Volumen VIII · Un activismo eficiente · capítulo 11
El debate sobre regular la explotación animal
Antes de leer capa de estudio, no forma parte del texto original
El debate sobre regular la explotación implica dos cuestiones causales: si las reformas llevan a la abolición y si reducen el sufrimiento; hay argumentos de los dos lados, y las reformas deben compararse con otras estrategias, como la carne cultivada y la educación antiespecista.
Algunas personas creen que las leyes que agrandan las jaulas ayudan a que algún día se acaben las jaulas. Otras creen que esas leyes hacen pensar a la gente que todo está bien. El libro muestra los argumentos de los dos lados.
Reformar una prisión injusta puede aliviar hoy la vida de los presos, pero también puede hacer que la prisión parezca aceptable. Hay que sopesar los dos efectos.
- P1 Hay quienes sostienen que la explotación regulada para reducir el sufrimiento es aceptable.
- P2 Entre quienes quieren la abolición, se discute si regular lleva a ella y si reduce el sufrimiento.
- P3 Las leyes contra la crueldad suelen exigir pruebas difíciles y excluir las prácticas de la industria.
- C Las reformas deben compararse con otras estrategias, como la carne cultivada, la educación antiespecista y el fomento del veganismo.
El argumento central del capítulo en forma lógica. Si las premisas son verdaderas, la conclusión se sigue. Para discrepar, tienes que mostrar qué premisa es falsa.
Dicen “Basta con regular la explotación para que no haya crueldad.”
Respuesta Esas leyes suelen exigir que se pruebe que el explotador disfrutó causando sufrimiento, y no alcanzan a las prácticas habituales de la industria. Además, matar sigue siendo un daño.
Más objeciones y respuestas en Desmontando objeciones.
Texto original Luciano Carlos Cunha · Volumen VIII, p. 78 de la edición en PDF · traducción al español
11.1. Introducción
Hay personas que defienden que, siempre que la esté regulada para que los animales no sufran (o para que sufran menos, según la variante), no tiene nada de malo, aunque los animales sean matados.
Existen al menos dos buenas razones para rechazar esta posición. La primera es que los animales también son perjudicados por la muerte, independientemente del sufrimiento. La segunda es que es , pues ve a los animales como meros recursos para los humanos, con lo que viola el principio de igual consideración y el principio de imparcialidad.
Sin embargo, entre las personas que reconocen que la explotación animal debería abolirse, hay al menos otros dos debates que giran en torno a la regulación de la explotación animal.
- El primer debate trata de saber si regularla podría ayudar a abolirla gradualmente y, en caso afirmativo, si los defensores de los animales deberían defender tales regulaciones.
- En cambio, el segundo debate trata de saber si regularla podría reducir el sufrimiento de los animales explotados (independientemente de que ayude o no a abolir la explotación) y, en caso afirmativo, si los defensores deberían defender tales regulaciones.
A continuación veremos por separado los principales argumentos en discusión en los dos debates45.
11.2. El debate en torno a la relación causal entre regulación y abolición
Como vimos, en el primer debate hay dos cuestiones:
(1) ¿Podría regular la explotación animal ayudar a abolirla gradualmente?
(2) Si es así, ¿deberían los defensores de los animales defender tales regulaciones?
A continuación abordaremos cada una de estas cuestiones por separado.
11.2.1. ¿Podría regular la explotación animal ayudar a abolirla?
Hay dos argumentos principales de quienes defienden que regular la explotación animal podría ayudar a abolirla gradualmente.
El primero es que regulaciones cada vez más exigentes podrían hacer cada vez más difícil explotar a los animales, y poco a poco eso conduciría a la abolición, pues los explotadores verían que la explotación no tiene una buena relación costo-beneficio.
El segundo es que, como las regulaciones se centran en la preocupación por el sufrimiento de los animales, eso podría hacer que el público reconociera cada vez más que los animales importan por sí mismos, al menos en alguna medida (o incluso en gran medida), lo que podría hacer que el público llegara poco a poco a apoyar incluso la abolición de la explotación.
En cambio, el principal argumento de quienes defienden que regular no ayuda a abolir gradualmente la explotación es que regular podría hacer aumentar el consumo, pues podría hacer que los consumidores se sintieran más cómodos con su consumo al pensar que los animales tienen su bienestar garantizado. Los defensores de esta posición suelen argumentar que centrarse en reformas puede reforzar la noción de que los animales son recursos para que los usemos.
