Volumen III · Los animales y el daño de la muerte · capítulo 5
¿Cómo evaluar cuán perjudicado resulta alguien por la muerte?
Antes de leer capa de estudio, no forma parte del texto original
El tamaño del daño de la muerte depende de cuánto tiempo de vida pierde el individuo y de la calidad de ese tiempo, lo que puede expresarse en AVAC; también hay razones para tomar en cuenta lo que ya vivió.
Cuanto antes muere alguien y cuanto mejor sería la vida que iba a tener, mayor es la pérdida. Un pollito que muere con pocas semanas, cuando podría vivir años, pierde casi toda su vida.
Quien pierde un año de vacaciones pierde más que quien pierde un fin de semana. Y perder un año de vacaciones en una playa hermosa es perder más que perder un año lluvioso. El tiempo y la calidad cuentan juntos.
- P1 La muerte daña por lo positivo que impide.
- P2 Cuanto mayor es el valor del que alguien se ve privado, mayor es el daño.
- P3 Ese valor depende del tiempo de vida perdido y de su calidad, medidos en AVAC.
- C Por lo tanto, la magnitud del daño de la muerte puede estimarse por los AVAC perdidos, también en el caso de los animales.
El argumento central del capítulo en forma lógica. Si las premisas son verdaderas, la conclusión se sigue. Para discrepar, tienes que mostrar qué premisa es falsa.
Dicen “Un pollo vive poco de todos modos, así que matarlo es un daño pequeño.”
Respuesta Los pollos de engorde son sacrificados alrededor de las seis semanas, cuando podrían vivir años. Según los AVAC, pierden casi toda su vida posible.
Más objeciones y respuestas en Desmontando objeciones.
Texto original Luciano Carlos Cunha · Volumen III, p. 18 de la edición en PDF · traducción al español
5.1. La magnitud del daño de la muerte: aspectos futuros y pasados
En el capítulo 2 discutimos cuáles son las condiciones para que la muerte sea un daño. Ahora discutiremos una cuestión distinta, aunque relacionada: ¿cómo evaluar cuán perjudicado resultaría alguien si muriera?
Empecemos con un ejemplo. Imagine que alguien acaba de nacer y tiene por delante dos futuros posibles: o vive 10 años, o vive 80 años. Imagine que ambas vidas serían muy positivas. Parece peor morir a los 10 años que morir a los 80. Hay como mínimo dos maneras de explicar por qué. A continuación se presentan ambas.
5.1.1. Explicación centrada en el futuro
Si morimos a los 10 años, la cantidad de cosas positivas que todavía nos quedarían por experimentar y que no van a ocurrir es mayor que si morimos a los 80. Si la muerte es un daño porque impide disfrutar de lo que es positivo, entonces, cuanto más disfrute se impide, mayor es el .
5.1.2. Explicación centrada en el pasado
Si morimos a los 10 años, hemos disfrutado menos hasta ahora. Según esta explicación, la evaluación de la magnitud del daño de la muerte se guiaría por el principio “cuanto menos ha disfrutado alguien, más perjudicado resulta si se le impide disfrutar más”.
5.1.3. Cuándo convergen y cuándo divergen las explicaciones
Ambas explicaciones convergerán cuando quien ha disfrutado menos tendría también más por disfrutar en adelante. Si se compara a un niño de 10 años con un anciano de 80, el niño parece resultar más perjudicado si muere, tanto porque le quedaría más por vivir como porque ha vivido menos. Sin embargo, si el niño ha vivido hasta ahora 10 años pero solo le quedarían otros 10 por delante, y el anciano tiene ahora 70 pero aún podría vivir otros 15, la apelación al futuro diría que el anciano resulta más perjudicado si muere; la apelación al pasado, en cambio, diría que es el niño.
¿Cómo establecer la relación adecuada entre los factores futuros y los pasados para medir la magnitud del daño de la muerte? Volveremos a esta cuestión en el apartado 5.4. Antes, sin embargo, discutiremos con más detalle cómo computar la magnitud del daño de la muerte por separado en cada uno de los factores (futuros y pasados).
