Questão
de Ética

Volumen VII · La ética y la situación de los animales salvajes · capítulo 31

La cuestión de la depredación

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El capítulo examina los argumentos sobre la depredación y concluye que hay buenas razones para reducirla en el mundo, siempre que eso no traiga peores consecuencias, y que ciertas intervenciones, como reducir la productividad primaria, probablemente tendrían un saldo positivo.

Texto original Luciano Carlos Cunha · Volumen VII, p. 93 de la edición en PDF · traducción al español

31.1. La visión predominante

La visión predominante es que es incorrecto intervenir en casos de entre . Sin embargo, en las últimas décadas un número creciente de autores ha cuestionado esta visión141. El presente capítulo examina los principales argumentos de este debate.

31.2. La idea de que la depredación no es una cuestión para la ética

A veces se sostiene que la cuestión de la depredación no es una cuestión para la ética porque los depredadores no son responsabilizables, ya que no entienden de cuestiones éticas142. Sin embargo, este hecho no hace que la depredación deje de ser una cuestión para la ética, pues la pregunta de si debemos intervenir en la depredación no se les plantea a los depredadores, sino a nosotros, agentes responsabilizables.

Es curioso que la afirmación “la depredación no es una cuestión para la ética” se mencione en un intento de fundamentar que es moralmente incorrecto intervenir en la depredación, ya que una afirmación contradice a la otra. Es decir, no tiene sentido decir “la acción X no es susceptible de evaluación ética” y a continuación decir “es moralmente incorrecto realizar la acción X”.

Siempre que sea posible preguntarse si una acción (sea un acto o una omisión) debería estar prohibida, ser exigida o estar permitida, se trata de una cuestión ética. Por lo tanto, la decisión sobre qué hacer en casos de depredación es una cuestión ética.

31.3. La idea de que es incorrecto intervenir porque los depredadores no tienen la culpa

Otro argumento similar sostiene que el hecho de que los depredadores no sean responsabilizables hace incorrecto intervenir en casos de depredación. En la base de esta posición está la idea de que, si alguien no es moralmente responsable del daño que causa, no debemos prevenir ese daño.

Sin embargo, una cosa no implica la otra. Por ejemplo, no tiene sentido responsabilizar a un niño pequeño que, con un palo, golpea a otro en la cabeza; pero el sufrimiento de la víctima es algo negativo, y esa es una razón para evitar que tal resultado se produzca. Nuestras responsabilidades morales pueden ir más allá de reparar los errores de otros agentes responsabilizables (pueden implicar, por ejemplo, hacer del mundo un lugar con menos sufrimiento y menos muertes)143.

Podría alegarse que una diferencia entre el caso de la depredación y el ejemplo anterior es que los depredadores mueren si no depredan. Sin embargo, ese ya es otro argumento, pues apela a la necesidad de depredar para sobrevivir, y no al hecho de que el depredador no sea responsabilizable. Discutiremos ese otro argumento en los apartados 31.10, 31.11 y 31.12.

31.4. La tesis de que la depredación es neutra por ser resultado de agentes amorales

Otro argumento similar sostiene que, como los depredadores no son responsabilizables, los daños que causan son neutros y que, por eso, no hay ninguna razón para prevenirlos. Sin embargo, una cosa no implica la otra. Por ejemplo, el sufrimiento es negativo debido a sus características intrínsecas, y estas no dependen de que quien lo causa sea o no responsabilizable. Por lo tanto, el sufrimiento derivado de la depredación es negativo, y no neutro144.

31.5. Absurdo por ser imposible de cumplir

Otro argumento contra intervenir en la depredación señala que jamás lograremos acabar con toda la depredación del mundo. Sin embargo, el hecho de que no logremos acabar con todos los casos de un problema no muestra que no debamos actuar en los casos en que lograríamos hacerlo145. Tampoco logramos impedir todos los daños que sufren los humanos, y mucho menos todos los daños que los humanos causan a los animales, pero eso no implica que no debamos intentar impedir todos los que podamos. Lo mismo vale para la depredación.