11.2.2. Si regular ayuda a abolir, ¿debemos invertir en regulaciones?
Podría pensarse que, si se demuestra que las regulaciones conducen gradualmente a la abolición, entonces los defensores de los animales deben invertir en regulaciones. Sin embargo, hay que investigar si esa es la manera más eficiente de alcanzar la abolición o de ayudar a los animales en general. Si lo es, entonces ciertamente los defensores de los animales deberían invertir sus recursos en ella. Por otro lado, si hay otra u otras formas de activismo más eficientes, es en ellas en las que deberían invertir sus recursos.
Por “más eficiente” pueden querer decirse varias cosas. Por ejemplo, puede querer decirse que, con un mismo recurso, cierta estrategia alcanza antes la meta perseguida. O puede querer decirse que cierta estrategia alcanza la meta perseguida (independientemente de cuándo) gastando menos recursos. O también puede querer decirse que cierta estrategia hace que, una vez alcanzada la meta, sea más difícil revertirla. Hay varias posibilidades.
Siendo así, alguien podría defender que, aun si las regulaciones condujeran gradualmente a la abolición, usar los mismos recursos para lograr cambios de actitudes (por ejemplo, difundir la visión antiespecista), y/o centrarse en cambios tecnológicos (por ejemplo, invertir en ) y/o en cambios de comportamiento (por ejemplo, difundir el o la reducción del consumo) podría ser más eficiente para alcanzar la abolición.
De este modo, lo crucial para evaluar este punto es comparar la estrategia centrada en las regulaciones con otras posibles estrategias (y esas otras estrategias entre sí) y ver cuál (o cuáles) de ellas tiene el mejor potencial de eficiencia (teniendo en cuenta, como vimos, que el concepto de eficiencia tiene varios aspectos).
Por ejemplo, podría defenderse que invertir los mismos recursos en difundir una mentalidad antiespecista contribuiría con fuerza a que las personas dejen de consumir animales, y que eso reduciría más rápidamente la cantidad de animales explotados que invertir esos recursos en más regulaciones (aun si las regulaciones condujeran gradualmente a una reducción de la cantidad de animales explotados).
Lo mismo podría decirse comparando las regulaciones con la tecnología de la carne cultivada. Si la tecnología de la carne cultivada llega y su producción se vuelve más barata que la de la carne convencional, los propios explotadores tendrán interés en pasarse a la carne cultivada. Además, a diferencia de las regulaciones, la inversión en carne cultivada no conlleva el riesgo de aumentar el consumo de carne convencional y, por consiguiente, no conlleva el riesgo de aumentar la cantidad de animales explotados (de hecho, reduciría considerablemente esa cifra).
También podría defenderse que, aunque las regulaciones ayudaran gradualmente a abolir la explotación, si la mentalidad de las personas en general no cambia (y no rechazan el especismo), probablemente seguirán viendo a los animales como recursos y, entonces, la abolición sería fácilmente reversible una vez alcanzada. Siendo así, podría decirse que la estrategia de combatir el especismo sería más eficiente en términos de seguridad para que la abolición, una vez alcanzada, no se revirtiera.
Además, podría señalarse que la estrategia de difundir una visión antiespecista tiene un alcance que va mucho más allá de los animales explotados, ya que el rechazo del especismo implica también considerar a los animales que son víctimas de procesos naturales, que, como vimos en el apartado 3.4, son muchísimo más numerosos que los animales explotados.
Por el momento no hay estudios que pongan a prueba minuciosamente el grado de eficiencia de cada estrategia en estos o en otros aspectos. La cuestión de la eficiencia en el activismo apenas ha empezado a discutirse. Por lo tanto, se necesitan más estudios que comparen la eficiencia de cada estrategia. Esto no quiere decir, sin embargo, que debamos confiar ciegamente en tales estudios cuando lleguen a existir. Sea lo que sea que un estudio defienda en su conclusión, siempre es importante evaluar su metodología, pues, por ejemplo, los investigadores pueden estar sesgados según la estrategia de activismo que ellos mismos prefieran.
