Questão
de Ética

Volumen VIII · Un activismo eficiente · capítulo 8

Objeciones normativas disfrazadas de objeciones estratégicas

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A veces quien está en desacuerdo con una meta (objeción normativa) lo presenta como una duda estratégica ("sería genial, pero no va a funcionar"); la carga de la prueba recae en quien hace esas afirmaciones, y hay razones para desconfiar de ellas.

Texto original Luciano Carlos Cunha · Volumen VIII, p. 59 de la edición en PDF · traducción al español

8.1. Objeciones normativas y objeciones estratégicas

A veces alguien no está de acuerdo con determinada meta. Llamaremos a esto objeción normativa. Otras veces, alguien está de acuerdo con la meta, pero cree que determinada estrategia no será eficiente para alcanzarla. Llamaremos a esto objeción estratégica.

Algunas veces las personas declaran sinceramente si su objeción es normativa o estratégica. Sin embargo, hay casos en los que alguien dice que su desacuerdo es estratégico, pero en realidad no está de acuerdo con la meta propuesta. En este texto exploraremos cómo ocurre esto en los debates sobre cuestiones de ética animal.

8.2. La afirmación de que “eso sería excelente, pero no va a funcionar”

Hay muchos casos en los que alguien afirma que está de acuerdo con cierta propuesta, pero alega que defenderla sería inútil (es decir, que no tendría efecto) o incluso contraproducente (es decir, que tendría el efecto contrario al pretendido).

Los argumentos de este tipo surgen con frecuencia contra cualquier posición que señale que deberíamos preocuparnos por algo que hasta entonces no habíamos visto como un problema. A continuación veremos algunos ejemplos.

8.3. Ejemplos en cuestiones de ética animal

A continuación hay ejemplos de argumentos de este tipo en siete contextos distintos:

Ejemplo 1. Ante la propuesta de considerar moralmente a los animales, afirmar algo como:

“Estoy de acuerdo en que debemos considerar a los animales. Sin embargo, si ya es difícil que las personas consideren a los humanos, mucho más lo será que consideren a los demás animales. Por eso, es mejor dejar para las generaciones futuras la defensa de los animales y ahora defender solo a los humanos, pues eso es lo que hará posible que en el futuro las personas pasen a considerar a los animales. Señalar ahora que las razones para considerar a los humanos implican considerar a los animales solo hará que las personas vean como absurda la idea de y rechacen entonces considerar incluso a los humanos”.

Ejemplo 2: Ante la propuesta de luchar contra el especismo, afirmar algo como:

“Estoy de acuerdo en que debemos rechazar el . Sin embargo, si ya es difícil que las personas rechacen el racismo y el sexismo, mucho más lo será que rechacen el especismo. Por eso, es mejor dejar para las generaciones futuras la lucha contra el especismo y ahora centrarnos solo en luchar contra el racismo y el sexismo, pues eso es lo que hará posible que en el futuro las personas rechacen el especismo. Señalar en el momento actual que rechazar el racismo y el sexismo implica rechazar el especismo solo hará que las personas no rechacen ni el racismo ni el sexismo”.

Ejemplo 3: Ante la propuesta de defender la abolición de la explotación animal, afirmar algo como:

“Estoy de acuerdo en que la debe abolirse. Sin embargo, si ya es difícil que las personas acepten explotar menos a los animales, mucho más lo será que acepten abolir la explotación. Por eso, es mejor dejar para las generaciones futuras la defensa de la abolición y ahora centrarnos solo en reformas de la explotación animal, pues eso es lo que hará posible que en el futuro las personas acepten abolirla. Defender ahora la abolición solo hará que las personas rechacen incluso reducir el sufrimiento de los animales explotados”.

Ejemplo 4: Ante la propuesta de llamar la atención sobre la situación de los invertebrados (pues son la gran mayoría de los animales, tanto en el sistema de explotación como en la naturaleza), afirmar algo como:

“Estoy de acuerdo en que debemos considerar a los invertebrados. Sin embargo, si ya es difícil que las personas consideren a los vertebrados, mucho más lo será que consideren a los invertebrados. Por eso, es mejor dejar para las generaciones futuras la defensa de los invertebrados y ahora centrarnos solo en los vertebrados, pues eso es lo que hará posible que en el futuro las personas consideren a los invertebrados. Defender ahora a los invertebrados solo hará que las personas no acepten considerar ni siquiera a los vertebrados”.