31.6. La acusación de fascismo

Otra afirmación sostiene que intervenir en la depredación es incorrecto porque sería un acto de fascismo, por no aceptar las diferencias (sería como la homofobia y el racismo). Sin embargo, esta analogía no funciona. La raza y la orientación sexual de alguien no implican la muerte de otros individuos. La depredación, en cambio, implica la muerte (en general con sufrimiento extremo146) de una cantidad gigantesca de individuos. Querer que en el mundo haya menos sufrimiento y menos muertes es muy diferente de discriminar a alguien por su raza o su orientación sexual.

31.7. La acusación de sentimentalismo

Otra objeción sostiene que la intervención en la depredación está motivada por el sentimentalismo (la compasión por la presa) y que, por eso, debería rechazarse. Es verdad que el hecho de que alguien tenga un sentimiento fuerte con respecto a una cuestión no muestra que la posición que defiende sea necesariamente correcta. Por ejemplo, puede que su sentimiento sea fruto de un prejuicio, que viole la justicia o que su compasión sea selectiva. Sin embargo, tampoco muestra que sea incorrecta. Es posible que lo que alguien concluye movido por sus sentimientos sea lo mismo que concluiría desde una perspectiva imparcial, sopesando todos los argumentos en contra y a favor de cierta acción. Solo descubriremos si ese es o no el caso si hacemos un análisis imparcial de la cuestión.

31.8. Especismo e intervenciones en la depredación

Otra objeción sostiene que intervenir en la depredación es una actitud . Sin embargo, esta acusación solo tiene sentido en situaciones en las que quien decide: (1) solo se preocupa por la depredación sobre o por parte de miembros de cierta(s) especie(s) o; (2) sopesa los daños de manera arbitraria según la especie de los implicados.

Por ejemplo, la posición habitual es que, cuando los humanos son víctimas de la depredación, siempre es correcto intervenir, independientemente de las consecuencias, y que, cuando las víctimas son animales no humanos, siempre es incorrecto intervenir, aunque las consecuencias de no intervenir sean peores. Eso es especismo, lisa y llanamente. Curiosamente, esta es la posición más común entre quienes acusan de especismo a la propuesta de intervenir en la depredación.

Intervenir en la depredación no es necesariamente especista. Por ejemplo, si alguien da igual peso a cada uno de los afectados (sean depredadores o presas) y afirma que la acción correcta (sea intervenir o no intervenir) es la que tiene como resultado menos daños totales, no está siendo especista147. Favorecer a un individuo que pertenece a una especie no es necesariamente ser especista (solo es especista si el favorecimiento es tendencioso).

31.9. ¿Intervenir en la depredación es ser parcial?

Una objeción similar sostiene que intervenir en la depredación es ser parcial a favor de la presa (sea cual sea la especie a la que pertenezca). Sin embargo, esta acusación solo tendría sentido si intervenir fuera necesariamente favorecer de manera tendenciosa a las presas. Pero hay al menos una manera de defender la intervención que no podría acusarse de favorecer de manera tendenciosa al atacado ni al atacante: la meta de procurar el mejor resultado, sosteniendo que el bien de cada ser afectado tiene el mismo peso. Según esta visión, cuando no intervenir tenga peores consecuencias, debemos intervenir, independientemente de quién sea la presa y quién el depredador. De modo análogo, esta posición defenderá no intervenir cuando intervenir tenga peores consecuencias. Esta posición es, sin duda, imparcial.

31.10. La apelación a la necesidad de depredar

Otro argumento que se utiliza con frecuencia para sostener que es incorrecto intervenir en la depredación consiste en señalar que los depredadores mueren si no depredan. A continuación veremos cuatro problemas de este argumento.

El primer problema es que es tendencioso: solo tiene en cuenta la muerte de los depredadores.

