tendencia a interpretar que el comportamiento de los demás tiene intenciones hostiles, incluso cuando es ambiguo o benigno. Este sesgo puede inclinar a las personas a ver al interlocutor no como alguien que quiere que corrijamos un error, sino como alguien con una intención malvada oculta.

Por su parte, la devaluación reactiva se refiere a la tendencia a menospreciar las propuestas hechas por otros, especialmente si esos otros son vistos como antagonistas.

El efecto avestruz, a su vez, se produce cuando las personas evitan la información negativa, incluida aquella que podría ayudarlas a seguir mejor el progreso de sus metas.

En este apartado tratamos específicamente de los sesgos que pueden inducirnos a no querer escuchar argumentos contrarios. En los próximos apartados se abordarán sesgos que pueden inducirnos a resistirnos a abandonar nuestras creencias anteriores, incluso si hemos escuchado los argumentos contrarios y estamos de acuerdo con ellos.

4.4. Sesgos que inclinan a defender el modo en que ya son las cosas

Con frecuencia, una idea se rechaza no porque creamos que hay buenos argumentos en su contra, sino simplemente porque propone un cambio respecto del modo en que ya pensamos y/o actuamos. Los siguientes sesgos, por sí solos, inclinan a crear una resistencia a revisar nuestras creencias y actitudes (ya sea respecto de cuestiones éticas o de estrategias).

Sesgo del statu quo: es la tendencia a preferir que las cosas permanezcan como ya están, lo que se traduce en resistencia al cambio57.

Justificación del sistema: es la tendencia a defender y reforzar el , a veces incluso a costa del interés propio individual y colectivo.

Sesgo de conservadurismo: es la tendencia a no revisar las propias creencias lo suficiente cuando se presentan nuevas evidencias.

La perseverancia de la creencia es la tendencia a aferrarse a las creencias que ya tenemos incluso ante evidencias contrarias, lo que se traduce en una resistencia a cambiar de opinión.

Reflejo de Semmelweis: es la tendencia a rechazar nuevas evidencias que contradicen un paradigma.

Efecto de la opción por defecto: es la tendencia a favorecer la opción predeterminada cuando es posible elegir entre diversas opciones.

El sesgo de anclaje hace que confiemos fuertemente en la primera información que recibimos sobre un tema (el ancla). Interpretamos la información posterior a partir de esa ancla, en lugar de verla objetivamente. Esto puede distorsionar nuestro juicio e impedirnos actualizar nuestros planes o previsiones.

El sesgo de compromiso es la tendencia a seguir comprometidos con nuestros comportamientos pasados, especialmente con los que hemos mostrado en público, aunque no tengan resultados deseables.

La disonancia cognitiva es la incomodidad que surge cuando tenemos creencias en conflicto entre sí o actitudes en conflicto con nuestras creencias. Una manera de lidiar con esa disonancia es evaluar cuál de las creencias o actitudes debemos rechazar y luego actuar en consecuencia. Sin embargo, el conflicto generalmente se “resuelve” rechazando, desacreditando o evitando la información que deja en evidencia la incoherencia.

4.5. Heurística del afecto y apelación a las intuiciones

La heurística del afecto describe cómo, al tomar decisiones, con frecuencia confiamos en nuestras emociones e intuiciones en lugar de en información concreta58. Esto nos permite decidir de modo más rápido y fácil, pero puede distorsionar nuestro pensamiento y llevarnos a elecciones por debajo de lo ideal o incluso a malas elecciones, a veces muy malas, ya sea al elegir estrategias para alcanzar una meta o al evaluar cuestiones éticas.

La heurística del afecto puede inducirnos a defender el statu quo, pues nuestras intuiciones están moldeadas tanto por factores genéticos como ambientales. Por ejemplo, el hecho de haber creído en algo durante mucho tiempo, y de que el resto de las personas haga lo mismo, probablemente creará una fuerte intuición de que tenemos razón (la creencia de que el especismo es correcto es un buen ejemplo). Supongamos que después hacemos una reflexión ponderada y concluimos que nuestra creencia inicial era completamente injustificable. Muy probablemente, esa nueva conclusión no generará (al menos al principio) un sentimiento tan fuerte como el que generaba la intuición inicial.

Por esta razón es tan arriesgado apoyarnos en las intuiciones para pensar en cuestiones éticas, pues estas pueden ser solo nuestros prejuicios disfrazados de verdad evidente. De hecho, una de las principales razones por las que los sesgos ejercen tanta influencia sobre nosotros es el hecho mismo de que son bastante intuitivos y parecen correctos, aunque con frecuencia producen razonamientos totalmente equivocados.

Por supuesto, que una creencia sea intuitiva no implica que sea necesariamente errónea. Sin embargo, lejos de mostrar que es correcta, el hecho de que sea intuitiva es una razón para desconfiar de ella y someterla a escrutinio, pues es posible que creamos en ella no porque sea razonable, sino simplemente porque es intuitiva.