Otro punto importante es que, ante la incertidumbre sobre el grado de eficiencia de cada estrategia, es importante compensar la desatención. Es decir, cuanto menos se ha intentado una estrategia hasta ahora, o cuantas menos personas trabajan ya en ella, mayor es el potencial de marcar una diferencia positiva mayor si invertimos en ella. La inversión (en términos de recursos y de número de personas) en la estrategia de regular la explotación ha sido mucho mayor a lo largo de los años46 que la inversión en otras estrategias, como la educación antiespecista, la difusión del veganismo y de la reducción del consumo, la inversión en el desarrollo de carne cultivada, etc. Así, ante la incertidumbre, hay razones para invertir más en esas otras estrategias que en regulaciones.
11.3. El debate en torno a la relación causal entre regular y reducir el sufrimiento
En el segundo debate también hay dos cuestiones equivalentes:
(1) ¿Regular la explotación animal reduce el sufrimiento de los animales explotados?
(2) Si es así, ¿deberían los defensores de los animales defender tales regulaciones?
A continuación abordaremos cada una de estas cuestiones por separado.
11.3.1. ¿Regular la explotación reduce el sufrimiento de los animales?
El principal argumento a favor de la idea de que regular ayuda a reducir el sufrimiento de los animales explotados es que las regulaciones tienen fuerza de ley y, por lo tanto, los explotadores están legalmente obligados a cumplirlas, lo que, en teoría, hace probable que los animales se beneficien.
Del otro lado, un argumento en contra es que es posible que en la práctica la aplicación y la fiscalización de estas regulaciones sean algo muy difícil de llevar a cabo. Esto ocurre porque, ante la ley, los animales están en la categoría de bienes de propiedad de sus explotadores47. Por lo tanto, cada vez que haya un conflicto entre cumplir ciertas regulaciones que favorezcan a los animales y el interés del propietario en maximizar la ganancia con sus bienes, es casi seguro que la ley favorecerá al propietario, pues los bienes de propiedad no pueden tener derechos (y los explotadores tienen derecho a explotar sus bienes)48.
Además, aunque la ley obligue al explotador a seguir una regulación, es extremadamente difícil fiscalizar si se está cumpliendo, y más aún teniendo en cuenta la inmensa demanda de productos de origen animal. Por ejemplo, la ley ya exige el aturdimiento de un animal antes de matarlo, pero, como las líneas de los mataderos tienen que moverse a una velocidad altísima debido a la alta demanda, es muy común que los animales no queden completamente aturdidos y, entonces, sean descuartizados, troceados, despellejados o hervidos mientras todavía están plenamente conscientes49.
Para ilustrar la dificultad de aplicación y fiscalización, veamos un ejemplo con el caso de los crustáceos decápodos. Un informe oficial del gobierno del Reino Unido, publicado en noviembre de 2021, recomendó que todos los moluscos cefalópodos y crustáceos decápodos fueran reconocidos como seres y que, por lo tanto, quedaran protegidos por las leyes de
bienestar animal del Reino Unido.
Dos años después de la publicación del informe oficial, Crustacean Compassion realizó una encuesta con el objetivo de descubrir cómo se estaba aplicando la recomendación del informe oficial, tomando como base la ley The Welfare at Time of Killing (England) Regulations 2015 (conocida como WATOK), que prescribe que no se puede matar a un animal de una forma que cause dolor, agonía o sufrimiento evitables, y que cualquier persona que mate a un animal debe tener los conocimientos y las habilidades necesarios para hacerlo.
La encuesta se envió a departamentos de los 32 distritos de Londres. El resultado fue que 25 distritos no respondieron y, entre los que respondieron, muchos no reconocían que tuvieran la responsabilidad de aplicar esta ley. Además, los distritos de Kensington y Chelsea alegaron que los decápodos no están cubiertos por las leyes de bienestar animal, lo cual no es cierto. El único distrito al día con respecto al informe, Hammersmith y Fulham, tiene apenas ocho empleados en el Equipo de Seguridad Alimentaria, y reconoció que su Carta de Bienestar Animal “necesita una revisión posterior”, pues todavía no incluía a los decápodos. En el momento de la encuesta ya habían pasado dos años desde la publicación del informe del gobierno.
Además, aunque la WATOK prescribe que “cualquier persona que mate a un animal debe tener los conocimientos y las habilidades necesarios para hacerlo”, la compra de crustáceos decápodos vivos para matarlos en casa todavía está permitida en Londres. El informe de Crustacean Compassion observa que es muy improbable que el consumidor que compra un cangrejo vivo o una langosta viva en uno de los mercados de Londres logre matarlos en casa de una forma que no cause sufrimiento, especialmente cuando una langosta puede tardar entre 4 y 8 minutos en morir al ser hervida viva, que es la forma habitual de matarlas.