El segundo es que el argumento ignora por completo la cantidad de muertes. Por ejemplo, un depredador mata a muchas presas a lo largo de su vida, en general con un sufrimiento intenso. Podría objetarse que la depredación minimiza la cantidad total de muertes, pues en ausencia de depredación las presas se reproducirían aún más. Sin embargo, ese no es el caso de toda depredación. Por ejemplo, los grandes herbívoros consumen mucha vegetación, y eso disminuye drásticamente la cantidad de nacimientos de insectos. Así, una disminución de la tasa de

depredación sobre los grandes herbívoros, precisamente porque aumentaría la población de esos herbívoros, probablemente disminuiría la cantidad total de muertes al disminuir la cantidad total de nacimientos. Es decir, si la preocupación es reducir la cantidad de muertes, hay que admitir que intervenir en la depredación es correcto cuando tiene como resultado una menor cantidad de muertes.

El tercer problema es que intervenir en la depredación no implica necesariamente la muerte del depredador. Existen algunos alimentos de origen vegetal que utilizan nutrientes sintetizados que cubren las necesidades del organismo de determinados depredadores, como los gatos. Esterilizar o modificar genéticamente a un depredador tampoco implica necesariamente su muerte148. Independientemente de que esas prácticas sean correctas o no, su existencia muestra que es falso que intervenir en la depredación implique necesariamente la muerte del depredador.

El cuarto problema es que, aunque depredar fuera actualmente necesario para todos los depredadores, eso no muestra que sería incorrecto volverlo innecesario (por ejemplo, mediante un cambio genético). Lo que dice el argumento es que, si hay una necesidad, no debemos impedir que se satisfaga. Sin embargo, eso no implica que sea incorrecto hacer que esa necesidad deje de existir.

31.11. La apelación a daños menores para el depredador

Otra objeción posible sería decir que el depredador resulta perjudicado por tener que comer alimentos vegetales, o por ser esterilizado o reprogramado genéticamente.

La primera respuesta posible a esta objeción es negar que algunas de esas acciones causen daño a los depredadores. Comer un alimento diferente no es necesariamente un daño. Lo mismo vale para el cambio genético. Supongamos que se hiciera un cambio genético en ciertos depredadores para que se volvieran herbívoros. Los animales de la generación futura que nacieran herbívoros no perderían nada por el hecho de que sus antepasados hubieran sido carnívoros. Incluso los animales de la generación actual no parecen perder nada por ver modificadas sus necesidades nutricionales. Otro ejemplo de intervención en la depredación que no causa daño es prevenir la depredación por parte de plantas carnívoras, ya que no son sintientes.

La segunda respuesta consiste en señalar que, aunque los depredadores resultaran perjudicados por esas acciones, el daño para ellos es mucho menor que el daño que se producirá si se permite la depredación. Así, la objeción incurre en arbitrariedad, pues un daño menor al depredador se considera una baza que se impone a daños mucho mayores para las presas (ser comidas vivas). En tal visión, el daño resultante de la intervención, por pequeño que sea, se ve como más grave que daños muchísimo mayores que resultarían de la no intervención.

Cuando los humanos corren el riesgo de ser depredados, la posición habitual es simplemente que es correcto matar a los depredadores, y punto. Supongamos que se sostuviera, por preocupación por los depredadores de humanos, que en lugar de matarlos deberíamos reprogramarlos genéticamente, esterilizarlos o crear un alimento vegetal que cubra sus necesidades. Probablemente tal propuesta no sería aceptada, pero no por preocupación por los depredadores, sino porque se gastarían recursos en miembros de otras especies. Sin embargo, el juicio se invierte cuando la depredación recae sobre animales no humanos: propuestas como la esterilización, la reprogramación genética y la creación de alimento vegetal para depredadores se rechazan por preocupación por un posible daño a los depredadores. Eso es especismo.

