Volumen IV · El debate sobre la explotación animal · capítulo 4
¿Y las plantas?
Antes de leer capa de estudio, no forma parte del texto original
La objeción de las plantas falla: las plantas están vivas, pero, sin un sistema nervioso centralizado, no hay indicios de que sean sintientes; y si lo fueran, comer animales mataría todavía más plantas, y lo que se seguiría sería el frugivorismo, no comer de todo.
“¿Y las plantas?” Una planta está viva, pero no tiene cerebro ni nervios para sentir. Y si sintiera, comer animales sería todavía peor, porque los animales comen muchísimas plantas antes de convertirse en comida.
Si alguien dijera “los humanos y los animales sienten, así que da igual comer a unos o a otros”, la conclusión correcta sería “no comer a ninguno”, y no “se puede comer a los dos”.
- P1 Estar vivo no es lo mismo que ser sintiente.
- P2 El principal indicador de sintiencia es un sistema nervioso centralizado, que las plantas no tienen.
- P3 Si las plantas fueran sintientes, la cría de animales mataría todavía más plantas, porque los animales comen muchas plantas.
- C Por lo tanto, la objeción de las plantas no justifica comer animales; si valiera, llevaría al frugivorismo.
El argumento central del capítulo en forma lógica. Si las premisas son verdaderas, la conclusión se sigue. Para discrepar, tienes que mostrar qué premisa es falsa.
Dicen “Las plantas también están vivas y también sienten.”
Respuesta Vivir no es sentir. Y si sintieran, comer animales sería peor para las plantas, porque un animal criado para carne come muchos más vegetales de los que comeríamos directamente.
Más objeciones y respuestas en Desmontando objeciones.
Texto original Luciano Carlos Cunha · Volumen IV, p. 33 de la edición en PDF · traducción al español
Un argumento muy comúnmente esgrimido para defender el consumo de animales afirma que aquello que podría hacer incorrecto consumir animales implica que también sería incorrecto consumir plantas y que, entonces, da igual consumir unos u otras. Llamemos a este argumento objeción de las plantas. Tiene dos variantes, que se discuten por separado a continuación.
4.1. La variante “las plantas también están vivas”
La primera variante de la objeción de las plantas dice que da igual consumir animales o plantas, dado que en ambos casos causaremos muertes.
Con frecuencia se responde a esta objeción señalando que, si el objetivo de alguien es matar al menor número de organismos vivos, entonces debe abandonar el consumo de animales, pues buena parte de los vegetales producidos en el mundo se usa para engordar a los animales que serán matados103. Hay dos problemas con esta respuesta. El primero es que el defensor del consumo de animales podría responder señalando que, si consumimos solo animales acuáticos pescados directamente en el mar, mataremos todavía menos organismos, pues no se usan cultivos para engordar a esos animales. El segundo problema es que la respuesta no discute el presupuesto presente en la objeción de que, si la muerte es un daño para los animales, también es un daño para las plantas. Como veremos a continuación, este presupuesto es erróneo.
La razón por la que la muerte es un daño no es que impida la continuación de la vida biológica, sino que impide al individuo seguir disfrutando de las cosas positivas que experimentaría si siguiera vivo. Esto muestra que la muerte solo perjudica a los seres sintientes, pues solo en su caso hay alguien que habita ese cuerpo (un individuo, una conciencia), al que la muerte privaría de disfrutar de algo positivo. Los seres vivos que no poseen conciencia son cuerpos vivos. No hay alguien que viva esas vidas. Por lo tanto, no hay nadie allí que pueda verse perjudicado por la muerte.
Podría objetarse que toda vida, sin excepción, aun sin posibilidad alguna de , es siempre valiosa. Sin embargo, el siguiente experimento mental sugiere que, para que una vida sea valiosa, es necesario que exista la posibilidad de que haya experiencias en esa vida.
Imaginemos que alguien nos asegura que puede darnos una vida después de la muerte si le pagamos una buena suma mensual hasta el final de nuestra vida, y nos asegura que la vida futura será valiosa para nosotros. Sin embargo, supongamos que, después de pagar durante toda la vida, descubrimos que renaceremos como organismos vivos, pero sin posibilidad alguna de sintiencia. Si en ese caso nos engañaron, es porque una vida meramente biológica, sin posibilidad alguna de experiencias, no es valiosa104.
Así, las razones contra matar animales no implican que haya razones contra matar plantas, sino todo lo contrario. Por lo tanto, la primera variante de la objeción de las plantas fracasa.
4.2. La variante “las plantas también son sintientes”
La segunda variante de la objeción de las plantas sostiene que las plantas son sintientes y que, entonces, estamos justificados para consumir animales pues, sea lo que sea que elijamos consumir, estaremos matando seres sintientes (que, por lo tanto, se verían perjudicados por la muerte). Esta variante tiene dos problemas, que discutiremos a continuación.