En respuesta a este problema, a veces se dice que, aun así, la regulación ayudaría a prevenir el sufrimiento de los animales porque, aunque exista esa dificultad de fiscalización, el hecho de que haya una ley que exige ciertos procedimientos permite demandar a la empresa por su incumplimiento. Sin embargo, aunque esta posibilidad favorezca a quienes buscan defender a los animales, esta respuesta reconoce entonces que no hay necesariamente una relación causal entre, por un lado, que se apruebe una regulación y, por otro, que el sufrimiento de los animales se reduzca de hecho.
Además, es importante tener en cuenta que, en el contexto de las leyes que regulan la explotación animal, términos como “trato cruel”, “sufrimiento innecesario” y “trato inhumano” suelen definirse de una manera muy diferente de como se usan en el lenguaje común50.
Por ejemplo, por lo general, en estas regulaciones, para que un trato se considere cruel, tiene que haber pruebas de que el agente sintió placer al causar sufrimiento (pues la crueldad es un estado mental)51. Sin embargo, los explotadores de los animales pueden simplemente alegar que no sentían placer con las prácticas que causan sufrimiento, sino que su único objetivo era maximizar la ganancia con su propiedad o realizar una investigación científica, por ejemplo. Así, al contrario de lo que el público suele pensar, en estas leyes “cruel” no es algo que se defina a partir de las consecuencias para la víctima, sino a partir del estado mental del agente. Como el estado mental de alguien es algo muy difícil de probar, las leyes que prohíben la crueldad rara vez conllevan, en la práctica, algún castigo52.
Podría pensarse que no ocurre lo mismo con el término “trato inhumano” y que este se define, entonces, a partir del daño para la víctima. Sin embargo, en las leyes que regulan la explotación animal, “trato inhumano” suele definirse como cualquier trato que no sea una práctica habitual de los humanos en esa área53. Entonces, ningún procedimiento que cause un dolor extremo se considerará trato inhumano siempre que sea una práctica habitual de los explotadores en esa área. Así, normalmente estas leyes solo prohíben casos muy inusuales de daños a los animales54.
Lo mismo ocurre con la expresión “sufrimiento innecesario”, que en estas regulaciones suele definirse como el sufrimiento que no es necesario para que el propietario alcance el fin que persigue55. Así, si el propietario muestra que el sufrimiento que causó su práctica fue necesario para alcanzar el fin que persigue (por ejemplo, maximizar las ganancias de su producción), la ley lo considerará sufrimiento necesario, aunque cause un sufrimiento extremo y aunque la actividad en sí no sea en modo alguno necesaria56.
11.3.2. Si regular reduce el sufrimiento, ¿debemos invertir en regulaciones?
En el apartado anterior vimos que hay razones para tener dudas razonables sobre si las regulaciones, una vez aprobadas, dan realmente como resultado una reducción del sufrimiento de los animales explotados. Sin embargo, supongamos, a efectos de la argumentación, que de hecho reducen considerablemente el sufrimiento de los animales explotados. Podría pensarse que eso implica automáticamente que, si nuestro objetivo es beneficiar a los animales, debemos necesariamente invertir en regulaciones. Sin embargo, hay otros factores que considerar.
El primer factor es el mismo que ya se mencionó antes: hay que investigar si hay o no otras estrategias más eficientes en términos de beneficiar a los animales. Si las hay, entonces debemos invertir en esas otras estrategias. Si no las hay, entonces debemos invertir en regulaciones. Por ejemplo, podría decirse que intentar regular implicaría un alto gasto de recursos (tiempo, dinero, personas, etc.) que podrían utilizarse de otra forma más eficiente.
El segundo factor es la posibilidad de lo siguiente: supongamos que las regulaciones reducen el sufrimiento de los animales explotados, pero hacen que el público se sienta más cómodo consumiendo animales y eso implica un aumento de la demanda de productos de origen animal. Si la regulación tiene como consecuencia aumentar el número de animales explotados al aumentar el consumo, ya es incierto que su saldo total sea más positivo que no intentar regular. Para evaluarlo, habría que sopesar el valor de reducir el sufrimiento de los animales que serían explotados frente al desvalor de hacer nacer más animales para ser explotados. Esta es una cuestión que concierne de manera crucial a la conmensurabilidad en teoría del valor. Por lo tanto, no es una cuestión que pueda resolverse con investigaciones científicas.
