Volumen III · Los animales y el daño de la muerte · capítulo 13
Reflexiones adicionales: muerte, aniquilación, decisión racional y probabilidades
Antes de leer capa de estudio, no forma parte del texto original
Considerar la posibilidad de una vida después de la muerte no cambia radicalmente la evaluación: hay incertidumbre sobre ella y sobre cómo sería, mientras que sabemos cómo seguiría probablemente la vida actual; por lo tanto, no justifica matar a quien tiene una buena vida.
Algunas personas creen que hay vida después de la muerte. Pero nadie sabe con certeza si la hay, ni si sería mejor o peor. En cambio, la vida que el animal tiene ahora sí la conocemos. Así que no tiene sentido quitarle la buena vida que tiene por una apuesta.
Cambiar un buen trabajo que ya tienes por una vacante misteriosa, que tal vez ni exista, es una apuesta arriesgada. Matar a alguien “porque quizá haya algo mejor después” es una apuesta todavía más arriesgada, y se hace con la vida de otro.
- P1 “Muerte” puede significar el fin de la vida biológica o la aniquilación de la conciencia.
- P2 Hay incertidumbre sobre si la muerte es aniquilación y, si no lo es, sobre si la vida después de la muerte sería mejor o peor.
- P3 En cambio, sabemos cómo seguiría probablemente la vida actual.
- C Por lo tanto, la posibilidad de una vida después de la muerte no justifica matar a individuos que tienen una buena vida.
El argumento central del capítulo en forma lógica. Si las premisas son verdaderas, la conclusión se sigue. Para discrepar, tienes que mostrar qué premisa es falsa.
Dicen “Si el animal va a un lugar mejor, matarlo no le hace daño.”
Respuesta No sabemos si existe ese lugar ni si sería mejor. Nadie acepta ese razonamiento para matar a humanos felices.
Más objeciones y respuestas en Desmontando objeciones.
Texto original Luciano Carlos Cunha · Volumen III, p. 58 de la edición en PDF · traducción al español
13.1. La imprecisión de los términos “muerte” y “vida”
La palabra “muerte” se usa en al menos dos sentidos diferentes:
1. Muerte biológica: Para indicar que el cuerpo ha dejado de desempeñar irreversiblemente ciertas funciones.
2. Aniquilación del individuo: Como sinónimo de la imposibilidad de volver a tener experiencias (el individuo deja de existir definitivamente).
A continuación, el término “muerte” se usará en el primer sentido, y el término “aniquilación”, en el segundo.
La palabra “vida” también se utiliza de modo poco preciso. Por ejemplo, cuando la gente pregunta: “¿existe vida después de la muerte?”, no está hablando de vida biológica sin experiencia alguna (como un mero cuerpo vivo, sin nadie que viva esa vida). Lo que quiere saber es si hay después de la muerte. Es decir, quiere saber si la muerte biológica aniquila al individuo, o si el individuo sigue teniendo experiencias (o si, al menos, conserva el potencial de volver a tener experiencias en algún momento). Así, cuando la expresión “vida” aparezca a continuación, estaremos hablando siempre de vida psicológica (y no meramente biológica), es decir, estaremos hablando de sintiencia.
13.2. El daño de la muerte y las creencias sobre si la muerte coincide o no con la aniquilación
Como vimos en los capítulos 1 y 2, en la literatura sobre el la posición más ampliamente aceptada es que se trata de un daño por . Es decir, la muerte es un daño (cuando lo es) porque priva al individuo de las cosas positivas que experimentaría si siguiera vivo. Ante esto, alguien podría pensar que, entonces, quien cree que hay vida después de la muerte no tiene razones para pensar que la muerte es un daño (ni quizá, por implicación, siquiera para evitar la muerte, propia o ajena). Sin embargo, esto no es así, como se explica a continuación.