A continuación, veremos más sobre cómo nuestras creencias son moldeadas con frecuencia por la repetición y por la presión social.

4.6. Sesgos que influyen a través de la repetición y la presión social

Considere las siguientes creencias:

Estas son creencias que oímos repetidamente desde que nacemos. Además, predominan en la sociedad. Estos dos factores (repetición y presión social) pueden inclinarnos a resistirnos a cuestionar estas y muchas otras creencias. En los dos apartados siguientes se presentan algunos ejemplos de sesgos vinculados a estos dos factores.

4.6.1. Sesgos que influyen a través de la presión social

Las normas sociales son creencias colectivas sobre qué comportamientos son apropiados en una situación determinada. Es común que las personas deseen ser aceptadas por la sociedad o por grupos específicos, y esto las lleva a aceptar las normas sociales con frecuencia sin detenerse a evaluarlas críticamente. A continuación, se presenta una lista de factores relacionados con esta tendencia.

El efecto de arrastre es el hábito de adoptar ciertos comportamientos o creencias porque muchas otras personas hacen lo mismo59.

Sugestionabilidad: se refiere a qué tan susceptibles somos de cambiar nuestro comportamiento a partir de las sugerencias de los demás.

Ignorancia pluralista: se produce cuando creemos equivocadamente que nuestras opiniones son diferentes de las de la mayoría. Esto muchas veces nos lleva a suprimir nuestras propias creencias y comportamientos para que se ajusten a lo que consideramos la norma social. Por ejemplo, una persona puede estar en contra del , pero tener vergüenza de decirlo por creer que nadie más estará de acuerdo. Sin embargo, es posible que muchas otras personas también estén en contra del especismo y tengan vergüenza de decirlo por el mismo motivo.

4.6.2. Sesgos que influyen a través de la repetición

El efecto de mera exposición es la tendencia a desarrollar preferencias por ciertas cosas simplemente porque nos resultan familiares.

Un sesgo relacionado es la cascada de disponibilidad, que se produce cuando una creencia colectiva gana cada vez más aceptación gracias a su creciente repetición en el discurso público, independientemente de que sea o no una idea plausible.

Otro efecto relacionado es el efecto de verdad ilusoria. Es más probable que las personas identifiquen como verdaderas afirmaciones que han oído anteriormente (aunque no recuerden conscientemente haberlas oído), independientemente de la validez real de la afirmación60. En otras palabras, es más probable que una persona crea una afirmación familiar que una desconocida. Por eso, cuando oímos muchas veces una información falsa repetida, es común que pasemos a creer que es verdadera. Curiosamente, este efecto se produce incluso si sabemos inicialmente que la información es falsa.

4.7. Sesgos que inclinan a resistirse a cambiar de estrategia

Los siguientes sesgos pueden inclinar a los activistas a insistir en estrategias que ya utilizan desde hace mucho tiempo (aunque perciban que no son eficientes o que hay otras más eficientes) y a resistirse a probar nuevas estrategias.

Efecto de mera exposición: es la tendencia a desarrollar preferencias por ciertas cosas simplemente porque nos resultan familiares. Este sesgo puede hacer que no solo insistamos en las mismas estrategias, sino que también nos neguemos a probar nuevas estrategias y a abordar nuevas cuestiones.

Ley del instrumento: es la confianza excesiva en una herramienta o en métodos conocidos, que ignora o subestima los enfoques alternativos.

Fijación funcional: es la tendencia a no usar un objeto de maneras distintas de su uso tradicional, lo que perjudica la capacidad de innovar y de ser creativos en la resolución de desafíos.

Sesgo de continuación del plan: es no reconocer que el plan de acción original ya no es apropiado para la situación actual.

Efecto Einstellung: se produce cuando abordamos un problema de la manera que funcionó en el pasado, aunque ahora exista una solución mejor. Esto nos lleva a no considerar otras perspectivas u opciones.

Sesgo de apoyo a la elección: es la tendencia a recordar las propias elecciones pasadas como mejores de lo que realmente fueron.

Justificación del esfuerzo: es la tendencia a atribuir mayor valor a un resultado según cuánto nos hayamos esforzado para alcanzarlo, aunque el resultado no sea muy bueno.

Escalada del compromiso: ocurre cuando se intenta justificar el aumento de la inversión actual sobre la base de la inversión anterior acumulada, a pesar de que nuevas evidencias sugieren que la decisión probablemente fue errónea.

Falacia del costo hundido: es la tendencia a seguir adelante con una estrategia si ya hemos invertido en ella, independientemente de que los costos superen o no a los beneficios.

Efecto de ambigüedad: es la tendencia a evitar las opciones en las que se desconoce la probabilidad de un resultado favorable. Este efecto puede inclinarnos a sentir aversión a probar nuevas estrategias.

Racionalidad limitada: es la tendencia a buscar una decisión que sea suficientemente buena, en lugar de la mejor decisión posible.

