Questão
de Ética

Volumen VII · La ética y la situación de los animales salvajes · capítulo 6

¿Es arrogante la propuesta de ayudar a los animales salvajes?

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La acusación de "jugar a ser Dios" no se sostiene: aceptamos muchas intervenciones en la naturaleza para beneficiar a los humanos o alcanzar metas ambientalistas; quien la formula no está en contra de intervenir, sino de beneficiar a los animales.

Texto original Luciano Carlos Cunha · Volumen VII, p. 21 de la edición en PDF · traducción al español

A veces se acusa a la propuesta de ayudar a los de ser arrogante por implicar intervenciones en el curso natural de las cosas19. Se suele decir que quienes proponen ayudar a los animales salvajes están “jugando a ser Dios”. ¿Tiene sentido esta acusación?

Las intervenciones en el curso natural de las cosas son ampliamente aceptadas y practicadas, siempre que la meta sea o ambientalista. Por ejemplo, la construcción de viviendas, escuelas, hospitales y bibliotecas, la agricultura, la medicina y las intervenciones para dejar los ecosistemas en las configuraciones que valora el no reciben acusaciones de arrogancia ni de “jugar a ser Dios”. Sin embargo, implican intervenciones masivas en el curso natural de las cosas.

De hecho, ayudar a los animales que son víctimas de los es algo ampliamente aceptado y practicado, siempre que la meta sea antropocéntrica o ambientalista. Un ejemplo es la vacunación de animales salvajes con el objetivo de prevenir el contagio a los humanos, a los animales que conviven con los humanos o a los animales que los humanos pretenden explotar directamente. Otro ejemplo es la vacunación de animales salvajes para preservar especies en peligro de extinción.

Esto sugiere que, a pesar de lo que dicen, quienes formulan la acusación de arrogancia no se oponen a intervenir en la naturaleza o en los procesos naturales. Lo que rechazan, más bien, es la meta de beneficiar a los animales no humanos.

Además, no hay nada en esta objeción que realmente muestre que sea incorrecto intervenir en el curso natural de las cosas. Así, aunque hubiera alguien que rechazara toda intervención en la naturaleza, sea cual fuere (ya sea para beneficiar a animales no humanos, para beneficiar a humanos o para alcanzar metas ambientalistas), eso no mostraría que su posición es correcta.

Otras veces se sostiene que la arrogancia no está en el hecho de intervenir en procesos naturales, sino en que, al elegir ayudar, estamos decidiendo el destino de esos animales. Sin embargo, es obvio que al decidir no ayudar estamos igualmente decidiendo su destino. La diferencia es que, si elegimos no ayudar, el destino de esos animales será el sufrimiento y la muerte.

Una objeción similar surge cuando se dice que quienes proponen ayudar a los animales son arrogantes porque intentan que el mundo sea como ellos quieren. Pero, de nuevo, cuando alguien se opone a ayudar, también intenta que el mundo sea como él quiere. En un caso, la persona quiere que el mundo siga como está y, en el otro, quiere cambiarlo. Pero en ambos casos las personas intentan por igual que el mundo sea como ellas quieren.

Texto de Luciano Carlos CunhaColección Un recorrido por la ética animal, Volume VII
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Practica

Capa de estudio. Las respuestas se basan en el texto del capítulo.

Según el capítulo, quienes formulan la acusación de arrogancia están, en realidad, en contra de...

¿Decidir no ayudar también es intentar que el mundo sea de cierta manera?

Para pensar

¿Qué intervenciones en la naturaleza apruebas? ¿Qué tienen en común?

Notas del autor 1
  1. 19 Ver, por ejemplo, Baldner (1990, p. 3). ↩
Fuentes citadas en este texto 1

La lista completa del volumen está en las referencias del Volumen VII.

  • BALDNER, K. Realism and Respect. Between the Species, v. 6, n. 1, p. 1-7, 1990.

Este capítulo en el Volumen XII

Cómo resume el autor este debate en Lo esencial sobre ética animal.

Intervenir en la naturaleza (es decir, en el territorio natural y en los procesos naturales) siempre es incorrecto, pues es una actitud arrogante. Se trata de “jugar a ser Dios”. (VII, cap. 6).
Hay muchas intervenciones en la naturaleza que casi todas las personas aceptan. Por ejemplo, las que se hacen para beneficiar a los humanos (medicina, agricultura, construcción de viviendas, escuelas, hospitales, bibliotecas, etc.) y para alcanzar metas ambientalistas (intervenciones para preservar especies raras, para mantener los ecosistemas en cierta configuración, etc.). Si alguna de esas intervenciones es justificable, entonces no tiene sentido decir que es incorrecto ayudar a los animales salvajes solo porque implicaría intervenir en la naturaleza.
Es incorrecto influir en el destino de estos animales. (VII, cap. 6).
Estaremos influyendo en el destino de estos animales de cualquier manera, ya sea que decidamos ayudar o que decidamos no ayudar.

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