Questão
de Ética

Volumen III · Los animales y el daño de la muerte · capítulo 2

Discutiendo la afirmación de que los animales no resultan perjudicados por la muerte

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Los animales son dañados por la muerte aunque no entiendan qué es ni tengan deseos sobre el futuro: todo ser sintiente con la posibilidad de una vida mínimamente significativa por delante pierde algo al morir.

Texto original Luciano Carlos Cunha · Volumen III, p. 11 de la edición en PDF · traducción al español

2.1. Visiones que niegan que los animales resulten perjudicados por la muerte

Una posición común es que no hay nada malo en consumir animales, siempre que hayan tenido vidas mínimamente significativas y se los haya matado de manera indolora. Esta posición suele defenderse alegando que los animales no humanos no resultan perjudicados por la muerte. A continuación discutiremos esta afirmación.

2.2. Para resultar perjudicado por la muerte, ¿hay que entender qué es la muerte?

A veces se afirma que los animales no humanos no resultan perjudicados por la muerte porque, supuestamente, no entienden qué es la muerte. Sin embargo, podemos preguntar: “¿por qué, para que alguien resulte perjudicado por la muerte, tiene que entender qué es la muerte?”. A continuación examinaremos dos intentos de explicación.

El primero afirma que se debe a que entender qué es la muerte es necesario para tener miedo a morir. Según esta visión, la muerte en sí no sería un perjuicio: el perjuicio sería, en cambio, el propio miedo a morir.

Un problema de esta explicación es que solo tiene sentido tener miedo a morir si la muerte es un daño. Pero, si no es el miedo a morir lo que hace que la muerte sea un daño (ese miedo surge del reconocimiento de que la muerte ya es un daño), entonces, para que alguien resulte perjudicado por la muerte, no es necesario que tenga miedo a morir.

Un segundo intento de explicación reconoce que la muerte es un daño porque priva al individuo de seguir disfrutando de su vida. Sin embargo, afirma que, para que alguien resulte perjudicado por un suceso que lo priva de algo, tiene que valorar ese algo. Ahora bien, esta visión sostiene que, para que alguien valore algo, tiene que entender la desgracia que supondría perderlo. Por eso, sostiene que, para que alguien valore la continuación de su vida, tiene que entender qué es estar muerto6.

Una manera de rechazar esta concepción es negar que, para que alguien resulte perjudicado por no poder experimentar una cosa, tenga que entender la desgracia de perderla. Por ejemplo, un bebé sin duda resulta perjudicado si se le impide mamar, aunque no entienda el perjuicio que sufrirá si eso ocurre. Como mamar le produce una experiencia positiva al bebé, tiene sentido decir que valora mamar.

Del mismo modo, tiene sentido afirmar que los animales no humanos valoran las experiencias positivas que tienen en sus vidas y que resultan perjudicados por la muerte porque esta les impide tener esas experiencias, aunque no entiendan la desgracia que sufrirían con la muerte. En resumen, hay una diferencia entre “sufrir una pérdida” y “ser consciente de la pérdida que se sufriría”7.

2.3. Para que la muerte sea un daño, ¿tiene que frustrar un deseo orientado hacia el futuro?

Otro argumento que a veces se esgrime para intentar fundamentar que los animales no humanos (o, al menos, muchos de ellos) no resultan perjudicados por la muerte es la afirmación de que, para que alguien resulte perjudicado por la muerte, esta tiene que impedir la realización de algún deseo orientado hacia el futuro8. Por ejemplo, si alguien planea viajar el mes próximo y muere hoy, resulta perjudicado porque no llega a realizar lo que planeó.

Según esta visión, algunos animales no humanos resultan perjudicados por la muerte (los capaces de tener deseos orientados hacia el futuro, como el cerdo que esconde comida para comerla más tarde), pero eso no ocurriría en el caso de muchos otros animales y tampoco en el de muchos humanos (por ejemplo, los niños hasta cierta edad), porque no serían capaces de tener deseos orientados hacia el futuro.

Una posible crítica a esta visión es decir que supone erróneamente que una condición que es suficiente para que alguien resulte perjudicado por la muerte es también una condición necesaria para ello. Por ejemplo, podría decirse que un individuo resulta perjudicado cuando no realiza un deseo orientado hacia el futuro no por tener el deseo, sino por no disfrutar del objeto de su deseo. Esto sugiere que el perjuicio se produciría en la ausencia del disfrute de ese objeto, independientemente de que el individuo haya formado o no el deseo de disfrutarlo en el futuro.

Por ejemplo, imaginemos que a dos niños pequeños los llevarán mañana a un parque de juegos y se divertirán mucho, pero que solo uno de los dos es ya capaz de entender la noción de “mañana” y de formular el deseo de ir al parque mañana. Si ambos mueren hoy, parece que los dos resultan perjudicados por no llegar a divertirse en el parque, y no solo el que había formado el deseo de ir al parque mañana. De hecho, si el niño incapaz de planear el futuro fuera a divertirse más que el capaz de planearlo, parece que resultaría más perjudicado que el otro si no llegara a ir al parque. Esto sugiere que ser capaz de tener deseos orientados hacia el futuro no es necesario para que alguien resulte perjudicado por la muerte, ni determina cuán perjudicado por la muerte resulta alguien9.

2.4. ¿Cuándo resultan (y cuándo no) perjudicados por la muerte los seres sintientes?