11.4. Varios puntos adicionales de discusión
Además de los puntos que discutimos en los apartados anteriores, hay varios puntos adicionales de discusión que son importantes para responder las cuestiones que hemos abordado hasta ahora. En los apartados siguientes veremos los principales argumentos en discusión con respecto a estos puntos adicionales.
11.4.1. ¿Aumentan las reformas los costos de la explotación?
Los defensores de las reformas argumentan que estas aumentan los costos para los productores, lo que probablemente debilita a la industria y, de paso, reduce el consumo de productos de origen animal, ya que sus precios tienden a subir57. En el mismo sentido, se argumenta que, si las reformas aumentaran las ganancias, la industria las adoptaría sin presión de los activistas58.
Sin embargo, a esto podría responderse que, si los explotadores aceptan las reformas, aunque eso pueda aumentar inicialmente los costos, también es posible que con el tiempo aumente las ganancias, debido al aumento del consumo gracias a sellos como “carne feliz” y similares, lo que tendería a mejorar la imagen de la empresa ante el público, aunque los animales sigan sufriendo inmensamente.
Otra posible respuesta es señalar que, si la resistencia de los explotadores es un problema para lograr que las reformas se hagan efectivas, entonces es más eficiente que los activistas inviertan en apoyar el desarrollo, el abaratamiento y la implementación de la carne cultivada, pues, si su producción llegara a ser más barata que la de la carne convencional, no enfrentaría la misma resistencia que tienen los explotadores hacia las reformas (de hecho, ellos mismos buscarían implementarla, pues les resultaría más rentable).
11.4.2. ¿Facilitan las reformas los cambios posteriores?
Un argumento que se plantea a veces para defender que las reformas no facilitan los cambios posteriores es señalar que las empresas podrían volverse más reacias a nuevas reformas después de haber implementado ya algunas, especialmente si las reformas ya implementadas mejoran significativamente su imagen y les cuestan poco.
Una respuesta a este argumento es señalar que en varios países, en 2015 y 2016, las nuevas reformas se sucedieron rápidamente. Por ejemplo, poco después de la transición a políticas sin jaulas, se aceptaron compromisos para acabar con la práctica de matar pollitos59.
Un contraargumento a esta constatación es señalar que se aplica con más fuerza a la facilitación de nuevas reformas que a la reducción del número de animales explotados.
Otra preocupación con respecto a que las reformas dificulten los cambios posteriores es que la industria de la explotación animal puede influir en las organizaciones de defensa animal y neutralizarlas debido a las alianzas que los activistas construyen con la industria, especialmente si hay inversión financiera o donaciones de la industria a las organizaciones de defensa animal60.
11.4.3. ¿Facilitan o dificultan las reformas la reducción del consumo?
Un argumento a favor de que las reformas facilitan la reducción del consumo es que, cuando se produce una reforma, las personas ven que su cultura incluye cierta preocupación por los animales, y eso podría llevarlas a incorporar esa preocupación y, posteriormente, a sentirse más indignadas cuando descubran que los animales todavía sufren tremendamente, incluso con las regulaciones del llamado trato humanitario61.
Un argumento en el sentido opuesto es que las reformas pueden hacer que las personas sean más propensas a consumir más productos de origen animal y a defender la explotación animal, señalando que “ahora los animales viven vidas buenas”. Por ejemplo, en una encuesta de 2017, el 75% de los adultos estadounidenses dijeron que los productos de origen animal que compran provienen de animales tratados de forma humanitaria, a pesar de que más del 99% de los animales explotados en los EE. UU. se crían en granjas industriales62.
A veces se responde a este argumento señalando que los países que han tenido más reformas de la explotación tienden también a tener tasas más altas de adhesión al vegetarianismo63. Sin embargo, a esto podría responderse que eso no muestra que sean las reformas las que facilitan la reducción del consumo. Bien podría ocurrir lo contrario (que en esos países haya más reformas porque en ellos ya había más personas preocupadas por los animales explotados para consumo) o puede ser que la reducción del consumo esté influida por otras variables distintas de las reformas.
