Questão
de Ética

Volumen VIII · Un activismo eficiente · capítulo 2

¿Cómo le va a la causa animal con respecto a los criterios de prioridad?

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Según los criterios de prioridad (gravedad, número de víctimas, desatención y tratabilidad), la causa animal sale muy bien parada; el número de víctimas es tan grande que incluso quien da menos peso a los animales tendría que darle prioridad.

Texto original Luciano Carlos Cunha · Volumen VIII, p. 19 de la edición en PDF · traducción al español

2.1. Introducción

Los defensores de los animales son criticados con frecuencia por luchar por los animales mientras todavía hay humanos que necesitan ayuda. Sin embargo, si nuestro objetivo es un mundo con menos sufrimiento, no tiene sentido desatender a los animales no humanos o darles menos importancia. Si lo hacemos, estaremos desatendiendo o dando menos importancia a la mayor parte del sufrimiento que ocurre en el mundo. En ese caso, no seremos eficientes en reducir el sufrimiento: por el contrario, es probable que lo aumentemos todavía más. Así, no son los defensores de los animales quienes tienen que dar explicaciones. Quien tiene que dar explicaciones es quien se centra en los humanos, ya que la mayor parte del sufrimiento del mundo la padecen los demás animales.

Debido al predominio del especismo, la mayoría de las personas, cuando elige apoyar una causa, opta por causas humanas. Sin embargo, si aplicamos de modo no sesgado los criterios ampliamente utilizados para determinar el grado de prioridad de una causa, que vimos en el Capítulo 1, parece imposible evitar la conclusión de que la causa animal debería ser una de nuestras mayores prioridades. Para ejemplificar este punto, a continuación veremos cómo se sitúa la situación de los animales no humanos ante esos criterios.

2.2. Gravedad de la situación de cada víctima

La gran mayoría de los animales no humanos nace, o bien en el sistema de explotación, o bien en la naturaleza. En ambos casos, lo normal es que tengan vidas llenas de sufrimiento (en buena parte de los casos sin ninguna experiencia positiva) y una muerte muy prematura, generalmente extremadamente dolorosa. Por supuesto, existen humanos que tienen vidas llenas de sufrimiento, mueren prematuramente y tienen muertes muy dolorosas. Sin embargo, los humanos normalmente no padecen un destino equivalente al de los animales en las granjas industriales o en la naturaleza.

2.3. Cantidad de víctimas

Contabilizando las muertes de vertebrados e invertebrados, terrestres y acuáticos, la mata entre 34 y 54 billones de animales al año9. Importante: esta cifra se refiere solo a las muertes de animales como consecuencia de su explotación. No se computan las que son resultado indirecto de actividades humanas ni de .

Como comparación, considere que las muertes de humanos (sumando todas las causas, incluidas las causas naturales) se estiman en 55,3 millones al año10. La diferencia entre estas cifras es tan inmensa que es difícil visualizarla. A efectos de la argumentación, dejemos de lado la cantidad de invertebrados muertos y computemos solo la cantidad de peces, aves y mamíferos muertos al año: “apenas” unos 2 billones11. Solo esa cantidad ya significa que en la explotación animal se matan por día alrededor de 5.500 millones de vertebrados (compare esta cifra con la población humana mundial, que es de 8.000 millones). Si incluimos a los invertebrados, se matan por día entre 93.000 millones y 147.000 millones de animales.

Además, cantidades literalmente astronómicas de animales que viven fuera del control humano directo (como los que viven en la naturaleza) tienen vidas llenas de sufrimiento y mueren prematuramente ya a causa de los propios procesos naturales. No hay estadísticas precisas sobre esa cantidad de víctimas, pero según algunas estimaciones, en un momento dado habría entre 1 y 10 trillones de animales en la naturaleza12. La diferencia de tamaño en comparación con la población humana es tan astronómica que, para visualizarla con claridad, tenemos que recurrir a analogías. Por ejemplo, si hacemos una analogía con el período de un año, la población humana sería, como máximo, 0,25 segundos del año. Todo el resto (364 días, 23 horas, 59 minutos y 57,5 segundos) serían los animales en la naturaleza. Es como tomar una hoja A4 y hacer un punto con un bolígrafo (el punto sería la población humana; toda la parte blanca sería la población de animales en la naturaleza).