5.2. Factores en la evaluación de la magnitud del daño de la muerte: tiempo y calidad de vida
Para simplificar, en el apartado anterior nos basamos solo en el tiempo: cuánto le quedaría a alguien por vivir y cuánto ha vivido hasta el momento. Sin embargo, el tiempo de vida (pasado, futuro o ambos) no parece ser todo lo que importa para evaluar la gravedad del daño de la muerte. La calidad de vida también importa. Esto puede ilustrarse con el siguiente ejemplo.
5.2.1. Añadir el factor de la calidad de vida con respecto al futuro
Supongamos que A y B han vivido hasta ahora la misma cantidad de tiempo, y que A tendría 20 años por delante y B tendría 5. Si se tiene en cuenta solo el tiempo futuro, A pierde más si muere ahora (20 años). Sin embargo, imagine que, de esos 20 años, 16 transcurrirían en un tormento extremo. Así, en lo que respecta al tiempo de vida con una calidad mínima, A tiene solo 4 años por delante. Supongamos que los 5 años restantes de B serían todos de calidad satisfactoria. Así, si añadimos el factor de la calidad de la vida futura, es B quien tendría más disfrute por delante, y no A.
5.2.2. Añadir el factor de la calidad de vida con respecto al pasado
Lo mismo vale para el pasado. Imagine que C y D tendrían por delante 30 años igualmente satisfactorios. Imagine también que C ha vivido hasta ahora 50 años y que D ha vivido 30. A primera vista, parece que D resulta más perjudicado si muere, pues ha vivido menos. Pero supongamos que los 30 años que vivió D fueron satisfactorios y que C pasó 25 de sus 50 años en un sufrimiento constante. Así, si se tiene en cuenta la calidad de la vida pasada, es C quien ha disfrutado menos (25 años, frente a los 30 años de D).
Desde luego, en la vida real los años de vida (sean futuros o pasados) no son totalmente buenos ni totalmente malos. En la vida real, cada año tiene momentos buenos y momentos malos (y la intensidad de los momentos buenos y malos también varía). A continuación veremos una forma de medir esto con más precisión.
5.2.3. La medición basada en los años de vida ajustados por calidad (AVAC)
Una forma de evaluar la magnitud del daño de la muerte es medirla en (años de vida ajustados por calidad), lo que implica multiplicar el tiempo por la calidad de vida22. Este tipo de evaluación puede aplicarse tanto a los factores futuros como a los factores pasados23. Al multiplicar el tiempo por la calidad de vida, se dice entonces que alguien ya ha disfrutado de una cantidad “x” de AVAC y que tendría por delante una cantidad “x” de AVAC por disfrutar. Cuantos menos AVAC pasados haya disfrutado ya alguien, más perjudicado resulta si muere; cuantos más AVAC futuros tendría por disfrutar, más perjudicado resulta si muere24.
5.3. Por qué tener en cuenta también los factores pasados
Si la muerte es un daño debido a lo positivo que impide experimentar, entonces, cuanto mayor es el valor del que alguien se vería privado por la muerte, mayor es la magnitud del daño de la muerte. Podría pensarse que esto implicaría tener en cuenta solo los AVAC futuros a la hora de evaluar la magnitud del daño de la muerte. Sin embargo, podría sostenerse que los factores pasados también influyen en el tamaño de la pérdida futura. Por ejemplo, podría decirse que, cuantos menos AVAC ha disfrutado alguien hasta ahora, más valiosos son para él los AVAC que todavía le quedan.
Una manera de explicar la importancia de considerar los AVAC pasados es imaginar los momentos de disfrute en la vida como un pastel. Imaginemos que A recibió 20 porciones de pastel y que B recibió 100. Supongamos que A se ha comido hasta ahora 10 porciones (porque empezó a comer más tarde) y que B ya se ha comido 80 (porque empezó a comer antes). Imaginemos ahora que ambos pierden las porciones que les quedan. ¿Quién resultó más perjudicado? Parece que A, pues solo ha consumido 10 porciones hasta el momento, aunque todo lo que le quedara fueran solo 10 porciones.
El individuo B, por su parte, parece haber resultado menos perjudicado, ya que ya ha comido mucho más, aunque todavía le quedaran 20 porciones por consumir.