4.8. Sesgos que nos inclinan a pensar que sabemos más de lo que sabemos

Los siguientes sesgos pueden inclinarnos a creer que sabemos mucho más de lo que realmente sabemos, y esto puede traducirse en una falta de interés por evaluar nuestros valores, metas y estrategias. En resumen, estos sesgos nos inclinan a creer que somos muy inteligentes, y esto nos induce a no pensar en la posibilidad de estar cometiendo errores. Con frecuencia, estos sesgos también inducen a las personas a pensar que el público con el que se comunican no es muy inteligente.

Sesgo egocéntrico: es la tendencia a confiar demasiado en la propia perspectiva y/o a tener una opinión de uno mismo más positiva de la que corresponde a la realidad.

Ilusión de validez: es la tendencia a tener un exceso de confianza en la precisión de los propios juicios61. Este sesgo produce con frecuencia el efecto de exceso de confianza, que se explica a continuación.

Efecto de exceso de confianza. Tendencia a tener una confianza excesiva en las propias respuestas a las preguntas. Por ejemplo, para ciertos tipos de preguntas, las respuestas que las personas califican como “100 % seguras” resultan ser erróneas el 20 % de las veces62.

Superioridad ilusoria: es la tendencia a sobrestimar las propias cualidades deseables y a subestimar las propias cualidades indeseables, en comparación con otras personas. También se conoce como “efecto mejor que el promedio” o “sesgo de superioridad”.

Realismo ingenuo: es la tendencia a creer que nuestra percepción del mundo lo refleja exactamente como es, sin sesgos y sin filtros63.

Sesgo del punto ciego: es la tendencia a verse a uno mismo como menos sesgado que las demás personas y a identificar más sesgos cognitivos en los demás que en uno mismo.

Cinismo ingenuo: es esperar más sesgos egocéntricos en los demás que en uno mismo.

Ilusión de objetividad: es la tendencia a creer que uno es más objetivo e imparcial que los demás. Incluso, las personas pueden ser capaces de percibir cuándo los demás están afectados por la ilusión de objetividad, pero normalmente son incapaces de percibirlo en sí mismas.

Ilusión de profundidad explicativa: se produce cuando pensamos que entendemos las cosas más de lo que realmente las entendemos. Muchas veces, solo cuando nos piden que expliquemos un concepto nos damos cuenta de lo limitada que es nuestra comprensión de él.

Todos estos sesgos están relacionados con el efecto Dunning-Kruger y con el ultracrepidarianismo, que se abordan en el próximo apartado.

4.9. La relación entre saber menos, tener más convicción y tener más influencia

El efecto Dunning-Kruger recibe este nombre en referencia a los investigadores que lo descubrieron. El efecto se produce cuando la falta de conocimiento y de habilidad de una persona en un área determinada hace que sobrestime su propia competencia. Este efecto también induce a las personas competentes en un área a pensar que la tarea es sencilla para todos, lo que las lleva a subestimar sus capacidades. En resumen, este efecto se refiere a la tendencia de los individuos no calificados a sobrestimar su propia capacidad y de los especialistas a subestimar la suya64.

Esta tendencia puede hacer que, cuanto menos sepa alguien sobre un tema, más piense que sabe mucho y más seguro esté de sus convicciones (incluso puede inclinarlo a pensar que sabe más que los especialistas, y hasta que los especialistas son ignorantes o estúpidos). Análogamente, esta tendencia hace que los especialistas, por conocer la complejidad del tema, piensen que saben muy poco y tengan más incertidumbre respecto de sus convicciones sobre el asunto.

Un sesgo similar es el ultracrepidarianismo, que es la tendencia a hacer afirmaciones conultracrepidarianismo, que es la tendencia a hacer afirmaciones con
seguridad sobre temas de los que no se sabe mucho. Esto ocurre con frecuencia a causa
de la tendencia de alguien a pensar que, porque sabe bastante sobre algún tema, entonces
sabe bastante sobre otros

Sin embargo, también existen críticas a la metodología y a las conclusiones de los estudios realizados por Dunning y Kruger65. Según esas críticas, los estudios de Dunning y Kruger muestran que las personas tienen una tendencia a considerarse más competentes que el promedio, pero no muestran que las personas que saben poco piensen necesariamente que saben mucho y viceversa, ni que esa tendencia sea intrínseca a la manera en que funciona el cerebro humano.

No obstante, aunque esa crítica sea correcta y no exista esa tendencia en términos generales, sin duda hay personas que saben poco sobre un tema pero piensan que saben mucho. Como la ignorancia generalmente produce una sensación de certeza (precisamente porque no se conocen las complejidades del tema en cuestión), por lo general, cuanto más ignora una persona las complejidades de un tema, con más certeza y convicción habla sobre él. Sin embargo, cuanto mayor es la convicción con que se presenta una idea, mayor es la tendencia del público a creerla, aunque no sea lógica66. Por eso, las personas que saben menos terminan teniendo una ventaja en términos de influencia.