Ejemplo 5: Ante la propuesta de ayudar a los animales salvajes víctimas de procesos naturales , afirmar algo como:

“Estoy de acuerdo con la propuesta de ayudar a los víctimas de . Sin embargo, si ya es difícil que las personas acepten ser veganas, mucho más lo será que acepten preocuparse por el sufrimiento y la muerte que no derivan de prácticas humanas. Por eso, es mejor dejar esta cuestión para las generaciones futuras y ahora centrarnos solo en el , pues eso es lo que hará posible que en el futuro las personas acepten la propuesta de ayudar a los animales salvajes. Señalar ahora que considerar a los animales implica, además de rechazar su explotación, ayudar también a los animales salvajes solo hará que las personas no rechacen ni siquiera la explotación”.

Ejemplo 6: Ante la propuesta de que deberíamos hacer algo para prevenir que en el futuro el sufrimiento se multiplique hasta niveles astronómicos, afirmar algo como:

“Estoy de acuerdo con la preocupación por el futuro a largo plazo. Sin embargo, si ya es difícil que las personas se preocupen por el presente o por el corto plazo, mucho más lo será que se preocupen por el largo plazo. Por eso, es mejor dejar para las generaciones futuras la defensa de la preocupación por el largo plazo y ahora centrarnos solo en el presente o en el corto plazo, pues eso es lo que hará posible que en el futuro las personas acepten la preocupación por el largo plazo. Señalar ahora que considerar a los seres sintientes del presente o del futuro próximo implica considerar a los seres sintientes del futuro lejano solo hará que las personas no acepten considerar ni siquiera a los seres del presente.

Ejemplo 7: Ante la propuesta de que, si en el futuro llegan a existir seres sintientes no orgánicos, deben recibir tanta consideración como cualquier otro ser sintiente, afirmar algo como:

“Estoy de acuerdo con la consideración por los seres sintientes no orgánicos. Sin embargo, si ya es difícil que las personas acepten considerar a los animales, mucho más lo será que acepten considerar a seres sintientes no orgánicos. Por eso, es mejor dejar para las generaciones futuras la defensa de todos los seres sintientes, orgánicos y no orgánicos, y ahora centrarnos solo en los animales, pues eso es lo que hará posible que en el futuro las personas acepten considerar a seres sintientes no orgánicos, en caso de que lleguen a existir. Señalar ahora que considerar a los animales implica considerar a seres sintientes no orgánicos en caso de que lleguen a existir solo hará que las personas no acepten considerar ni siquiera a los animales.

Los ejemplos anteriores son solo algunas muestras de este tipo de argumento. Como ya debe estar claro, todos siguen un mismo patrón (que detallaremos en el apartado 8.7), y ese patrón aparece en muchos otros contextos. Sin embargo, los ejemplos anteriores bastan para lo que este texto pretende discutir.

8.4. Una posibilidad: que la motivación real no sea la declarada

Algo común a todos los ejemplos anteriores es el hecho de que las objeciones se presentan como objeciones estratégicas. Es decir, quien plantea la objeción subraya que está de acuerdo con la meta propuesta, pero alega que defenderla (o, al menos, defenderla ahora) será inútil o incluso contraproducente.

Es posible que, en varios casos en los que se hacen las afirmaciones anteriores, la reserva sea realmente estratégica. Sin embargo, hay al menos otra posibilidad: que en realidad la persona no esté de acuerdo con la meta propuesta, pero diga que se opone a defenderla por razones estratégicas.

En resumen, puede ser que, aunque se diga “no hagas eso porque no va a funcionar”, el temor real sea exactamente el contrario: “no hagas eso porque puede funcionar, y yo no quiero ese resultado”. Es decir, aunque se diga “no sirve de nada defender eso porque nadie lo va a aceptar”, puede ser que en realidad el temor real sea que las personas acepten lo que se está proponiendo. En estos casos, lo que se busca es lograr que el interlocutor desista de defender una idea con la que no se está de acuerdo, pero fingiendo que se está de acuerdo con ella.

Esto no significa que se haga necesariamente de modo deliberado. Es posible que sea deliberado en algunos casos y que en otros se haga de modo inconsciente. Pero, sea consciente o inconsciente, es una de objeción estratégica.

8.5. ¿Es posible detectar una objeción normativa disfrazada?

¿Hay forma de saber cuándo alguien presenta una objeción estratégica para disimular que su desacuerdo es normativo? Una posible prueba sería preguntar: “si descubrieras que estás equivocado, y que defender la idea en cuestión ahora es la mejor forma de alcanzarla y de alcanzar las otras metas que deseamos, ¿seguirías oponiéndote a defenderla?”. Si en ese caso la persona sigue oponiéndose, entonces su objeción es normativa.