31.12. La apelación al derecho a garantizar la supervivencia

Podría sostenerse que el depredador tiene derecho a garantizar su supervivencia, y que debemos proteger ese derecho, sean cuales sean las consecuencias. Por lo tanto, según esta posición, siempre es incorrecto prevenir casos de depredación.

Observe que esta posición implica que también es incorrecto defenderse a sí mismo o a otros humanos de la depredación. Es algo que difícilmente aceptarían sus defensores. Pero, si no lo aceptan, están siendo especistas. Sin embargo, supongamos, a efectos de la argumentación, que alguien sostenga que siempre es incorrecto impedir que ocurra una depredación, aunque sea sobre otros humanos o sobre uno mismo. Incluso en ese caso, hay otras razones para rechazar esta posición, que veremos a continuación.

La primera es que supone que debemos cumplir ciertas reglas, sean cuales sean las consecuencias. Así, quien cree que la acción correcta coincide con la que tiene como resultado las mejores consecuencias jamás podría aceptar lo que propone tal visión.

La segunda es que ni siquiera la perspectiva según la cual hay derechos que deben garantizarse independientemente de las consecuencias da base a esta posición. Esto se debe a que, si los depredadores tienen derechos, también los tienen las presas, y la posición en cuestión es arbitraria por defender solo los derechos de los depredadores. En este punto podría objetarse que tanto los depredadores como las presas tienen derecho a intentar sobrevivir y que eso implica dejar que cada uno luche con sus propias fuerzas. Un problema de esto es que, si garantizar derechos implica lo mismo que dejar que cada uno luche por sí mismo, entonces no tiene ningún sentido reivindicar la existencia de derechos.

Reconocer un derecho a la supervivencia, en cambio, implicaría proteger el interés en vivir, tanto del depredador como de la presa. Por ejemplo, implicaría investigar cómo garantizar la supervivencia de los depredadores con otro tipo de alimento, y no la no intervención.

Además, la posición en cuestión sostiene que los derechos deben protegerse sean cuales sean las consecuencias. Entonces no puede apelar al riesgo de consecuencias negativas de prevenir la depredación. Es decir, esta posición, al contrario de lo que puede parecer al principio, tendría que defender siempre prevenir la depredación, sean cuales sean las consecuencias.

Podría objetarse que los depredadores, por no tener sentido del bien y del mal, no violan derechos149. Hay dos respuestas posibles aquí. La primera es sostener que la violación de un derecho se caracteriza por el tipo de acto, y eso no depende de que quien lo realiza tenga o no sentido del bien y del mal. La segunda es sostener que, aunque sea verdad que los depredadores no violan derechos, eso es irrelevante, pues la cuestión es si nosotros, que tenemos sentido del bien y del mal, violamos un derecho si no intervenimos en la depredación.

Otra objeción consistiría en sostener que solo existen derechos negativos, que implican que los agentes deben abstenerse de hacer ciertas cosas perjudiciales, pero que no hay ningún derecho a ser socorrido150. El primer problema de este argumento es que, aunque no existiera el derecho a ser socorrido, eso no implica que sería incorrecto socorrer a las víctimas de la depredación. Socorrerlas podría ser permisible e incluso loable. El segundo problema es que, si la razón

para atribuir derechos a alguien es su protección151, no tiene sentido decir que los derechos se limitan a los derechos negativos, ya que las amenazas al bien de alguien no se limitan a los actos de los (pueden resultar de omisiones).

Así, la apelación a los derechos no muestra que sea incorrecto intervenir en casos de depredación.

31.13. Intervenciones en la depredación ampliamente aceptadas

Hay una serie de intervenciones en la depredación ampliamente aceptadas y practicadas. Por ejemplo, para defenderse a sí mismo, a otros humanos o a los animales que conviven con nosotros. Otro ejemplo son las intervenciones en la depredación motivadas por razones , como la ecología del miedo (la reintroducción de depredadores donde ya se habían extinguido152) y las intervenciones para matar depredadores si están amenazando a una especie rara153.