El filósofo Bertrand Russell expresó esta idea en el ensayo El triunfo de la estupidez (The Triumph of Stupidity67:

“La causa fundamental del problema es que, en el mundo moderno, los estúpidos están llenos de certezas, mientras que los inteligentes están llenos de dudas. Incluso aquellos, entre los inteligentes, que están más convencidos de algo se llenan de vacilación cuando se trata de actuar. Los estúpidos, en cambio, como no tienen dudas, se ven poseídos por un celo misionero. Por eso, las voces de las personas inteligentes se pierden

en el clamor de los ignorantes, y las causas que merecerían apoyo terminan quedándose sin defensores”.

Es decir, la vacilación de los inteligentes (porque reconocen la complejidad de las cuestiones) abre espacio para que los ignorantes, que no tienen dudas, dominen el discurso público.

4.10. Sesgos que inclinan a un juicio sesgado

Los siguientes sesgos, que inducen a un juicio sesgado, pueden estar presentes cuando evaluamos los argumentos sobre determinada cuestión ética y también cuando evaluamos las diversas estrategias posibles para alcanzar una meta.

El razonamiento motivado consiste en evaluar la información y los argumentos con el fin de llegar a la conclusión que preferimos. Produce un sesgo de confirmación, que consiste en fijarse solo en lo que confirma nuestras creencias e hipótesis, descuidando la información y los argumentos que contradicen lo que ya queremos creer68. En otras palabras, nos induce a percibir, a centrarnos en y a dar mayor credibilidad a las evidencias y los argumentos que confirman nuestras creencias previas. Al mismo tiempo, nos induce a no percibir, a no dar tanto peso o incluso a descartar sin analizar los argumentos y las evidencias que sugieren que podemos estar equivocados.

Estos sesgos pueden llevar a las personas, por ejemplo, a negar que los animales sufran terriblemente en la explotación animal o en la naturaleza a causa de los procesos naturales, a negar que el veganismo tenga un impacto práctico, a negar la posibilidad de ayudar a los animales en la naturaleza, o a afirmar que cualquier intento de ayudar solo empeoraría las cosas, sin investigar si esas afirmaciones son realmente plausibles.

Un sesgo relacionado y similar es el sesgo del observador/experimentador (o sesgo de expectativa), que es la tendencia a fijarnos en los datos que confirman nuestras expectativas y a descartar los datos que entran en conflicto con ellas.

Relacionada con todo esto está la heurística de elegir la mejor, que es un atajo que utilizamos al elegir entre alternativas con el objetivo de tomar decisiones rápidamente sin necesidad de

conocer toda la información sobre cada alternativa. Cuando empleamos esta heurística, en lugar de considerar todas las razones por las que podríamos elegir una alternativa en vez de otra, elegimos una sola razón y basamos nuestra decisión exclusivamente en ella.

Un ejemplo clásico es la tendencia a pensar que señalar un único efecto negativo de un curso de acción con el que inicialmente no simpatizamos basta para mostrar que no debemos adoptarlo. Esta actitud es sesgada, ya que no computa los posibles efectos positivos de ese curso de acción, ni evalúa si las otras opciones disponibles no son todavía peores. Por ejemplo, aunque el curso de acción en cuestión tuviera solo efectos negativos, aún es posible que fuera el curso de acción menos negativo en comparación con las otras opciones disponibles.

Análogamente, otro ejemplo es la tendencia a pensar que señalar un único efecto positivo de un curso de acción con el que inicialmente simpatizamos basta para mostrar que debemos adoptarlo. De nuevo, esto es sesgado, ya que no computa los posibles efectos negativos de ese curso de acción, ni evalúa si las otras opciones disponibles no son todavía mejores. Por ejemplo, aunque la opción con la que inicialmente simpatizamos tuviera solo efectos positivos, aún es posible que haya otras opciones mejores disponibles.

Estos sesgos también están relacionados con la heurística del afecto69. Esta heurística es un atajo mental mediante el cual elegimos las opciones según nos despierten sentimientos positivos o negativos, en lugar de intentar estimar sus probables efectos positivos y negativos reales. Muchas veces, incluso cuando percibimos que estamos haciendo esto, en lugar de sospechar de la intuición inicial, tendemos a racionalizarla y a seleccionar arbitrariamente la información y los argumentos (y a veces incluso a distorsionarlos) para que confirmen el juicio inicial.

4.11. Sesgos que conducen a aceptar argumentos malos

Los siguientes sesgos desempeñan un papel fundamental en la aceptación de argumentos malos.

Sesgo de creencia: es un efecto por el cual la evaluación que alguien hace de la fuerza lógica de un argumento está sesgada por el hecho de que cree en la conclusión. Este sesgo puede inducirnos a aceptar y replicar los argumentos cuyas conclusiones aceptamos (aunque los argumentos sean malos) y a descartar los argumentos que desafían nuestras creencias (aunque los argumentos sean buenos). Esto se relaciona también con el sesgo de conservadurismo en la revisión de creencias, que vimos en el apartado 4.4.

