Questão
de Ética

Volumen VII · La ética y la situación de los animales salvajes · capítulo 32

Discusión sobre nuestra capacidad de evaluar cuándo vale la pena vivir y cuándo no

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Decir que no podemos juzgar cuándo una vida vale la pena no justifica no intervenir: hay casos claros (sufrimiento extremo y muerte casi inmediata), no ayudar también presupone juicios, y mejorar las vidas existentes es compatible con prevenir nacimientos.

Texto original Luciano Carlos Cunha · Volumen VII, p. 106 de la edición en PDF · traducción al español

32.1. El argumento de la vida significativa

Como se explicó en el Capítulo 3, la inmensa mayoría de los animales que nacen en la naturaleza experimentan básicamente sufrimiento y mueren de forma muy prematura. Si es así, tiene sentido afirmar que esos animales estarían mejor si no hubieran nacido (y que, por lo tanto, deberíamos evitar los nacimientos en esas condiciones).

Una posible objeción diría que es posible que una vida que, vista desde fuera, parezca no valer la pena sea satisfactoria para quien la vive, y viceversa. Así, dada la dificultad de establecer un punto preciso a partir del cual una vida vale la pena, la objeción concluye que la decisión más prudente es adoptar una política contraria a ayudar a los animales en la naturaleza.

A continuación se señalarán varios problemas de esta objeción.

32.2. ¿No estamos bien situados para evaluar cuándo una vida vale la pena?

Hay casos en los que es difícil decir si vivir vale la pena o no. Sin embargo, hay casos en los que esa evaluación es muy sencilla. Por ejemplo, imaginemos que se nos ofreciera la oportunidad de renacer para vivir una vida en la que casi todas las experiencias fueran de sufrimiento extremo. Si no lográramos evaluar que esa vida no vale la pena, dudaríamos sobre si vale la pena aceptar tal propuesta o no.

Casi la totalidad de las situaciones en las que la propuesta de ayudar a los necesita hacer evaluaciones sobre el valor de la vida son situaciones extremas como esta última. Buena parte de los animales que nacen en la naturaleza lo hacen solo para sufrir intensamente, sin ninguna experiencia positiva. Si se nos ofreciera ese tipo de vida, no tendríamos dudas: la rechazaríamos por completo. Y lo haríamos no porque somos humanos, sino porque logramos entender cuán mala sería. Así, si se les diera esa oportunidad a los animales y entendieran cuán mala sería esa vida, sin duda también la rechazarían.

Podría objetarse que es posible que la vida de alguien haya sido pésima hasta cierto momento, pero que sea posible mejorarla. Cuando existe esa posibilidad de mejora, tiene sentido decir que, aunque la vida hasta ese momento haya tenido un saldo negativo, aun así valió la pena haber nacido (dada la posibilidad de un saldo positivo futuro) y que, entonces, es falso que, para cada animal que nace en la naturaleza, habría sido mejor no haber nacido.

Esto es verdad, pero no es una objeción a la propuesta de ayudar a los animales en la naturaleza que son víctimas de los . Al contrario: es una razón para intentar ayudarlos, ya que la posibilidad de que lleguen a tener una vida significativa depende de que nos dediquemos a investigar cómo mejorar su situación.

Además, es importante observar que la meta de mejorar las condiciones de vida de los seres que ya existen no implica rechazar la meta de prevenir nuevos nacimientos. Esto se debe a que, cuanto mayor sea la cantidad de nacimientos, probablemente más difícil será mejorar la vida de cada uno de los individuos nacidos

32.3. ¿No debemos intentar evaluar cuándo una vida vale la pena?

Aunque no supiéramos evaluar cuándo una vida vale la pena, cualquier visión responsable de la ética diría que debemos intentar adquirir más conocimiento sobre cómo hacerlo, pues eso aumentaría la probabilidad de beneficiar a los afectados.

32.4. ¿La posición contraria a ayudar no hace evaluaciones sobre cuándo una vida vale la pena?

Lo que motiva la objeción que estamos discutiendo es el temor de juzgar erróneamente que una vida no vale la pena. Por ejemplo, con la esterilización podríamos reducir la cantidad de seres con vidas significativas o, en otros casos, podríamos estar cometiendo asesinatos creyendo que estamos practicando la eutanasia.

Pues bien, esto muestra que quienes formulan la objeción hacen evaluaciones sobre el valor de la vida, pues creen que la intervención para prevenir/minimizar los daños naturales podría impedir el disfrute de vidas que ellos juzgan significativas.

Sin embargo, también debemos tener en cuenta la posibilidad de juzgar que una vida vale la pena cuando en realidad no la vale. Por ejemplo, si nos abstenemos de realizar determinada esterilización, movidos por la creencia de que esos seres llevarían vidas mínimamente significativas, y nuestro juicio es erróneo, estaremos contribuyendo a dar origen a muchos seres que nacerían para vidas llenas de sufrimiento extremo.

El riesgo de traer a alguien a una vida de sufrimiento extremo es mucho más preocupante que el riesgo de dejar de producir un nuevo ser que llevaría una vida significativa, ya que solo en el caso de traer a alguien a una vida de sufrimiento llega a existir un individuo que resulta perjudicado. Dada la manera en que se producen los procesos naturales, la no intervención tendría como resultado la maximización de vidas en las que el sufrimiento extremo predomina de principio a fin.

Sostener que “dejar que la naturaleza siga su curso” da como resultado un mayor número de vidas que vale la pena vivir es o bien no tener idea de cómo se producen los procesos naturales, o bien defender la idea inverosímil de que una vida que solo contiene sufrimiento extremo vale la pena ser vivida.

Texto de Luciano Carlos CunhaColección Un recorrido por la ética animal, Volume VII
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Practica

Capa de estudio. Las respuestas se basan en el texto del capítulo.

¿La posición contraria a ayudar evita hacer juicios sobre cuándo una vida vale la pena?

¿Por qué mejorar las vidas existentes es compatible con prevenir nacimientos?

Para pensar

¿Aceptarías renacer para una vida de tres días de hambre y frío? ¿Qué dice eso sobre tu juicio?

Este capítulo en el Volumen XII

Cómo resume el autor este debate en Lo esencial sobre ética animal.

No estamos en condiciones de saber cuándo una vida vale o no la pena. Podemos creer que una vida no vale la pena y estar equivocados. Luego, es mejor no intervenir. (VII, cap. 32).
Imaginemos que se nos ofreciera la oportunidad de renacer para vivir una vida llena de sufrimiento extremo. Si no lográramos evaluar que esa vida no vale la pena, dudaríamos sobre si vale la pena aceptar tal propuesta o no. La situación de la gran mayoría de los animales en la naturaleza es de ese tipo. Ante esto, podría objetarse que, aunque la vida de alguien haya sido pésima hasta cierto momento, todavía es posible mejorarla. Eso es verdad, pero entonces esa es una razón para intentar ayudar a los animales salvajes. Además, la meta de mejorar la vida de los seres que ya existen no implica rechazar la meta de prevenir nuevos nacimientos. Esto se debe a que, cuanto mayor es la cantidad de nacimientos, más difícil es mejorar la vida de cada uno de los individuos nacidos.

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