Otro argumento en defensa de las reformas señala que la cobertura mediática de las reformas tiende a centrarse más en los problemas que todavía persisten y en los avances por venir que en cómo las cosas están mejor ahora o en que el consumo es menos preocupante64. Sin embargo, podría responderse que eso no causa necesariamente una reducción del consumo. Por ejemplo, durante el período previo a la votación de una reforma en California en 2008, no hubo una reducción del consumo de huevos asociada al aumento de la cobertura en los medios, aunque la demanda de huevos de gallinas explotadas fuera de jaulas tendió a aumentar y la demanda de huevos de gallinas confinadas en jaulas tendió a disminuir65.
Otro argumento en defensa de que las reformas facilitan la reducción del consumo es que algunos estudios descubrieron que los encuestados que leyeron sobre reformas centradas en el bienestar de los animales eran más propensos a decir que reducirían su consumo de productos de origen animal que un grupo de control que leyó sobre cambios de políticas no relacionados con los animales66.
11.4.4. ¿Son las reformas los mejores pasos graduales hacia el cambio?
Con frecuencia, las reformas se defienden con base en la afirmación de que ofrecen pasos graduales hacia la abolición. A veces, los defensores de las reformas acusan a sus opositores de tener la ilusión de que la abolición se alcanzará de la noche a la mañana67.
Sin embargo, a esto los opositores de las reformas podrían responder que saben muy bien que la abolición no se alcanzará de la noche a la mañana, pero que los mejores pasos graduales para alcanzarla no son las reformas, sino otras estrategias (como la difusión de una visión antiespecista, el impulso a la carne cultivada, el veganismo, la reducción del consumo, etc.)
Así, hay dos cuestiones en discusión aquí. La primera es: ¿ofrecen las reformas pasos graduales hacia la abolición? La segunda es: aun si los ofrecen, ¿habrá otros pasos graduales más eficientes (hacia la abolición y/o hacia un cambio general en la situación de los animales)?
En defensa de que las reformas ofrecen pasos graduales hacia la abolición, a veces se citan paralelismos con la lucha por el fin de la esclavitud humana. Por ejemplo, el movimiento británico contra la esclavitud buscó primero abolir el comercio transatlántico de esclavos (pues era más fácil de conseguir que la abolición total) y, cuando lo consiguió, pasó a centrarse en eliminar la esclavitud en las Indias Occidentales, y así sucesivamente68.
Ante estos paralelismos podría responderse que tal vez el éxito del movimiento contra la esclavitud dependió de campañas muy diferentes de lo que defienden los partidarios de las reformas de la explotación animal. Por ejemplo, es posible que el éxito del movimiento contra la esclavitud dependiera de manera crucial de que sus defensores dejaran claro que cada acción era un paso hacia la abolición, algo que por lo general no ocurre en las campañas de reforma de la explotación animal69.
También podría señalarse que, en el caso de los paralelismos citados con respecto al movimiento contra la esclavitud, los pasos graduales hacia la abolición fueron aboliciones de prácticas esclavistas específicas, y no regulaciones de las prácticas existentes. Por ejemplo, eliminar el comercio de esclavos en ciertas regiones es un paso hacia la abolición, pero una ley que regulara el número de latigazos permitidos a los esclavos no lo sería.
Otro argumento que se plantea a veces para defender que las reformas facilitan la abolición señala que, si la industria se opone a las reformas, el público podría llegar a estar de acuerdo en que la única manera de resolver el problema es por medio de la abolición70. Sin embargo, una respuesta a este argumento es señalar que eso solo ocurrirá si hay una buena parte del público que se preocupa seriamente por los animales, lo que muestra que las reformas, por sí solas, no conducen a la abolición (pues, para que exista un movimiento por la abolición, es necesario un aumento de la consideración por los animales no humanos en la sociedad).
11.4.5. La posibilidad de sesgos en ambos lados
Los defensores de las reformas argumentan a veces que algunos activistas pueden estar sesgados al pensar que las reformas facilitan la aceptación de la explotación, debido al deseo de que los
cambios ocurran rápidamente y a la consiguiente frustración por la lentitud de los cambios71. Otro argumento que podría plantearse en el mismo sentido sería señalar que el reconocimiento de que la explotación animal es injusta y debería abolirse podría llevar a las personas a afirmar que las reformas no son eficaces para abolirla (lo harían para evitar el malestar que surgiría de admitir que las reformas de la explotación podrían ser algo bueno). Por último, los defensores de las reformas suelen mencionar que hay un acuerdo mayoritario entre los investigadores del movimiento del altruismo eficaz en que las regulaciones dificultan la explotación animal más de lo que la facilitan72.