Efecto de verdad ilusoria: es la tendencia a creer que una afirmación es verdadera si es más fácil de procesar, o si se ha afirmado muchas veces, independientemente de su veracidad real.

Heurística de fluidez: cuanto más hábil o elegantemente se comunica una idea, mayor es la probabilidad de que se la tome en serio, sea plausible o no.

Efecto de la rima como razón: las afirmaciones que riman se perciben como más verdaderas.

Sesgo de autoridad: es la tendencia a confiar en la opinión de alguien a quien vemos como una autoridad en el tema y a dejarnos influir por esa opinión, independientemente de que sea o no plausible. Este efecto se produce independientemente de que la persona sea realmente una autoridad en el tema o no (basta con que la consideremos una autoridad).

4.12. Efecto de influencia continua

El efecto de influencia continua se produce cuando una creencia equivocada sigue influyendo en la memoria y en el razonamiento a pesar de que ya ha sido corregida y estamos de acuerdo con la corrección. Un sesgo relacionado es el efecto de desinformación, en el que el recuerdo original se ve afectado por información incorrecta recibida posteriormente.

En el activismo animal, dos tipos de actitudes que parecen ser ejemplos de estos sesgos son los siguientes:

(1) No es raro que activistas de la causa animal mencionen que cada año se matan en el mundo 80 mil millones de animales para consumo. Cuando se les informa que esa es solo la cifra de mamíferos y aves muertos, y que esto representa como máximo el 0,2 % de los animales que se matan para consumo (la inmensa mayoría son animales acuáticos, invertebrados y vertebrados, e invertebrados terrestres), su reacción suele ser estar de acuerdo en que es esencial corregir la estadística que mencionaban. Sin embargo, normalmente su actitud posterior es seguir mencionando que cada año se matan 80 mil millones de animales para consumo.

(2) No es raro que activistas de la causa animal piensen que el valora en sí el bien de los animales y que busca preservar el medio ambiente como recurso para los animales. Cuando se les explica que ocurre exactamente lo contrario —es decir, que el ambientalismo valora en sí entidades no como los ecosistemas y las especies, y normalmente ve a los animales solo como meros recursos para el mantenimiento de esas entidades—, varios activistas reconocen que estaban equivocados y que es importante explicarlo al público. Sin embargo, después de eso, normalmente siguen enfatizando que la meta final del ambientalismo es el bien de los animales, y apoyando medidas ambientalistas muy perjudiciales para los animales.

4.13. Sesgos que inducen a una resistencia a la argumentación seria

4.13.1. La relación entre sesgos e intuiciones

En su clásico sobre los sesgos, (2012, cap. 1) distingue dos modos de pensamiento, que llama Sistema 1 y Sistema 2. El Sistema 1 opera de modo automático y rápido, con poco o ningún esfuerzo y sin ninguna sensación de control voluntario. El Sistema 2, en cambio, asigna atención a las actividades mentales laboriosas que la requieren, incluidos los cálculos complejos, tarda más en realizar las operaciones e invierte más energía.

Los sesgos surgen principalmente del modo en que opera el Sistema 1, pues surgen de respuestas automáticas irreflexivas. Sin embargo, el Sistema 1 genera impresiones y sensaciones que son las principales fuentes de las creencias explícitas y las elecciones deliberadas del Sistema 2 (por eso, los sesgos pueden “esconderse” en la base de las creencias y elecciones del Sistema 2). El autor subraya, no obstante, que, a pesar de ello, hay circunstancias en las que el Sistema 2 logra dominar los impulsos y las asociaciones del Sistema 1, y en esas circunstancias el agente logra modificar sus creencias y decisiones a partir de las deliberaciones realizadas por el Sistema 2.

En psicología, los sesgos suelen discutirse en términos de cómo conducen a errores sistemáticos de razonamiento relativos a descripciones de hechos, a cálculos y al razonamiento instrumental (es decir, a la elección de los medios para alcanzar determinada meta). Sin embargo, la influencia que ejerce el Sistema 1 también conduce a sesgos cuando pensamos en cuestiones éticas. A continuación, veremos algo al respecto.

Cuando pensamos en cuestiones éticas, tendemos a tener reacciones automáticas. Ante cualquier cuestión ética, automáticamente tendemos a pensar: “¡esto debería estar prohibido!”; “¡esto debería ser opcional!”; “¡esto debería ser obligatorio!”; “esto es loable, pero no debería ser obligatorio”, y así sucesivamente. La mayoría de las veces, estas respuestas automáticas vienen acompañadas de fuertes reacciones emocionales. Esto no significa que los juicios que derivan de las respuestas automáticas sean necesariamente equivocados. Sin embargo, significa que no podemos deducir que sean necesariamente correctos. Por ejemplo, varios de esos juicios intuitivos pueden ser simplemente una expresión de los prejuicios que tenemos. Solo sabremos si ese es o no el caso si examinamos críticamente esos juicios (algo que requiere que opere el Sistema 2). Sin embargo, cuanto más fuertes sean los sentimientos asociados a esos juicios automáticos, más difícil le resultará a alguien aceptar la posibilidad de que su juicio inicial pueda estar equivocado (y, por lo tanto, mayor será su aversión a poner a prueba esos juicios).