Una posición muy aceptada es que la muerte es un daño porque impide las cosas positivas que el individuo disfrutaría si siguiera vivo10. Entre los autores que aceptan esta explicación del , hay desacuerdo sobre cuáles son las cosas positivas que la muerte impediría. En este sentido, es posible distinguir al menos cuatro explicaciones de por qué la muerte es un daño:

(1) Porque impide las experiencias positivas que alguien tendría si siguiera vivo11;

(2) Porque impide la realización de todos y cada uno de los deseos que tenga el individuo12 (y no solo de los orientados hacia el futuro);

(3) Porque impide la realización no de los deseos que el individuo tiene de hecho, sino de los deseos que tendría si fuera plenamente racional y tuviera la información relevante13;

(4) Porque impide que el individuo experimente bienes objetivos (por ejemplo, además del placer, también el desarrollo de capacidades, determinados tipos de relaciones, etc.)14.

Estas explicaciones no son mutuamente excluyentes. Por ejemplo, podría decirse que un individuo resulta perjudicado por la muerte porque se lo priva de disfrutar de experiencias positivas y también porque la muerte frustra sus deseos y le impide experimentar bienes objetivos.

Además, las explicaciones 2, 3 y 4 normalmente incorporan la primera explicación15, de modo que la de experiencias positivas es una condición suficiente para que la muerte sea un daño.

En términos generales, estas explicaciones convergen en la siguiente conclusión: la muerte es un daño cuando, al comparar el estar muerto con la vida que le esperaría al individuo si no muriera (en términos de proporción entre sucesos positivos y negativos), sería mejor para ese individuo seguir vivo.

Si esto es correcto, entonces todo ser con la posibilidad de tener por delante una vida mínimamente significativa resulta perjudicado por la muerte, independientemente de la especie a la que pertenezca y del grado de sus capacidades cognitivas.

Texto de Luciano Carlos CunhaColección Un recorrido por la ética animal, Volume III
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Practica

Capa de estudio. Las respuestas se basan en el texto del capítulo.

El ejemplo de los dos niños y el parque muestra que...

Según el capítulo, ¿cuándo NO es dañado por la muerte un ser sintiente?

Para pensar

¿Qué deseos sobre el futuro tiene una niña de un año? ¿Eso hace que su muerte sea un daño pequeño?

Notas del autor 10
  1. 6 (1981) defiende esta posición. ↩
  2. 7 Para una argumentación detallada sobre esta cuestión, ver (1987, p. 161-173). ↩
  3. 8 Un ejemplo es la posición defendida por (2002 [1993], cap. 5-7). ↩
  4. 9 Para un desarrollo de este argumento, ver (2022, cap. 3.3). ↩
  5. 10 Ver, por ejemplo, (1980, p. 1-10) y (1991). ↩
  6. 11 Ver, por ejemplo, (2010). ↩
  7. 12 Ver, por ejemplo, la posición de Luper-Foy (1987). ↩
  8. 13 Ver, por ejemplo, la posición de (1994). ↩
  9. 14 Para un ejemplo de teoría basada en bienes objetivos, ver Griffin (1986). ↩
  10. 15 Sobre esto, ver (1984, p. 4). ↩
Fuentes citadas en este texto 10

La lista completa del volumen está en las referencias del Volumen III.

  • CIGMAN, R. Death, Misfortune and Species Inequality. Philosophy & Public Affairs, v. 10, n. 1, p. 47-64, 1981.
  • CUNHA, L. C. Razões para ajudar: o sofrimento dos animais selvagens e suas implicações éticas. Curitiba: Appris, 2022.
  • FELDMAN, F. Some Puzzles About the Evil of Death. Philosophical Review, v. 100, p. 205- 27, 1991.
  • GRIFFIN, J. Well-Being. Its Meaning, Measurement, and Moral Importance. Oxford: Oxford University Press, 1986.
  • HORTA, O. Igualitarismo, igualación a la baja, antropocentrismo y valor de la vida. Revista de Filosofía da Universidad Complutense de Madrid, v. 35, n. 1, p. 133-152, 2010.
  • LUPER-FOY, S. Annihilation. Philosophical Quarterly, v. 37, 1987, p. 233-52.
  • NAGEL, T. Death. In: NAGEL, T. Mortal Questions. Cambridge: Cambridge University Press, 1980, p. 1-10.
  • PARFIT, D. Reasons and persons. Oxford: Oxford University Press, 1984.
  • SAPONTZIS, S. F. Morals, Reason and Animals. Philadelphia: Temple University Press, 1987.
  • SOBEL, D. Full-information Accounts of Well-being. Ethics, n. 104, p. 784-810, 1994.

Este capítulo en el Volumen XII

Cómo resume el autor este debate en Lo esencial sobre ética animal.

La muerte no los perjudica porque no entienden qué es la muerte. (III, cap. 2).
Esto es confundir ser perjudicado con tener conciencia del perjuicio que se sufrirá. La muerte priva a alguien de seguir disfrutando de lo que le sería positivo, y eso es independiente de que el individuo entienda o no qué es la muerte.
La muerte no los perjudica porque no tienen deseos orientados hacia el futuro. (III, cap. 2).
La muerte impide que alguien disfrute de lo positivo que experimentaría si no muriera, y eso no depende de que ese alguien tenga o no deseos orientados hacia el futuro. Por ejemplo, suponga que dos niños se divertirán mañana en un paseo, pero solo uno de ellos es lo bastante grande para entender el concepto de mañana y formar el deseo de ir al paseo mañana. Sin embargo, si ambos mueren hoy, ambos resultan perjudicados.

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