Así, las personas parecen considerar incorrecto intervenir en la depredación solo cuando esta se da entre animales salvajes y la meta de la intervención es la preocupación por el propio bien de los animales no humanos (y no metas antropocéntricas o ambientalistas), lo que llamaremos aquí configuración específica. Estas personas tienen que explicar, entonces, por qué intervenir en la depredación sería incorrecto solo en la configuración específica.

Ninguno de los argumentos que hemos discutido hasta ahora podría explicar esta diferencia. Por ejemplo, en los casos de intervención en la depredación ampliamente aceptados, los depredadores tampoco son agentes responsabilizables, también necesitan depredar, y en esos casos la intervención también implica alguna de estas cosas: matarlos, modificarlos genéticamente, esterilizarlos o cambiar su forma de alimentarse. ¿Habría entonces alguna otra forma de justificar que intervenir en la depredación es incorrecto solo en la configuración específica? A continuación discutiremos algunos intentos.

31.14. La apelación al comportamiento de los animales

Un primer intento de fundamentar la diferencia señala que los animales de especies sociales defienden de la depredación a los animales de su propia especie, pero no a los de otras especies y que, por lo tanto, deberíamos hacer lo mismo.

Este argumento tiene dos problemas. El primero es que es dudoso que los animales defiendan de la depredación solo a los miembros de su propia especie. Sin embargo, el principal problema del argumento es que el hecho de que los animales exhiban un comportamiento no implica que sea correcto154. Por ejemplo, hay animales que matan a las crías de sus adversarios e incluso a sus propias crías, que matan en disputas de poder, que roban, que violan, etc. Incluso se ha encontrado canibalismo en más de 1300 especies, en una gran variedad de contextos sociales y ecológicos155. El hecho de que los animales hagan esas cosas no las vuelve correctas.

31.15. El argumento de la capacidad de evitar la amenaza

Otro argumento sostiene que no hay necesidad de intervenir en la depredación entre animales salvajes porque, si sus especies todavía existen, es porque tienen la capacidad de escapar de la depredación. En el caso de los niños humanos, en cambio, debemos intervenir porque no tienen esa capacidad, concluye el argumento156.

El error principal de este argumento es usar un razonamiento basado en la especie para el caso de los animales salvajes y otro basado en los individuos para el caso humano. El hecho de que una especie no se haya extinguido solo muestra que algunos de sus miembros lograron reproducirse antes de sucumbir a la depredación. Ni siquiera muestra que esos individuos escaparon de la depredación hasta el final de su vida, y mucho menos que todos los miembros de esa especie escaparon de la depredación. Por ejemplo, como reconoce el propio argumento, el hecho de que la especie humana todavía exista no muestra que todos sus miembros tengan la capacidad de escapar de la depredación.

31.16. La preocupación por las consecuencias

Uno de los principales argumentos contra intervenir en la depredación sostiene que hacerlo ocasionaría más sufrimiento y más muertes de los que previene porque, en ausencia de depredadores, las presas tendrán

una explosión demográfica, lo que dará como resultado un mayor número de muertes por inanición (e incluso por depredación, dado que en muchos casos también son depredadoras de animales más pequeños).

Un primer problema de este argumento es que tampoco podría explicar cuál es la diferencia entre intervenir en la depredación en la configuración específica y en los casos ampliamente aceptados. Por ejemplo, tampoco sabemos si prevenir la depredación sobre los humanos tiene mejores consecuencias a largo plazo, pues, como veremos en detalle en los capítulos 36 y 37, no se sabe con certeza si lo que tiene mejores consecuencias es que haya una población humana mayor o menor.

Además, una implicación de la preocupación por las consecuencias es que no podría fundamentar que siempre es incorrecto intervenir en la depredación, pues si en un caso determinado es no intervenir lo que va a tener como resultado más sufrimiento y más muertes, tal posición tendría que aceptar intervenir.