Por eso tenemos razones para mirar con desconfianza la idea, bastante predominante, de que, para descubrir cuál es la actitud correcta ante las cuestiones éticas, debemos seguir nuestras intuiciones y sentimientos. Hasta hace poco tiempo, las intuiciones y los sentimientos de la mayoría de las personas iban en la dirección de aprobar la esclavitud humana. Es posible que actualmente nuestras intuiciones y sentimientos nos estén inclinando a hacer toda una serie de cosas que, si reflexionáramos seriamente sobre ellas, consideraríamos injustificables. Y, de nuevo, el hecho mismo de que esos juicios sean intuitivos y generen sentimientos fuertes es uno de los principales factores que nos inclinan a no cuestionarlos y a verlos como evidentes por sí mismos. Por eso, que un juicio sea intuitivo, lejos de justificarlo, es una razón para desconfiar de él.

Si las personas sienten aversión a la posibilidad de estar equivocadas en sus juicios morales (por tener sentimientos fuertes respecto de estas cuestiones), es posible que esto las incline no solo a evitar poner a prueba esos juicios, sino también a afirmar que la reflexión racional en ética es inútil (no porque ellas mismas lo crean, sino porque saben que esa reflexión puede revelar que sus juicios están equivocados). O también puede ocurrir que realmente crean que la reflexión racional en ética es inútil simplemente por su ignorancia de la complejidad de estas cuestiones. Por ejemplo, pueden afirmar algo como “eso de reflexionar sobre lo que está bien o mal es para quien no nació sabiendo lo que está bien y mal”. Paradójicamente, es su propia ignorancia del debate argumentativo en torno a las diferentes cuestiones éticas y de su respectiva complejidad lo que hace que estén tan seguras de tener razón en sus juicios morales. En resumen, paradójicamente, el hecho de que la propia persona se considere muy inteligente y/o moralmente muy íntegra es uno de los principales factores que le impiden corregir sus fallas cognitivas y/o morales. Esta tendencia explica en gran parte el alto grado de descuido (e incluso de rechazo) de la argumentación en ética por parte de los activistas (de la causa animal y de otras).

Cuando discuten cuestiones éticas, las personas tienden o bien a simplemente repetir lo que ya afirmaban antes (sin intentar ofrecer ningún argumento para fundamentar su posición), o bien a racionalizar sus creencias iniciales (es decir, intentan a toda costa presentar algún argumento para mostrar que su creencia inicial es correcta, sin poner a prueba esos juicios iniciales). El resultado es que su discusión sobre cuestiones éticas particulares se hace generalmente de una manera que refleja los prejuicios que tienen.

Los especialistas en ética no están exentos de este tipo de actitud. De hecho, esta actitud abunda entre los especialistas. Para confirmarlo, basta constatar la cantidad de trabajos de filosofía moral en los que el autor intenta construir una argumentación que tiene como objetivo justificar la creencia inicial que ya tenía sobre determinada cuestión. Es menos perceptible que los especialistas en ética también tienen el sesgo de intentar confirmar lo que ya pensaban antes porque, a diferencia del público no especialista en estas cuestiones, tienen una mayor habilidad para utilizar las palabras de modo que oculten sus actitudes sesgadas. Por supuesto, puede ser que, tras una reflexión cuidadosa e imparcial, alguien llegue a la conclusión de que sus creencias iniciales sobre determinado tema eran plausibles. Sin embargo, eso es diferente de comenzar el razonamiento con el objetivo de racionalizar la creencia inicial sin ponerla a prueba. La actitud más básica en términos de honestidad intelectual es estar preparado para cambiar las propias creencias iniciales si la reflexión muestra que eran equivocadas. Eso no ocurre cuando alguien ya “sale a la cancha” con el objetivo de probar a toda costa sus creencias iniciales.

Otro de los factores que inclinan a las personas a confiar en sus juicios intuitivos en cuestiones éticas es que el trabajo del Sistema 2 implica un gasto de energía considerablemente mayor70. Esto se expresa en el lenguaje popular como “¡pensar cuesta!”. Simplemente es más cómodo no poner a prueba nuestros juicios. Además, evitar la evaluación crítica es también una manera de evitar la disonancia cognitiva (es decir, la sensación incómoda que tenemos cuando percibimos que tenemos creencias en conflicto entre sí o actitudes en conflicto con nuestras creencias, o cuando percibimos que estamos equivocados).

Sin embargo, como vimos, la reflexión crítica (que es una operación del Sistema 2) tiene el potencial de corregir los impulsos del Sistema 1. Esto muchas veces es difícil. Requiere un esfuerzo considerable y una práctica constante. Requiere también la humildad necesaria para aceptar la posibilidad de estar equivocados en nuestras creencias, actitudes y comportamientos. Por esta razón, cuanto más inteligente o moralmente correcta se considera una persona, más difícil le resulta corregir sus fallas, ya sean cognitivas o morales.