2.4. Hay tantas víctimas que hasta los especistas tendrían que priorizar la causa animal

Estas cifras son tan inmensas que, aun si se diera un peso mucho mayor al bien de los humanos, curiosamente, todavía tendríamos que concluir que hay que priorizar el intento de cambiar la situación de los animales no humanos. Veamos por qué:

Supongamos que un sufrimiento de la misma magnitud importara 10 veces más si las víctimas fueran humanas. Esto significaría que, para invertir en ayudar a animales no humanos la misma cantidad de recursos que invertiríamos en ayudar a humanos, tendría que haber 10 veces más animales no humanos sufriendo lo equivalente (o bien cantidades iguales de humanos y no humanos sufriendo, pero con los no humanos sufriendo 10 veces más).

Supongamos ahora que la cantidad anual de animales no humanos en una situación de sufrimiento extremo fuera mucho menor de lo que realmente es: imaginemos que fuera “apenas” un billón de individuos. Imaginemos que la cantidad anual de humanos que padecen un sufrimiento equivalente al que padecen los animales no humanos fuera mucho mayor de lo que realmente es: supongamos que fuera el total de la población humana (es decir, 8.000 millones de individuos). Si el sufrimiento humano importara 10 veces más que el sufrimiento equivalente de animales no humanos, entonces el sufrimiento de los 8.000 millones de humanos se multiplicaría por 10 (es decir, equivaldría al sufrimiento de 80.000 millones de animales no humanos). El sufrimiento de cada animal no humano, a su vez, se multiplicaría por 1 (es decir, 1 billón). Aun haciendo todas estas concesiones, en este caso todavía tendríamos que invertir 12,5 veces más recursos para ayudar a los animales no humanos.

Si tenemos en cuenta las cifras reales, la proporción es astronómicamente mayor. Como vimos, la población mundial de humanos ronda los 8.000 millones y la de animales no humanos sintientes, de 1 a 10 trillones13. Es decir, por cada humano existen entre 126 millones y 1.260 millones de animales no humanos sintientes. Para negar la prioridad de mejorar la situación de los animales no humanos, habría que postular que el sufrimiento humano importa al menos 126 millones de veces más que el sufrimiento equivalente de animales no humanos. Desde un punto de vista no sesgado, no hay siquiera justificación para dar un peso ligeramente mayor al bien de los humanos, mucho menos para una discrepancia de ese nivel.

2.5. ¿Cuántas personas ya se preocupan por esta cuestión?

La cantidad de personas que se dedican a cada causa y los recursos recaudados no son proporcionales a la cantidad de víctimas de las que se ocupa cada causa.

Por ejemplo, de todas las donaciones hechas en los Estados Unidos, el 97% del monto recaudado va a causas humanas14. El otro 3% va a causas y de defensa animal (y no se sabe cuánto de ese 3% va a la causa animal; solo se sabe que la popularidad de la causa animal es mucho menor que la de la causa ambientalista).

Incluso entre las personas que suelen donar a la causa animal, en promedio más de dos tercios de sus donaciones van a causas humanas15. Además, una parte de los recursos destinados a las causas humanas se utiliza en la compra de productos de la explotación animal, lo que contribuye al aumento de la cantidad de animales que sufren y mueren.

Así, no es solo que los demás animales reciben menos ayuda que los humanos: en la gran mayoría de los casos no reciben ayuda alguna y, además, se los usa como si fueran cosas, lo que normalmente implica su muerte y una vida de sufrimiento extremo.

Como vimos en el Capítulo 1, apartado 1.7, cuanto más está una causa, más diferencia marca cada persona adicional que trabaja en ella. Así, si nuestro objetivo es hacer el mundo menos malo de forma eficiente, el hecho de que la causa animal esté ampliamente desatendida (a pesar de la enorme cantidad de víctimas y de la gravedad de su situación) es una razón adicional para priorizarla.