Podría alegarse que no existen casos de este tipo. Pero actualmente no hay base para fundamentar esa afirmación, pues se han hecho muy pocos estudios en ese sentido. Además, hay razones iniciales para pensar que, en realidad, hay muchos casos así. Un ejemplo es el caso en que las especies de depredadores que fueran objeto de esterilización fueran también las que tuvieran el mayor potencial reproductivo. Otro ejemplo es la disminución de las tasas de depredación sobre los grandes herbívoros, pues estos animales consumen mucha vegetación y reducen así la que es la base de la cadena alimentaria (lo que reduce las tasas totales de natalidad). Así, una disminución de la depredación sobre los grandes herbívoros disminuiría el sufrimiento y las muertes totales precisamente porque aumentaría la población de grandes herbívoros.

En este punto podría objetarse que, mientras no haya estudios minuciosos sobre el despliegue de las consecuencias en ese sentido, debemos adoptar una política contraria a las intervenciones. Esto es razonable, pero no fundamenta que debamos dejar de lado esta cuestión y “dejar que la naturaleza siga su curso” (ni fundamenta que sea correcto intervenir solo cuando las víctimas son humanas). Al contrario, fundamenta que debemos desarrollar esos estudios; al menos, es lo que haría alguien con una preocupación seria por las consecuencias. Si esto se rechaza, es un indicio de que la preocupación por las consecuencias no se mencionó como una preocupación real, sino como una excusa para seguir manteniendo la creencia de que intervenir en la depredación siempre es incorrecto.

31.17. Casos ya existentes y prevención de nuevos casos

Vimos anteriormente que no parece haber forma de fundamentar que siempre es incorrecto intervenir en la depredación. Sin embargo, supongamos que cualquier intervención en la depredación fuera incorrecta a causa de algún posible daño al depredador. Eso no nos diría nada sobre la moralidad de prevenir nuevos nacimientos de depredadores, pues en ese caso se trata de meras posibilidades de seres sintientes futuros que no llegarían a concretarse (y no de seres que ya existen y resultarían perjudicados). Esto se explicará con más detalle a continuación.

La mayoría de las personas no sostiene que haya un deber de producir nuevos individuos. E incluso quienes sostienen que ese deber existe reconocen que matar a quien ya existe es peor que dejar de producir nuevos individuos. Hay buenas razones para pensar así. Cuando se mata a alguien que ya existe, hay un individuo que resulta perjudicado. En cambio, cuando se deja de producir nuevos nacimientos, lo que hay son posibilidades de individuos futuros que no llegan a concretarse. Por ejemplo, imaginemos que, si una pareja decide concebir un hijo ahora, dentro de nueve meses nacerá un individuo, pero que, si decide esperar al mes siguiente, nacerá otro individuo, y así sucesivamente para los meses siguientes. Realizar una de esas posibilidades implica dejar de realizar varias de las otras. Pero eso no equivale a matar a alguien que ya existe.

Excepto en los casos en que el depredador moriría antes de lograr depredar por primera vez, el hecho de producir nuevos depredadores implicaría muertes de presas. Es cierto que varios de los individuos que morirían por la depredación probablemente todavía no existen. Pero eso es diferente de las posibilidades futuras de individuos que no llegan a concretarse. Serían individuos que llegarían a existir en el futuro y que después morirían. En cambio, impedir el nacimiento de nuevos depredadores sería solo dejar de concretar posibilidades futuras de individuos. Si, como vimos antes, matar a individuos ya existentes es peor que dejar de producir nuevos individuos, eso implica prevenir el nacimiento de nuevos depredadores (siempre que, claro está, las consecuencias no sean peores que las de no hacerlo).