La percepción de que pensar críticamente sobre cuestiones éticas puede mostrar que estamos equivocados, mucho más que el considerable gasto de energía que implica la actividad de deliberación, contribuye a alejar a las personas de la reflexión sobre ética. Es decir, la mayor virtud de la reflexión crítica (poder corregir nuestros errores) es también lo que más aleja a las personas de ella. Sin embargo, eso no es un defecto de la reflexión crítica. El defecto es de las propias personas: detestan saber que pueden estar equivocadas, y esto ocurre porque tienen una imagen excesivamente positiva de sí mismas.

Cuando la aversión que siente la persona ante la posibilidad de estar equivocada es muy grande, esto puede llevarla no solo a no querer reflexionar sobre cuestiones éticas, sino a querer enfatizar que esa reflexión es una pérdida de tiempo. En casos extremos (que no por eso son poco comunes), puede llegar a intentar impedir que otras personas pongan la discusión sobre la mesa (pues no quiere ni saber ella misma que es posible que esté equivocada, y mucho menos que los demás lo sepan). La reacción colérica que muchas personas tienen contra el veganismo, y también la reacción colérica que muchos veganos tienen contra la propuesta de reducir el sufrimiento de los animales salvajes, en buena parte de los casos es simplemente eso: un reflejo de que les incomoda la posibilidad de estar equivocados..

Vimos arriba que tres de los principales factores que inclinan a las personas a no examinar sus posiciones en ética son: (1) la aversión a la posibilidad de estar equivocado; (2) no vislumbrar la complejidad de las cuestiones y (3) la aversión a las actividades que requieren esfuerzo. Sin embargo, estos mismos factores también inclinan a las personas a no examinar sus creencias descriptivas. Si es así, ¿por qué el descuido a la hora de poner a prueba las creencias morales es generalmente mayor que el descuido a la hora de poner a prueba las creencias descriptivas? A continuación, exploraremos esta cuestión.

En primer lugar, podría señalarse que, en el caso de las creencias descriptivas, percibimos que en muchos casos, si nos negamos a ponerlas a prueba, corremos el riesgo de vernos perjudicados por ellas. Por ejemplo, si alguien cree que no hay pirañas en un lago, es prudente poner a prueba esa creencia antes de entrar al agua. En cambio, en el caso de las creencias morales, casi siempre son los demás quienes resultan perjudicados porque nos negamos a examinarlas.

Además, la mayoría de las creencias morales (aunque no todas, como veremos a continuación) generan sentimientos más fuertes que la mayoría de las creencias descriptivas. Esto se debe a que las creencias morales tienen que ver con el modo en que nos evaluamos a nosotros mismos como personas (por ejemplo, como personas que hacen lo correcto, que tienen buen carácter; en fin, como buenas personas). Cuanto más fuerte es el sentimiento asociado a la idea de que una creencia es correcta, más difícil es pensar en la posibilidad de que sea errónea. Por ejemplo, es más fácil que alguien corrija su creencia inicial de que el Polo Norte es más frío que el Polo Sur (en realidad, es al revés) que corregir su creencia inicial de que cierto comportamiento que ha practicado durante toda la vida es incorrecto, aunque también haya creído durante toda la vida que el Polo Norte es más frío que el Polo Sur.

Por supuesto, algunas creencias descriptivas también generan fuertes sentimientos de aversión a pensar en la posibilidad de que estén equivocadas (un ejemplo es la creencia de que el mundo es justo y de que no está lleno de sufrimiento). Estos ejemplos (y los del párrafo anterior) sugieren que el principal factor que influye en cuánta aversión tendrá alguien a poner a prueba su creencia inicial no tiene tanto que ver con que la creencia sea moral o descriptiva, ni con el tiempo que alguien lleva creyéndola, sino con lo importante que es esa creencia para su visión del mundo. Por ejemplo, saber cuál de los polos de la Tierra es más frío no desempeña un papel central en la visión del mundo de la mayoría de las personas; en cambio, la idea de que la naturaleza es un lugar paradisíaco, sí. Lo mismo ocurre con los cambios de comportamiento. Por ejemplo, si alguien tiene que cambiar el lado de la acera en el que deja su basura, eso no genera tanta resistencia como tener que cambiar lo que come (pues en el caso de la comida hay muchos más factores ligados al placer y a vínculos emocionales).

4.13.2. Efecto del falso consenso, racionalización y aversión a discutir argumentos

Con frecuencia, activistas de la causa animal afirman que es una pérdida de tiempo presentar los argumentos a favor de la de los seres sintientes, discutir el especismo, hablar de ética o incluso discutir y analizar seriamente cualquier cuestión. Según estas personas, sería una pérdida de tiempo “porque nadie quiere leer ni evaluar nada en serio”.