Sin embargo, esta prueba no tendrá éxito si quien disfraza su objeción normativa de objeción estratégica lo hace deliberadamente y percibe que estamos intentando averiguar si su reserva es realmente estratégica, como dice. Si percibe que lo estamos poniendo a prueba, podrá mentir afirmando que, si defender la idea en cuestión ahora fuera una buena estrategia, aceptaría de inmediato defenderla.

Sin embargo, esta prueba funcionará si el objetivo es averiguar esto en nosotros mismos. Como veremos con más detalle en el apartado 8.7, a veces la objeción normativa se disfraza de objeción estratégica de modo inconsciente. Entonces, siempre es posible que alguien se pregunte a sí mismo: “si se demostrara que defender la idea en cuestión ahora es una buena estrategia para alcanzar lo que propone, ¿seguiría estando en contra?”. Si la respuesta es sí, el desacuerdo es normativo.

8.6. ¿Por qué ocurre esto?

Si alguien no está de acuerdo con cierta meta, ¿por qué simplemente no dice que su desacuerdo es normativo, en lugar de decir que su objeción es estratégica cuando no es así? Hay varias razones por las que es posible que esto ocurra. A continuación hay cuatro ejemplos.

Una primera posibilidad es que la persona lo haga para que no quede en evidencia que no tiene buenos argumentos para rechazar la meta propuesta.

Una segunda posibilidad es que la persona piense que el disfraz hará más fácil convencer al interlocutor. Por ejemplo, alguien podrá pensar que el interlocutor no prestará oídos a quien no está de acuerdo con su meta, pero sí escuchará a quienes aceptan la meta pero piensan que defenderla ahora será inútil o contraproducente.

Una tercera posibilidad es que alguien perciba que la idea en cuestión es cada vez más aceptada, y que discrepar de ella podría estar mal visto. Tomemos un ejemplo con la consideración moral de los animales no humanos. En décadas anteriores, las objeciones a tal consideración solían ser explícitamente normativas: se defendía que no tenemos obligaciones hacia los animales, que los humanos deben recibir un trato privilegiado, que la explotación animal está justificada, etc. Sin embargo, con el paso de los años, un número cada vez mayor de personas pasó a rechazar el especismo. Así, si alguien percibe que defender el especismo puede “no quedar bien”, eso puede llevarlo a decir que su desacuerdo es estratégico (para disimular que la objeción es normativa). Lo mismo vale para los contextos de los demás ejemplos que vimos.

Por último, una cuarta posibilidad es el deseo de evitar la disonancia cognitiva, es decir, el malestar que surge de tener creencias en conflicto entre sí o de tener actitudes en conflicto con nuestras creencias. Por ejemplo, puede ser que alguien crea que la propuesta en cuestión tiene buenas razones a su favor, pero que esta contradiga creencias y actitudes que cultivó durante muchos años. Así, pasa a afirmar que defender la propuesta en cuestión no va a funcionar, para poder seguir manteniendo las creencias y actitudes que tenía antes y escapar así de la disonancia cognitiva. Un buen ejemplo es cuando se afirma que ayudar a los animales salvajes solo empeoraría todo, a pesar de la buena intención, sin investigar si eso realmente ocurriría.

Cuando se hacen aquellas afirmaciones que vimos en el apartado 8.3, rara vez quienes las proponen investigan si lo que afirman tendría o no grandes probabilidades de ocurrir. Si no hay tal investigación, entonces muy probablemente la afirmación se hace solo para evitar la disonancia cognitiva, y no porque la persona realmente tenga buenos datos para afirmar que lo que alega ocurriría de hecho. Hablaremos más de esto a continuación.

8.7. Un patrón común en las objeciones de este tipo

En el apartado anterior hablamos de las posibles motivaciones detrás de aquellas afirmaciones que vimos en el apartado 8.3. ¿Será que la persona realmente discrepa por razones estratégicas o será que está disimulando su desacuerdo normativo? Si es este segundo caso, ¿lo hace de modo deliberado o inconsciente? Sea de modo deliberado o inconsciente, ¿por qué razón lo hace?

Todo esto es interesante desde el punto de vista de la psicología. Sin embargo, para evaluar si las afirmaciones en cuestión son o no plausibles, no es necesaria esa investigación sobre la motivación real que hay detrás de ellas. En este apartado y en los dos siguientes discutiremos la plausibilidad de las afirmaciones.

Para empezar, es importante observar que hay un patrón común en todas aquellas afirmaciones:

(1) Que nadie aceptará lo que se está proponiendo mientras no se acepte otra actitud.