Sin embargo, también hay que pueden llevar a las personas a adoptar una posición favorable a las reformas. Por ejemplo, debido al sesgo de compromiso, los investigadores que han estado involucrados durante mucho tiempo en el apoyo a las reformas pueden verlas como más positivas de lo que realmente son (aunque el sesgo de compromiso también puede afectar a la visión opuesta, si alguien ya ha invertido mucho en una posición contraria a las reformas). Además, debido al sesgo del efecto de arrastre, el hecho de que la mayoría de los investigadores sean favorables a las reformas puede inclinar a otros investigadores a estar a favor de ellas, sin evaluar necesariamente con minuciosidad su eficacia. Otra posibilidad es que el deseo de ver un impacto más inmediato y medible (algo que es posible con las reformas) lleve a alguien a creer que las reformas son más eficientes de lo que realmente son.
En fin, es posible que varios sesgos influyan en la percepción de ambos lados. Es importante tenerlo presente al evaluar no solo esta cuestión de las reformas, sino también las estrategias de activismo en general.
Por ejemplo, el razonamiento motivado nos lleva a intentar confirmar las creencias que ya teníamos antes, en lugar de intentar descubrir la verdad, lo que produce un sesgo de confirmación, que consiste en fijarse en la información que confirma nuestra creencia inicial (o darle más peso) y en no fijarse en la que muestra que es equivocada (o darle menos peso). Otro efecto del y del sesgo de confirmación es el hecho de que las personas evalúan de un modo mucho menos riguroso los argumentos que confirman sus creencias iniciales. Es decir, estos sesgos hacen que las personas sean muy críticas con las posiciones con las que no están de acuerdo, pero nada críticas con sus propias posiciones.
Relacionada con todo esto está la heurística de “elegir la mejor”. Cuando empleamos esta heurística, en lugar de considerar todas las razones por las que podríamos elegir una alternativa en lugar de otra, elegimos una razón cualquiera y basamos nuestra decisión exclusivamente en ella. Un ejemplo clásico es la tendencia a pensar que señalar un único efecto negativo de una estrategia con la que no se simpatiza inicialmente basta para mostrar que no debemos adoptarla. Análogamente, otro ejemplo es la tendencia a pensar que señalar un único efecto positivo de una estrategia con la que se simpatiza inicialmente basta para mostrar que debemos adoptarla. Ambas actitudes son sesgadas, ya que no computan todos los efectos positivos y negativos probables de cada estrategia.
11.5. Conclusión
Hay cuatro cuestiones principales en el debate sobre las reformas de la explotación animal. (1) ¿Contribuyen a avanzar hacia la abolición? (2) Si contribuyen, ¿deberían los defensores de los animales invertir en reformas? (3) ¿Reducen realmente el sufrimiento de los animales explotados? (4) Si lo reducen, ¿deberían los defensores de los animales invertir en reformas?
Vimos que con respecto a las cuestiones 1 y 3 hay una gran controversia. Además, las cuestiones 2 y 4 dependen de manera crucial de que haya o no otras estrategias con mayor potencial de eficiencia que las reformas. Vimos que una dificultad al respecto es que no hay datos muy precisos sobre la eficiencia de otras estrategias, ya que hasta ahora se han invertido muchos menos recursos en ellas. Ejemplos de esas otras estrategias son la educación antiespecista, la inversión en carne cultivada y las campañas que fomentan el veganismo y/o la reducción del consumo. Esta es, entonces, una razón para invertir más en tales estrategias que en reformas, dado que ya hay muchos más recursos invertidos en reformas y un número mucho mayor de activistas que trabajan en ellas. Así, nuestro impacto marginal será mayor si nos centramos más en esas otras estrategias.
Vimos también que hay varias dificultades con respecto a las reformas, como el riesgo de aumento del consumo (y, por lo tanto, del número de animales explotados), la resistencia que oponen los explotadores y la dificultad de implementación y fiscalización, incluso cuando las reformas se aprueban. Hay al menos otra estrategia que evitaría estos problemas: invertir los recursos que se invertirían en reformas en investigaciones sobre carne cultivada (ya sean recursos de la causa animal o recursos de los explotadores).