Sin embargo, esta afirmación puede estar fuertemente influida por el efecto del falso consenso, que se produce cuando sobrestimamos en qué medida los demás comparten nuestras creencias, valores y comportamientos. Induce a las personas a proyectar en los demás sus actitudes e ideas personales. Así, este sesgo puede inducir a los activistas a pensar que, como a ellos mismos no les interesa leer ni discutir seriamente estas cuestiones, a nadie le interesará.

Sin embargo, esta actitud no es necesariamente resultado del efecto del falso consenso. Por ejemplo, según el caso, puede ser que la afirmación de que al público no le interesarán estas cuestiones no sea el motivo real por el que alguien quiere convencernos de no discutirlas. Puede ser que a la propia persona no le interesen estas cuestiones, pero que crea que a otras personas sí les interesarían. Sin embargo, tal vez esté diciendo que a las otras personas no les interesarían como un intento de convencernos de no discutir estas cuestiones (porque ella misma no quiere que se discutan, aunque diga que es porque a las otras personas no les interesaría el tema). Cuando es así, no estamos ante el efecto del falso consenso, sino ante una racionalización (afirmar que el motivo de un comportamiento es uno cuando en realidad es otro), y estamos también ante una objeción normativa disfrazada de objeción estratégica71.

4.14. Conclusiones

Enumeramos algunos sesgos que pueden llevarnos a resistirnos a pensar en nuevas cuestiones y a revisar nuestras posiciones, ya sea sobre cuestiones éticas, descriptivas o sobre estrategias para alcanzar nuestras metas. Vimos cómo estos sesgos influyen, en especial, en nuestras decisiones que afectan a los animales no humanos.

Aquí nos limitamos a enumerar una serie de sesgos sin un análisis más detallado de la magnitud de la influencia que ejerce cada uno. Además, también quedaron fuera muchos sesgos. Y, obviamente, mucho de lo que se dijo en este texto tendrá que corregirse, y será necesario añadir desarrollos posteriores. Por ejemplo, podría investigarse si algunos de los sesgos citados no son tendencias inevitables del modo en que opera el cerebro humano, lo que permitiría evaluar en cuáles de ellos es más fácil intentar disminuir la influencia. Sin embargo, la intención aquí es solo dar un punto de partida a una discusión sobre la influencia de los sesgos en las decisiones que afectan a los animales, una discusión que rara vez se hace y que es necesario hacer si nuestra meta es ser eficientes en hacer del mundo un lugar menos malo.

Texto de Luciano Carlos CunhaColección Un recorrido por la ética animal, Volume X
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Capa de estudio. Las respuestas se basan en el texto del capítulo.

¿Qué es el sesgo del punto ciego?

¿Qué es el efecto de verdad ilusoria?

Para pensar

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Notas del autor 15
  1. 57 Ver también https://en.wikipedia.org/wiki/Status_quo_bias ↩
  2. 58 Sobre la heurística del afecto, ver Kahneman (2012, cap. 13). ↩
  3. 59 Ver también https://en.wikipedia.org/wiki/Bandwagon_effect ↩
  4. 60 Sobre esto, ver https://en.wikipedia.org/wiki/Illusory_truth_effect ↩
  5. 61 Sobre la ilusión de validez, ver Kahneman (2012, cap. 20). Ver también https://en.wikipedia.org/wiki/Illusion _of_validity. ↩
  6. 62 Sobre esto, ver Lichtenstein (1980). ↩
  7. 63 Ver también https://en.wikipedia.org/wiki/Na%C3%AFve_realism_(psychology) ↩
  8. 64 Ver también https://en.wikipedia.org/wiki/Dunning%E2%80%93Kruger_effect ↩
  9. 65 Para estas críticas, ver Gaze (2023) ↩
  10. 66 Para leer sobre esto, ver la sección “efectos sistémicos” de Pilat; Sekoul (2025 [2021]).. ↩
  11. 67 En el original: “The fundamental cause of the trouble is that in the modern world the stupid are cocksure while the intelligent are full of doubt. Even those among the intelligent who are most sure of something are full of hesitation when it comes to action. Whereas the stupid, having no doubts, are full of a missionary zeal. Because of this, the voices of intelligent people are lost in the clamour of the ignorant, and the causes that deserve support are left without advocates". El ensayo de Russell se publicó originalmente en el New York American del 10 de mayo de 1933, y se volvió a publicar en Rusell (1998 [1931-1935], p. 27). ↩
  12. 68 Ver también https://en.wikipedia.org/wiki/Confirmation_bias ↩
  13. 69 Sobre la heurística del afecto, ver Kahneman (2012, cap. 13). ↩
  14. 70 Sobre esto, ver Kahneman (2012, cap. 1). ↩
  15. 71 Esta cuestión se discute en detalle en el capítulo 8 del Volumen VIII de esta colección. ↩
Fuentes citadas en este texto 4

La lista completa del volumen está en las referencias del Volumen X.

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