(2) Que lograr que las personas acepten esa otra actitud es tan crucial para preparar el terreno para la aceptación de lo que se está proponiendo que deberíamos centrarnos exclusivamente en esa otra actitud y dejar para las próximas generaciones la defensa de lo que queremos proponer.

(3) Que defender ahora la propuesta en cuestión hará que las personas no acepten otras posiciones que queremos que acepten.

A continuación discutiremos a quién corresponde la con respecto a estas afirmaciones.

8.8. ¿A quién corresponde la carga de la prueba?

Quienes proponen aquellas afirmaciones suelen suponer que quien no está de acuerdo con ellas tiene que probar que no podrían ser verdaderas. Es decir, suponen que el mero hecho de que no sea imposible que esas cosas ocurran traslada la carga de la prueba al otro lado. Pero no es así. La carga de la prueba corresponde enteramente a quien hace tales afirmaciones: es quien debe mostrar que esas cosas ocurrirían de hecho (o, al menos, que habría una gran probabilidad de que ocurrieran).

Esto es así por un motivo simple: la carga de la prueba corresponde siempre a quien hace una afirmación que no es obvia. Por ejemplo, si afirmo que quienes tienen un nombre que empieza con la letra L tienen una predisposición a que les gusten las canciones que empiezan en el tono de do menor, me corresponde a mí probar que eso es verdad (y no a quien lo duda probar que es falso).

Para entender mejor por qué la carga de la prueba corresponde a quien hace tales afirmaciones, considere el siguiente ejemplo.

Ejemplo 8: Ante la propuesta de combatir el racismo y el sexismo, que alguien afirme algo como:

“Estoy de acuerdo en que debemos rechazar el racismo y el sexismo. Sin embargo, si ya es difícil que las personas consideren a los individuos de su propia raza y de su propio género, mucho más lo será que rechacen el racismo y el sexismo. Por eso, es mejor dejar para las generaciones futuras la lucha contra el racismo y el sexismo y ahora centrarnos solo en luchar para que las personas respeten a los individuos de su propia raza y de su propio género, pues eso es lo que hará posible que, en el futuro, las personas rechacen el racismo y el sexismo. Señalar ahora que lo que realmente explica por qué debemos respetar a los individuos de la propia raza y del propio género implica rechazar el racismo y el sexismo solo hará que las personas no respeten ni siquiera a los individuos de su propia raza y de su propio género”.

Ante una posición de este tipo, quedaría muy claro que se están haciendo afirmaciones que son, como mínimo, muy controvertidas (y, en ese caso, la posibilidad de que se esté disfrazando de desacuerdo estratégico un desacuerdo que en realidad es normativo probablemente se percibiría de inmediato). Observe que no es imposible que tales afirmaciones sean verdaderas. Pero, como tales afirmaciones no son nada obvias (de hecho, son muy controvertidas), corresponde a quienes las proponen probar que son verdaderas (o, al menos, que tienen una probabilidad muy alta de cumplirse).

Pero no es eso lo que suele ocurrir en el caso de las afirmaciones que vimos antes. Normalmente, quienes las proponen, o bien suponen que es el otro lado el que tiene que probar que son falsas, o bien intentan “cumplir” con la carga de la prueba diciendo cosas como “es obvio que todo eso ocurriría” o “conozco casos en los que eso ocurrió”. Nada de eso cumple con la carga de la prueba. Primero, porque decir “es obvio que todo eso ocurriría” no es ofrecer razón alguna para pensar que ocurriría. Segundo, porque señalar casos en los que ocurrió no muestra que eso ocurriría en la mayoría de los casos, ni siquiera que ocurriría con frecuencia.

No es fácil cumplir con la carga de la prueba con respecto a las afirmaciones que vimos en el apartado 8.3. Primero, porque cada una de ellas implica no una sola afirmación controvertida, sino tres. Segundo, porque si una de las tres no se prueba, el argumento ya se debilita mucho, aunque se probaran las otras dos.

Además, hay varias razones para dudar de tales afirmaciones. En el apartado siguiente veremos cada una de esas razones por separado.

8.9. Razones para rechazar las afirmaciones

Vimos en el apartado anterior que la carga de la prueba corresponde a quien hace aquellas afirmaciones. En este apartado veremos que, además, pueden ofrecerse razones para dudar de las afirmaciones en cuestión. Veremos también que algunas de aquellas afirmaciones, aunque fueran verdaderas, no fundamentarían la conclusión a la que aspiran quienes las proponen.