Al evaluar esta cuestión es necesario comparar dos posibles cursos de acción que tenemos a nuestro alcance (seguir viviendo o morir) con estados que podrían darse después de la muerte y que no dependen de nuestra decisión (que se produzca la aniquilación o que haya vida después de la muerte). Sin embargo, también hay que tener en cuenta que, si hay vida después de la muerte, esta puede ser mejor o peor que la vida actual, y mejor o peor que la aniquilación. Estas posibilidades se explorarán a continuación71.
13.3. Las posibilidades de decisión y su relación con la evaluación de los escenarios posteriores a la muerte
Para simplificar, en lo que sigue se atribuirá el mismo grado de probabilidad a cualquiera de los posibles escenarios posteriores a la muerte.
13.3.1. Si la vida actual es mejor que la aniquilación
Abordemos primero un escenario en el que la vida actual es (y seguiría siendo) mejor que la aniquilación.
Considere los posibles cursos de acción (disponibles para el agente):
A: Seguir viviendo B: Morir
Considere los posibles escenarios posteriores a la muerte (no dependen de la decisión del agente):
1: Aniquilación 2: Vida después de la muerte 2.1: Mejor que la actual 2.2: Peor que la actual pero todavía mejor que la aniquilación 2.3: Peor que la actual y peor que la aniquilación
Tenemos las siguientes posibilidades:
| Si 1... | Si 2.1... | Si 2.2... | Si 2.3.... |
| A1 | A2.1 | A2.2 | A2.3 |
| B1 | B2.1 | B2.2 | B2.3 |
Relacionemos ahora los posibles escenarios posteriores a la muerte y evaluemos en cada uno de ellos cuál sería el mejor curso de acción. El símbolo “>” indica “mejor que”.
Si la muerte trae la aniquilación, es mejor seguir viviendo (A1 > B1).
Si la muerte trae una vida mejor que la actual, es mejor morir (B2.1 > A2.1).
Si la muerte trae una vida peor que la actual, pero todavía mejor que la aniquilación, es mejor seguir viviendo (A2.2 > B2.2).
Si la muerte trae una vida peor que la actual y peor que la aniquilación, es mejor seguir viviendo (A2.3 > B2.3).
En resumen, si la vida actual es (y seguiría siendo) mejor que la aniquilación, entonces es mejor vivir. Esto se debe a que, si la muerte es la aniquilación, la muerte es un daño y, si no lo es, la vida después de la muerte podría ser peor que la vida actual (y quizá incluso peor que la aniquilación). Desde luego, esa vida también podría ser mejor que la actual, pero el riesgo que se correría sería muy grande. Por lo tanto, el principio de precaución prescribiría proteger la vida actual.
13.3.2. Si la vida actual es peor que la aniquilación
Abordemos ahora un escenario en el que la vida actual es (y seguiría siendo) peor que la aniquilación.
Considere los posibles cursos de acción (disponibles para el agente):
C: Seguir viviendo D: Morir
Considere los posibles escenarios posteriores a la muerte (no dependen de la decisión del agente):
3: Aniquilación 4: Vida después de la muerte 4.1: Peor que la actual 4.2: Mejor que la actual pero todavía peor que la aniquilación 4.3: Mejor que la actual y mejor que la aniquilación
Tenemos las siguientes posibilidades:
| Si 3... | Si 4.1... | Si 4.2... | Si 4.3.... |
| C3 | C4.1 | C4.2 | C4.3 |
| D3 | D4.1 | D4.2 | D4.3 |
Relacionemos ahora los posibles escenarios posteriores a la muerte y evaluemos en cada uno de ellos cuál sería el mejor curso de acción. De nuevo, el símbolo “>” indica “mejor que”.
Si la muerte trae la aniquilación, es mejor morir (D3 > C3).
Si la muerte trae una vida peor que la actual, es mejor vivir (C4.1 > D4.1).
Si la muerte trae una vida mejor que la actual, pero no mejor que la aniquilación, aun así es mejor morir (D4.2 > C4.2).
Si la muerte trae una vida mejor que la actual y mejor que la aniquilación, es mejor morir (D4.3 > C4.3).