Veamos una analogía. Cuando tenemos recursos escasos y muchas personas muriendo de hambre, es posible que distintas personas discrepen sobre quién debe tener prioridad para recibir los recursos. Darles el recurso a algunas personas implicaría la muerte de otras, y viceversa. Pero no discreparían sobre si sería mejor que todos pudieran tener recursos y erradicáramos el hambre. Del mismo modo, distintas personas preocupadas por los seres sintientes, aunque discrepen sobre si en tal o cual caso debemos favorecer a la presa o al depredador, no podrían discrepar, por preocupación por los seres sintientes, en que es mejor un mundo sin depredación (siempre que, con ello, las consecuencias no sean peores que las de un mundo con depredación).

Podría objetarse que esto implicaría extinguir especies, y que entonces no debemos hacerlo aunque las consecuencias de no hacerlo sean peores para los seres sintientes en general. En primer lugar, esto no implicaría necesariamente la extinción de especies porque, como vimos, existe la posibilidad de la modificación genética. Pero, aunque la implicara, eso sería insuficiente para mostrar que es incorrecto hacerlo. Habría que mostrar que las especies tienen , y que ese valor es más importante que el bien de los seres sintientes. Pero, como vimos en el Capítulo 20, hay buenas razones para pensar exactamente lo contrario.

31.18. La meta de disminuir la productividad primaria

Dado lo que vimos anteriormente, al contrario de la creencia predominante, no hay nada intrínsecamente incorrecto en intervenir en la depredación. De hecho, hay buenas razones para lograr que deje de existir la depredación (siempre que con ello no se produzcan consecuencias peores que si hay depredación).

Sin embargo, esto no significa que intervenir en la depredación sea necesariamente la mejor manera de prevenir/minimizar los . Otra opción (probablemente más eficiente y segura) sería reducir la productividad primaria, que es la cantidad de energía que producen las plantas mediante la fotosíntesis y que sirve de base a toda la cadena alimentaria157.

Esto no es lo mismo que cortar las plantas, pues en ese caso probablemente crecerían otras en su lugar. Más bien, implicaría cubrir un área de modo que las plantas no crezcan allí (mediante la pavimentación, cubriendo el césped con grava o con otra cosa que bloquee la luz solar), lo que reduciría la conversión de luz en energía alimentaria.

Una de las objeciones más frecuentes a la intervención en la depredación apunta al riesgo de que las presas se reproduzcan aún más y de que, entonces, la intervención aumente la cantidad total de sufrimiento y

de muertes prematuras. La propuesta de reducir la productividad primaria escapa fácilmente a esta objeción, pues menos energía disponible conduce a una población total menor de animales.

Además, también existen intervenciones en la depredación que probablemente tendrían un saldo positivo porque disminuirían indirectamente la productividad primaria. Por ejemplo, si no hay depredadores de grandes herbívoros, probablemente habrá un aumento de sus poblaciones. Estos herbívoros consumen una gran cantidad de pasto, lo que, a su vez, disminuye la productividad primaria y, en consecuencia, la población total158.

31.19. Conclusión

Todo lo que hemos discutido en este capítulo muestra que el tabú que se ha establecido en torno a la cuestión de la depredación probablemente es resultado del especismo, ya que la posición predominante cuando las víctimas de la depredación son humanos es exactamente la opuesta.

Nuestras principales conclusiones fueron que: (1) hay buenas razones para que disminuyamos la incidencia de la depredación en el mundo (siempre que eso no implique peores consecuencias); y que (2) hay ciertas intervenciones en la depredación que probablemente tendrían un impacto de saldo positivo a lo largo del tiempo porque reducirían indirectamente la productividad primaria.

Texto de Luciano Carlos CunhaColección Un recorrido por la ética animal, Volume VII
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Practica

Capa de estudio. Las respuestas se basan en el texto del capítulo.

¿Cuál es la primera conclusión principal del capítulo?

¿Qué meta de intervención analiza el capítulo?

Para pensar

¿Por qué tanta gente siente que la depredación es "hermosa" en los documentales? ¿Cómo sería verla desde el punto de vista de la presa?