Consideremos la afirmación de que nadie aceptará lo que se está proponiendo mientras no se acepte otra actitud. Supongamos que ese fuera el caso. El hecho es que, como ya hay personas que aceptan la otra actitud, quien hace la afirmación tendría que admitir que esas personas podrían aceptar lo que se está proponiendo. Por ejemplo, una de las afirmaciones es que, para aceptar ayudar a los animales salvajes, alguien tiene que ser vegano antes. Como hay personas que ya son veganas, quien hace tal afirmación tendría que admitir que vale la pena hablar con esas personas sobre ayudar a los animales salvajes. Lo mismo vale para cualquiera de las afirmaciones de los demás ejemplos.

Además, hay casos que muestran que aceptar la otra actitud no es necesario para aceptar lo que se está proponiendo. Tomemos de nuevo como ejemplo la propuesta de ayudar a los animales salvajes. De hecho, varios de sus defensores relatan que a las personas les resulta más fácil aceptarla que aceptar el veganismo. Esto es así porque tal propuesta exige individualmente menos de cada uno de nosotros que el veganismo, pues normalmente quienes ayudarían serían los profesionales de los programas de ayuda (lo que cada uno de nosotros tendría que hacer es apoyar esos programas), mientras que el veganismo implica que cada uno de nosotros modifique su forma de alimentarse y de vestirse, por ejemplo. Esto muestra que, para aceptar la propuesta de ayudar a los animales salvajes, es falso que alguien tenga que ser vegano antes. En cualquiera de los demás ejemplos, señalar el caso de personas que aceptan lo que se está proponiendo, pero que no aceptan la otra actitud, demuestra que aceptar esa otra actitud no es necesario para aceptar lo que se está proponiendo.

E incluso si aceptar la otra actitud fuera necesario para aceptar lo que estamos proponiendo, eso no implica necesariamente que debamos dejar de defender lo que proponemos y dejar esa tarea para las generaciones futuras. Por ejemplo, podría ser que defender ahora las dos ideas simultáneamente fuera lo mejor para lograr lo que buscamos.

Por último, también hay razones para dudar de la afirmación de que defender ahora las propuestas en cuestión hará que las personas no acepten otras posiciones que queremos que acepten. Hay al menos otras dos posibilidades. Primero, puede ser que lo que se está proponiendo no tenga influencia alguna en que las personas acepten o rechacen esas otras posiciones. Segundo, también existe la posibilidad de que lo que se está proponiendo en realidad contribuya a que las personas entiendan por qué deben aceptar esas otras posiciones y, así, las ayude a aceptarlas.

Por ejemplo, si le explicamos a alguien que los seres sintientes del futuro importan porque también podrían ser perjudicados y beneficiados, ya que serían capaces de sufrir y de disfrutar, es fácil explicar por qué la consideración moral por los animales (no humanos y humanos) se basa en los mismos pilares. Análogamente, si le explicamos a alguien que el especismo es injusto porque viola el principio de igual consideración, resulta fácil explicar que debemos rechazar el racismo y el sexismo por el mismo motivo. Si explicamos que debemos preocuparnos por la situación de los animales salvajes porque son seres sintientes y los procesos naturales los perjudican, resulta fácil percibir que también debemos preocuparnos por las prácticas humanas que perjudican a seres sintientes, sean domesticados o salvajes, y así sucesivamente.

Como vimos en el apartado anterior, la carga de la prueba corresponde a quien hace aquellas afirmaciones. Sin embargo, como vimos en este apartado, además tenemos también razones para dudar de esas afirmaciones.

Texto de Luciano Carlos CunhaColección Un recorrido por la ética animal, Volume VIII
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Practica

Capa de estudio. Las respuestas se basan en el texto del capítulo.

¿Qué es una objeción normativa disfrazada?

Según el capítulo, ¿sobre quién recae la carga de la prueba?

Para pensar

¿Alguna vez usaste "no va a funcionar" para no admitir que no querías algo?

Este capítulo en el Volumen XII

Cómo resume el autor este debate en Lo esencial sobre ética animal.

Al hablar de los seres sintientes, ¿debemos hablar solo de los no humanos, o de problemas humanos también? (VIII, cap., 4,6,8)
A favor de un foco amplio. Abordar problemas humanos puede hacer que otros movimientos sociales acepten mejor el movimiento de defensa de los animales, al percibir que hay metas comunes (la consideración por todos los seres sintientes). A favor de centrarse en los animales. La gran mayoría de las personas ya se centra en problemas humanos y desatiende la situación de los animales. Por eso hay razones para enfatizar la situación de los animales, ya que los recursos para la causa animal son mucho más limitados y esta causa está mucho más desatendida.

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