En resumen, si la vida actual es (y seguiría siendo) peor que la aniquilación, tenemos razones para preferir abreviarla, pues, aunque existe el riesgo de que la vida posterior, en caso de que no se produzca la aniquilación, sea todavía peor que la actual, abreviar la vida actual es, en ese caso, también la única oportunidad que alguien tiene de intentar mejorar su estado actual, aun corriendo riesgos. Por ejemplo, en este escenario representaría una mejora respecto de la vida actual no solo la aniquilación, sino incluso una vida peor que la aniquilación pero todavía mejor que la actual.
13.4. Complicaciones adicionales
Surge una serie de complicaciones adicionales en relación con la cuestión anterior debido a que tampoco tenemos idea, en caso de que la muerte no coincida con la aniquilación, de cuánto tiempo duraría la vida posterior, ni de si el momento de la muerte influye o no en la cantidad de placer/sufrimiento que se experimentaría después.
Teniendo esto en cuenta, hay tres posibilidades en cuanto a lo que el individuo experimentaría:
(1) Una cantidad finita y fija de placer/displacer (que no se alteraría, ocurriera cuando ocurriera la muerte).
(2) Una cantidad finita de placer/displacer, pero el tiempo que duraría (y, por lo tanto, la cantidad total) dependería de cuándo ocurriera la muerte.
(3) Una cantidad infinita de placer/displacer.
En la primera opción, considerar los escenarios posteriores a la muerte no supone diferencia alguna. Todas las decisiones sobre si es mejor seguir vivo o morir dependerán únicamente de lo que esperamos que ocurra en la vida actual. En la segunda opción, en cambio, sí supone una diferencia considerar los posibles escenarios posteriores a la muerte (como hicimos en el apartado anterior). En la tercera está la complicación adicional de cómo lidiar con la idea de un placer/sufrimiento por un tiempo infinito, que por cuestiones de espacio no abordaremos aquí.
13.5. Conclusión
Podría parecer a primera vista que, si tenemos en cuenta varias posibilidades de escenarios posteriores a la muerte y también nuestra incertidumbre sobre cuál de ellos podría darse, nuestra evaluación de las razones para proteger o abreviar una vida tendría que cambiar radicalmente, en comparación con la evaluación que haríamos si tuviéramos la certeza de que se produciría la aniquilación. Sin embargo, como vimos, aunque el reconocimiento de estas posibilidades y de nuestro alto grado de incertidumbre introduce una serie de complicaciones, si tenemos en cuenta los riesgos y su relación con cuán buena o mala es la vida actual, parece que nuestras conclusiones no serían muy diferentes de la evaluación que haríamos si tuviéramos la certeza de que se produciría la aniquilación.
Practica
Capa de estudio. Las respuestas se basan en el texto del capítulo.
El capítulo distingue dos sentidos de “muerte”. ¿Cuáles?
Ante la incertidumbre sobre lo que hay después de la muerte, el capítulo concluye que...
Para pensar
¿Aceptarías que alguien decidiera tu muerte apostando a que habría algo mejor después?
Notas del autor 1
- 71 Agradezco las correcciones y añadidos sugeridos por Aloísio Ribeiro con respecto a todo el enfoque de este capítulo, en especial en lo relativo a las posibilidades comentadas en los apartados 13.3 y 13.4. ↩
Este capítulo en el Volumen XII
Cómo resume el autor este debate en Lo esencial sobre ética animal.
Si hay vida después de la muerte, la muerte no los perjudica, aunque su vida aquí sea buena. (III, cap. 13).
Textos recomendados
Sigue en el tema Los animales y el daño de la muerte.
¿En qué consiste el daño de la muerte?
Frente a la visión epicúrea de que la muerte no es un daño, el capítulo sostiene que daña porque impide lo…
Discutiendo la afirmación de que los animales no resultan perjudicados por la muerte
Los animales son dañados por la muerte aunque no entiendan qué es ni tengan deseos sobre el futuro: todo…
Objeciones a la explicación del daño de la muerte como impedimento de lo que es positivo
El capítulo examina tres objeciones a la idea de que la muerte es un daño por privación (el problema…