La carne cultivada no conllevaría el riesgo de aumentar el consumo de animales, pues cuanto más carne cultivada se consumiera, menor sería el número de animales explotados (en comparación con el consumo habitual). Además, la propuesta de invertir en carne cultivada probablemente no sufriría la misma resistencia que los explotadores oponen a las reformas, pues, si los explotadores perciben que la carne cultivada tiene potencial para llegar a ser más barata de producir que la carne convencional, ellos mismos invertirían en ella.
Así, en lugar de invertir recursos en campañas por reformas, los activistas de la causa animal podrían exigir una legislación que obligue a cada empresa que explota animales a invertir una cantidad “x” de sus recursos en investigaciones sobre carne cultivada, por ejemplo.
El ejemplo anterior comparó la estrategia de invertir en reformas con la estrategia de invertir en carne cultivada. Sin embargo, también es posible compararla con otras estrategias, como la educación antiespecista y el fomento del veganismo o de la reducción del consumo (y también comparar todas esas otras estrategias entre sí). Esto es algo que inevitablemente tenemos que hacer si nuestro objetivo es realmente lograr el mejor impacto para los animales.
Practica
Capa de estudio. Las respuestas se basan en el texto del capítulo.
Según el capítulo, ¿por qué las leyes contra la crueldad suelen proteger poco?
¿Con qué estrategias sugiere el capítulo comparar las reformas?
Para pensar
¿Una reforma puede aliviar el presente y retrasar el futuro? ¿Qué ejemplo conoces?
Notas del autor 28
- 45 Para una visión general de ambos lados de este debate, ver ; Garner (2010). ↩
- 46 Para una historia (y una crítica) del movimiento por las reformas de la explotación animal, ver Francione (1996). ↩
- 47 Ver Tannenbaum (1995); Francione (1995); McCartney-Smith (1998); Bryant (2008) y Maddux (2012). ↩
- 48 Para un análisis de esta cuestión, ver Francione (1995). ↩
- 49 Sobre esto, ver Warrick (2001); Pitney (2016). ↩
- 50 Ver Francione (1996, p. 17-20; 115-6; 134-9; 141-3; 231). ↩
- 51 Sobre esto, ver Francione (1996, p. 134-9). ↩
- 52 Id. ↩
- 53 Sobre esto, ver Francione (1996, p. 115-6; 137). ↩
- 54 Id. ↩
- 55 Sobre esto, ver Francione (1996, p. 17-20, 141-3, 183, 231). ↩
- 56 Id. ↩
- 57 Ver, por ejemplo, Miller (2012); Doward (2012); Mullally; Lusk (2018); Lusk et. al. (2019). ↩
- 58 (2020a, n. 160). ↩
- 59 Ver, por ejemplo, Anthis (2020a, n. 151) ↩
- 60 Ver Anthis (2020a). ↩
- 61 Ver, por ejemplo, Anthis (2020a). ↩
- 62 Anthis (2017). ↩
- 63 Ver, por ejemplo, Mercy for Animals (2016a). ↩
- 64 Anthis (2020a, n. 157). ↩
- 65 Smith (2016). ↩
- 66 Ver, por ejemplo, (2015e) y Mercy for Animals (2016b). ↩
- 67 Ver, por ejemplo, Morrison (2012). ↩
- 68 Ver Anthis; Anthis (2017); Anthis (2020a, n. 161). ↩
- 69 Anthis (2020a, n. 162). ↩
- 70 Anthis (2020a, n. 163-4). ↩
- 71 Ver Anthis (2020a), en la sección “Arguments for momentum”, apartados 14 y 15. ↩
- 72 Anthis (2020a, n. 167). ↩
Fuentes citadas en este texto 17
La lista completa del volumen está en las referencias del Volumen VIII.
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- ANTHIS, J. R. Survey of US Attitudes Towards Animal Farming and Animal-Free Food October 2017. Sentience Institute, 20 nov. 2017.
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Este capítulo en el Volumen XII
Cómo resume el autor este debate en Lo esencial sobre ética animal.
¿Debemos defender la reforma de la explotación animal para que los animales sufran menos o solo su abolición? (VIII, cap. 10,11)
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