5.4. Establecer la relación entre los factores futuros y los pasados
¿Cómo establecer la relación entre los factores futuros y los pasados con miras a medir la magnitud del daño de la muerte? Hay muchas formas posibles de establecer esa relación. Un ejemplo es la siguiente fórmula25: g(T) – g(P), donde T es el bienestar total de la vida del individuo si viviera el máximo de su esperanza de vida, P es el bienestar que el individuo ha vivido hasta el momento y g es una función estrictamente creciente y estrictamente cóncava. Es estrictamente creciente porque, cuanto más bienestar ha tenido un individuo hasta el momento, mayor es el valor del bienestar total, y es cóncava para representar la idea de que, cuanto menos bienestar ha tenido alguien hasta el momento, mayor es el daño de no tener una unidad adicional de bienestar.
5.5. Los AVAC y las comparaciones entre el daño de la muerte para humanos y para no humanos
La teoría de los AVAC de ninguna manera podría servir para sostener que los humanos siempre resultan más perjudicados por la muerte que los animales no humanos.
Si tuviéramos en cuenta solo los factores futuros, tal vez eso sería así en muchos casos, dado que los humanos tienen una esperanza de vida mayor que los animales de varias otras especies. Pero, aun teniendo en cuenta solo los factores futuros, los tiburones, las ballenas y las tortugas de varias especies normalmente tendrían más por disfrutar en adelante (ya que su longevidad típica es mucho mayor). Además, aunque la esperanza de vida media de los miembros de la especie humana sea mayor que la de los miembros de varias otras especies, seguiría habiendo situaciones en las que, al comparar a dos individuos, es el humano quien tendría menos AVAC por delante. Eso ocurriría si estuviéramos comparando, por ejemplo, a un humano de 80 años con un cerdo de 5 años.
Además, vimos que hay fuertes razones para tener en cuenta también los AVAC pasados. Es crucialmente a causa de este factor que la teoría de los AVAC nos lleva a concluir que los animales no humanos son, en general, muy desafortunados con la vida que han tenido, pues,
además de morir, en la inmensa mayoría de los casos, de forma muy prematura, típicamente viven vidas que contienen solo sufrimiento de principio a fin (tanto en la explotación como en la naturaleza).
5.6. ¿Qué importancia tiene la cuestión de la magnitud del daño de la muerte?
No es rara la creencia de que, para que tengamos que revisar nuestras actitudes con respecto a la muerte de animales no humanos, es crucial mostrar que resultan tan perjudicados por la muerte como los humanos. Según esta creencia, si se muestra que, por alguna razón, los humanos resultan más perjudicados por la muerte que los animales no humanos, entonces está justificado matar a los animales no humanos y dejar de salvar sus vidas.
Esta creencia común es errónea por una razón muy simple: mostrar que A resulta más perjudicado por la muerte que B no muestra que B resulte poco perjudicado por la muerte. Aunque la evaluación de la magnitud del daño de la muerte sea importante en determinadas situaciones (por ejemplo, en cuestiones de prioridad sobre a quién salvar), no es esencial para reconocer que debemos cambiar nuestras actitudes con respecto a matar a animales no humanos y dejar de salvarlos. Para ello basta con reconocer que los animales resultan muy perjudicados por la muerte. Discutiremos este punto con más detalle en los capítulos 9, 10 y 11.
En el próximo capítulo discutiremos algunas objeciones a la medición de la magnitud del daño de la muerte basada en los AVAC.
Practica
Capa de estudio. Las respuestas se basan en el texto del capítulo.
¿Qué son los AVAC?
Para medir el daño de la muerte, el capítulo considera...
Para pensar
Usa la Calculadora del daño de la muerte de este sitio con un animal de granja. ¿Cuánto de su vida posible llega a vivir?
Notas del autor 4
- 22 En inglés, la sigla que se utiliza es QALY (Quality-Adjusted Life Years). ↩
- 23 La mayor parte de la literatura filosófica sobre el daño de la muerte se ha centrado, hasta el momento, en el parámetro de las pérdidas futuras. La literatura en torno a los AVAC no es una excepción. Sin embargo, también es posible estimar en AVAC los factores referidos al pasado. Sobre esto, ver (2010, p. 148-9). ↩
- 24 Para una aplicación de este criterio a la magnitud del daño de la muerte en animales no humanos, ver Horta (2010). ↩
- 25 Esta fórmula del daño de la muerte fue desarrollada por Ribeiro (2024). ↩
Fuentes citadas en este texto 2
La lista completa del volumen está en las referencias del Volumen III.
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