2.6. Tratabilidad y cantidad de beneficio que podría causarse

Podría pensarse que no hay nada que pueda hacerse para cambiar la situación de los animales no humanos y que, entonces, el hecho de que representen una cantidad astronómica de víctimas no dice nada en términos de prioridad, si no hay nada que podamos hacer para ayudar a la

mayoría de ellas. Pero hay muchas cosas que podemos hacer por los animales no humanos, y nuestras decisiones afectan a una gran cantidad de ellos. A continuación hay algunos ejemplos.

(1) En cuanto a los animales explotados, es posible elegir no consumirlos, reduciendo así la demanda de productos de origen animal y la cantidad de animales que nacerían para una vida de sufrimiento.

(2) También en cuanto a los animales explotados, es posible invertir en el desarrollo, el abaratamiento y la implementación de sustitutos del uso de animales, como la carne cultivada.

(3) También es posible reivindicar cambios de actitud en el público y en la legislación con la meta de reconocer a los animales como seres sintientes que deberían estar protegidos por derechos16.

(4) Hay varias maneras en que ya se está ayudando a los animales salvajes, y mucho más podría investigarse en ese sentido. Estudios de este tipo podrían contribuir mucho a aumentar la eficiencia en el uso de recursos para reducir el sufrimiento. Por ejemplo, podrían realizarse estudios sobre el impacto de cada tipo de suelo en las tasas de nacimiento de las especies de aquellos animales que tienden a tener vidas predominantemente negativas o positivas. Esto podría evitar que, literalmente, cantidades astronómicas de animales llegaran a nacer solo para experimentar sufrimiento extremo.

2.7. Conclusión

Si el análisis anterior es correcto, la causa animal cumple muy bien todos los criterios de prioridad. El predominio de una mentalidad es lo que hace que no reciba la importancia que merece.

Sin embargo, quedan dos cuestiones: (1) La causa animal se ocupa de varios problemas. ¿Cuáles priorizar? (2) ¿Existen otros temas que cumplen tan bien como ella (o tal vez incluso mejor) los criterios de prioridad, y que incluso los activistas de la causa animal no suelen advertir? Discutiremos estas cuestiones en el próximo capítulo.

Texto de Luciano Carlos CunhaColección Un recorrido por la ética animal, Volume VIII
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Practica

Capa de estudio. Las respuestas se basan en el texto del capítulo.

Según el capítulo, ¿qué porcentaje de las donaciones en Estados Unidos va a causas humanas?

¿Por qué incluso los especistas tendrían que dar prioridad a la causa animal?

Para pensar

¿Cuánto de lo que donas o dedicas va a causas relacionadas con animales? ¿Refleja eso la escala del problema?

Notas del autor 8
  1. 9 Solo la cantidad de camarones pescados directamente en el mar ya ronda los 25 billones al año. Sobre esto, ver Waldhorn; Autric (2023). Para estadísticas sobre la explotación de invertebrados terrestres, ver Schukraft (2019) y Rowe (2020, 2021a, 2021b). Sobre la explotación de vertebrados e invertebrados acuáticos, ver Waldhorn; Autric (2023) y (2019). Sobre vertebrados terrestres, ver (2018) y Sanders (2018). Para más detalles, ver el primer capítulo del cuarto volumen de esta colección. ↩
  2. 10 Estadísticas disponibles en: https://www.worldometers.info/. Consultado el: 26 oct. 2022. ↩
  3. 11 Estadísticas disponibles en Our World in Data (2018) y Fishcount (2019). ↩
  4. 12 Ver National Museum of Natural History & Smithsonian Institution (2008) y (2019 [2009]). ↩
  5. 13 Ver Tomasik (2019 [2009]). ↩
  6. 14 Kateman (2021). ↩
  7. 15 Anderson (2018, p. 9). ↩
  8. 16 Para un resumen del debate sobre diversas estrategias posibles para la causa animal, ver (2019). ↩
Fuentes citadas en este texto 11

La lista completa del volumen está en las referencias del Volumen VIII.

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