El problema menor
El problema menor es que, la mayoría de las veces, la afirmación de que las plantas son sintientes se funda en la idea errónea de que las evidencias conductuales son indicadores suficientes de sintiencia. Por ejemplo, en defensa de que las plantas son sintientes se menciona con frecuencia que exhiben una serie de comportamientos. Por ejemplo, hay plantas que se cierran al ser tocadas, como las mimosas púdicas y las plantas carnívoras. Además, las plantas desempeñan innumerables funciones relacionadas con la absorción de nutrientes del suelo, la realización de la fotosíntesis, etc.
El problema es que la existencia de comportamiento, por sí sola, no muestra que haya sintiencia. Puede haber comportamientos muy complejos que, sin embargo, son solo reacciones fisicoquímicas del tipo estímulo-respuesta, sin que haya alguien que experimente internamente lo que está ocurriendo. Incluso en el caso de los animales, el comportamiento, por sí solo, no es evidencia suficiente de sintiencia. Esto se debe a los arcos reflejos, que se explican a continuación.
Cuando la información de un estímulo externo llega a un sistema nervioso, recorre dos caminos. Uno de ellos, más corto, va directamente a los músculos y genera la reacción que es un reflejo (de ahí el nombre de arco reflejo)105. El otro camino, más largo, va al cerebro, donde la información se procesa y se crean las condiciones para que tenga lugar la experiencia. Por ejemplo, cuando tocamos con la mano una plancha caliente, apartamos la mano al instante, pero solo unos microsegundos después sentimos algo. Un músculo puede seguir exhibiendo el reflejo aunque se haya suprimido la parte sensorial (por ejemplo, mediante anestesia local)106. Algunos tipos de sistemas nerviosos funcionan solo con la parte del arco reflejo. Es el caso de los animales que poseen sistemas nerviosos, pero sin ningún órgano centralizador (ningún cerebro, ningún ganglio), como los cnidarios (las medusas, por ejemplo) y los equinodermos (como las estrellas de mar y los pepinos de mar). Estos animales pueden incluso exhibir comportamientos bastante complejos, pero únicamente mediante el reflejo, sin que haya alguien allí que experimente algo. En el caso de las plantas, ni siquiera hay un sistema nervioso. Entonces, es muy probable que sus comportamientos, sean del tipo que sean, resulten únicamente de reacciones fisicoquímicas.
Así, el criterio principal para evaluar si un ser es sintiente es la presencia de un sistema nervioso centralizado (un cerebro o ganglios, por ejemplo), pues es el procesamiento de la información que ocurre en el órgano centralizador lo que proporciona las condiciones para la manifestación de la conciencia107. Si un organismo presenta tal estructura, su modo de comportarse puede ser un buen indicador adicional de que es sintiente, pero solo si la mejor explicación de su comportamiento general es partir del supuesto de que evita experiencias negativas y busca experiencias positivas. Por esa razón, las evidencias conductuales útiles para averiguar si un ser es sintiente o no no son las que se refieren a comportamientos en situaciones específicas, sino a su modo de comportarse en general. En el caso
de las plantas, además de que ni siquiera tienen sistema nervioso (y mucho menos órgano centralizador), parece que la mejor manera de explicar sus comportamientos no es partir del supuesto de que son sintientes. Veremos más sobre esto a continuación.
Los rasgos que tienen más probabilidades de prevalecer a lo largo de las generaciones son los que dan una ventaja en términos de transmisión de la información genética. Por ejemplo, si un rasgo ayuda a un animal a sobrevivir, aumenta la probabilidad de que también se reproduzca y, así, transmita ese rasgo. Si la sintiencia no diera ventaja alguna a quienes la poseen, muy probablemente no se habría transmitido, pues requiere un gasto considerable de energía. Por ejemplo, en el caso humano, alrededor del 20% de la energía del organismo se gasta en el mantenimiento de las estructuras asociadas al cerebro108. Así, la sintiencia probablemente prevaleció porque dio alguna ventaja en términos de supervivencia a quienes la poseían. De lo contrario, probablemente habrían perecido sin dejar descendencia.
La ventaja evidente es que la sintiencia está asociada a la motivación del comportamiento: un ser sintiente tiende a evitar las experiencias negativas y a buscar las experiencias positivas. Como los animales pueden desplazarse por el entorno, esta capacidad aumenta sus probabilidades de supervivencia y, en consecuencia, de transmisión de la información genética. Sin embargo, este no es el caso de las plantas, dado que no pueden desplazarse. En su caso, la sintiencia implicaría un gasto considerable de energía sin ninguna ventaja. Por lo tanto, es muy poco probable que un rasgo así haya prevalecido en las plantas o en los hongos, por ejemplo109.
Así, para sostener que las plantas son sintientes habría que mostrar que: (1) poseer un sistema nervioso con órgano centralizador o una estructura que desempeñe una función similar no es necesario para que haya sintiencia; (2) las evidencias conductuales son suficientes para la sintiencia, y (3) los rasgos que implican un gasto considerable de energía y no dan una ventaja evolutiva aparente a quienes los poseen pueden, aun así, prevalecer a lo largo de las generaciones. Esto es, como mínimo, muy difícil de demostrar.