Notas del autor 18
  1. 141 (1996); (2003); (2018, p. 168-88; 2022, p. 156-72); Fink (2005); (2010a, 2010b, 2015); (2009); (1984, 1987) y (2015). ↩
  2. 142 Ver (2004 [1983], p. 285); (2004, p. 255, 256); Taylor (1986, p. 178). ↩
  3. 143 Sapontzis (1987, p. 231); Cowen (2003, p. 176-177); (2006, p. 379). ↩
  4. 144 Sobre esto, ver Sapontzis (1987, p. 230-231). ↩
  5. 145 Sobre esto, ver Sapontzis (1984, p. 32, 35, 36). ↩
  6. 146 Sobre cómo mueren los animales depredados, ver (2016). ↩
  7. 147 Ver, por ejemplo, (2010) y Pearce (2009). ↩
  8. 148 Para una defensa de la reprogramación genética, ver Pearce (2009). ↩
  9. 149 Ver, por ejemplo Regan (2004 [1983], p. 285). ↩
  10. 150 Ver, por ejemplo, (2000). ↩
  11. 151 Esto lo admiten tanto Regan (2004 [1983], p. 243) como Francione (2000, p. 127-129). ↩
  12. 152 Para críticas a la ecología del miedo, ver Horta (2017 [2010]). ↩
  13. 153 Engeman et al., 2009 ↩
  14. 154 Sobre esto ver Fink (2005, p. 5), (1909, p. 29, 30). ↩
  15. 155 Sobre esto, ver Polis (1981); Mitchell y Walls (2008). ↩
  16. 156 Este argumento lo presenta Regan (2004 [1983], p. XXXVI-XXXVII.) ↩
  17. 157 Para esta propuesta, ver (2013b). ↩
  18. 158 Sobre esto, ver Tomasik, (2016b, 2016c). ↩
Fuentes citadas en este texto 20

La lista completa del volumen está en las referencias del Volumen VII.

Este capítulo en el Volumen XII

Cómo resume el autor este debate en Lo esencial sobre ética animal.

Intervenir en conflictos entre animales podría empeorar todavía más la situación (por ejemplo, intervenir en la depredación podría generar una explosión poblacional de las presas). (VII, cap. 18, 31).
En cualquier caso en que intervenir tenga una buena probabilidad de empeorar todavía más la situación por la cadena de consecuencias, la propuesta de ayudar a los animales salvajes prescribiría no intervenir. Sin embargo, eso no significa que intervenir siempre tendrá peores consecuencias. Por ejemplo, al disminuir la productividad primaria, la tendencia es que haya una disminución general de las poblaciones, pues es un tipo de intervención “de abajo hacia arriba” en la cadena alimentaria.
La propuesta implicaría intervenir en conflictos entre animales, y eso es incorrecto incluso cuando hacerlo mejore la situación. (VII, cap. 18, 31).
Esta objeción asume que la acción correcta a veces tiene consecuencias peores que otros cursos de acción disponibles. Sin embargo, esa tesis tendría que demostrarse, y la objeción ya la asume como correcta de antemano. Además, cuando los humanos son víctimas de animales, no se defiende esa tesis. Cuando los humanos son las víctimas, se defiende que siempre es correcto ayudar, independientemente de las consecuencias. Cuando los animales son las víctimas, se defiende que siempre es incorrecto ayudar, aunque las consecuencias de no ayudar sean peores. Eso es especismo.
No hay nada que hacer a gran escala (VII, cap. 18, 24, 31, 36, 37).
Muchas cosas podrían hacerse a gran escala. Por ejemplo, podría estudiarse qué elementos del ambiente tienden a reducir la productividad primaria (y, por consiguiente, el sufrimiento total). Además, podrían evitarse las prácticas humanas que contribuyen a que los procesos naturales maximicen la cantidad de nacimientos (y, por consiguiente, el sufrimiento). Solo eso ya reduciría enormemente la cantidad de animales que nacerían solo para sufrir.

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