Esto no significa que sea imposible cumplir estas condiciones. Pero sí significa que la recae en quien afirma que las plantas son sintientes. Por ejemplo, en relación con la primera
condición, habría que explicar mediante qué otro mecanismo podría surgir una sintiencia que hiciera innecesario el sistema nervioso. También habría que explicar, entonces, cuál sería el papel del sistema nervioso, y así sucesivamente.
Uno de los factores que a veces lleva a creer que las plantas son sintientes es que hay varios estudios sobre plantas y hongos que usan términos como “aprendizaje”, “memoria”, “comunicación”, “experiencia”, etc. En la mayoría de estos estudios, esos términos se utilizan para referirse únicamente al comportamiento, sin afirmar que allí haya sintiencia. Sin embargo, en el lenguaje común esos términos están asociados a la sintiencia, es decir, se usan de un modo que indica que hay alguien allí que aprende, memoriza, se comunica, experimenta, etc. Entonces, es posible que un estudio sobre plantas u hongos use esos términos en un sentido que no implica sintiencia y que alguien que lo lea sin mucha atención piense que se trata de un estudio que demuestra la sintiencia en plantas u hongos.
El problema mayor
El problema mayor del argumento es el siguiente: aunque se hubiera demostrado que las plantas son sintientes, la implicación práctica que se seguiría sería la opuesta a la que concluyen los defensores del argumento. Recordemos que la afirmación de que las plantas son sintientes suele sacarse a relucir para intentar justificar el consumo de animales. Sin embargo, si las plantas fueran sintientes (o fueran moralmente considerables por alguna otra razón), lo que se seguiría no es que estamos justificados para consumir animales y plantas, sino que deberíamos ser frugívoros botánicos éticos.
Esta postura se caracteriza por consumir solo aquello que se desprende de una planta. Esto incluye, además de todo lo que normalmente se designa con el nombre de fruta (como plátanos, naranjas, manzanas, fresas, etc.), también frutos secos, semillas, cereales, legumbres y hortalizas como tomates, calabazas, calabacines, pimientos, berenjenas, etc.
Observe que la implicación de practicar el frugivorismo existiría tanto si alguien sostiene que las plantas son sintientes como si sostiene que las plantas deben ser consideradas moralmente porque están vivas. Por esa razón, sea cual sea la variante de la objeción de las plantas de la que hablemos, no logra justificar el consumo de animales.
Normalmente, cuando las personas se dan cuenta de que la objeción de las plantas implica el frugivorismo, dejan de defenderla de inmediato. Esto revela que no tenían una preocupación real por las plantas: se trataba solo de una excusa para seguir consumiendo animales. Sin embargo, independientemente de eso, lo importante que cabe observar a partir del análisis anterior es lo siguiente: ya sea que se mencione de manera hipócrita (como suele ser el caso) o por una preocupación seria por las plantas (como rara vez ocurre), la objeción de las plantas no logra justificar el consumo de animales.
Practica
Capa de estudio. Las respuestas se basan en el texto del capítulo.
Según el capítulo, ¿cuál es el principal criterio para evaluar si un ser es sintiente?
Si las plantas fueran sintientes, ¿qué se seguiría?
Para pensar
¿Quienes usan la objeción de las plantas suelen cambiar algo en su dieta por ellas? ¿Qué revela eso?
Notas del autor 7
- 103 Esta respuesta la da (2004 [1975], cap. 6). ↩
- 104 Obviamente, esto es diferente de tener la sintiencia solo temporalmente imposibilitada (como en un sueño sin sueños o en un estado de coma vegetativo, pero reversible). ↩
- 105 Al respecto, ver (2015c). ↩
- 106 Ver Miller; Pardo (2011). ↩
- 107 Sobre el papel del sistema nervioso y del procesamiento que ocurre en el órgano centralizador como fundamentales para la manifestación de la conciencia, ver Ética Animal (2015a, 2015c). ↩
- 108 Ética Animal (2015a). ↩
- 109 Para una explicación más detallada de este punto, ver Ética Animal (2015e). ↩
Fuentes citadas en este texto 5
La lista completa del volumen está en las referencias del Volumen IV.
- MILLER, R. D.; PARDO, M. C. Basics of Anesthesia. 6ª ed. Philadelphia: Elsevier Saunders, 2011.
- SINGER, P. Libertação Animal. Porto Alegre/São Paulo: Lugano, 2004 [1975].
- ÉTICA ANIMAL. Critérios para reconhecer a senciência. Ética Animal: ativismo e investigação em defesa dos animais, 24 out. 2015a.
- ÉTICA ANIMAL. O problema da consciência. Ética Animal: ativismo e investigação em defesa dos animais, 24 out. 2015c.
- ÉTICA ANIMAL. Que seres não são conscientes? Ética Animal: ativismo e investigação em defesa dos animais, 19 out. 2015e.
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