Questão
de Ética

Volumen IV · El debate sobre la explotación animal · capítulo 2

¿Por qué es injusta la explotación animal?

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La explotación animal es injusta porque viola el principio de igual consideración y no pasa la prueba de imparcialidad; por eso sigue siendo injusta aunque sea sostenible, artesanal, sin sufrimiento en la matanza o fuera del capitalismo.

Texto original Luciano Carlos Cunha · Volumen IV, p. 26 de la edición en PDF · traducción al español

Considere las siguientes afirmaciones:

(1) “No hay nada de malo en la , pues los animales se crían con esa finalidad”.

(2) “Comer animales está bien porque es natural: es la cadena alimentaria”.

(3) “La explotación animal debe continuar; de lo contrario, se perderían muchas tradiciones”.

(4) “Es esencial que la explotación animal continúe, pues muchas personas se ganan la vida con ella”.

(5) “El problema de la explotación animal es su impacto ambiental; por lo tanto, no hay nada de malo en ella si se practica de modo ecológicamente sostenible”.

(6) “El problema es la explotación animal industrial; no hay nada de malo si los animales se cazan o se pescan directamente”.

(7) “El problema es el sufrimiento. No hay nada de malo si los animales se crían y se matan de manera indolora”.

(8) “El problema no es la explotación animal, sino el capitalismo. Por lo tanto, no hay nada de malo en la explotación animal si se da dentro de otros modelos económicos”.

Imagine ahora que se ofrecieran las mismas justificaciones para criar humanos con el fin de consumir su carne, hacer prendas con su piel, usarlos como modelo de pruebas, para tirar de carretas o para matarlos en rituales.

Ninguna de estas justificaciones se consideraría aceptable. En realidad, todas se considerarían repugnantes. Sin embargo, como veremos en detalle a continuación, todas aquellas razones que hacen injusto hacerles tales cosas a los humanos implican automáticamente que es injusto hacerles lo mismo a los animales no humanos. A continuación se presentarán con más detalle dos argumentos que fundamentan que la explotación animal es injusta.

2.1. Es injusta porque viola el principio de igual consideración

El principio de prescribe que a niveles similares de perjuicios y beneficios se les dé el mismo peso, y que a los perjuicios y beneficios mayores se les dé más peso que a los perjuicios y beneficios menores. Esto es así porque, si lo que hace que tengamos razones para evitar los perjuicios es su propio carácter negativo, y lo que hace que tengamos razones para buscar los beneficios es su propio carácter positivo, entonces cuanto más negativos/positivos sean, más fuertes serán esas razones. Dar un peso diferente a niveles similares de perjuicios/beneficios, o dar menos peso a perjuicios/beneficios mayores, es actuar de modo sesgado con respecto a los individuos afectados. A continuación veremos por qué la explotación animal viola el principio de igual consideración, al sopesar de manera sesgada los perjuicios y beneficios para los afectados.

Consideremos, por ejemplo, el caso del uso de animales para consumo. Si los humanos consumen animales, estos pierden la vida y, además, por lo general tienen que vivir una vida llena de sufrimiento. En cambio, si los humanos dejan de consumir animales, lo único que tienen que hacer es alimentarse a base de vegetales. Eso ni siquiera es un daño pero, aunque lo fuera, sin duda sería un daño mucho menor que el que padecerían los animales como consecuencia de su consumo. Si alguien tiene alguna duda, basta con que se pregunte en cuál de las dos situaciones preferiría estar: en la del animal al que matarían o en la de un humano que tendría que alimentarse a base de vegetales. Esto muestra que la explotación animal para consumo da menos peso a perjuicios mayores y, por lo tanto, viola el principio de igual consideración.

Podría objetarse que hay ciertos casos de explotación animal en los que los perjuicios para los humanos no serían menores que los perjuicios para los animales explotados. Ese sería el caso, por ejemplo, cuando matar a un animal salvaría la vida de un humano (es decir, los perjuicios serían equivalentes). Incluso podría decirse que, si en el caso en cuestión el humano perdiera más al morir que el animal, o si matar al animal salvara a muchos otros individuos, entonces matar al animal estaría de acuerdo con el principio de igual consideración, pues sería preferir el daño menor.

Sin embargo, esto no basta para mostrar que tal práctica no viola el principio de igual consideración. Lo que habría que mostrar es que, ante una situación que implicara perjuicios similares, sería aceptable matar a humanos. Por ejemplo, imaginemos que alguien señala que determinado humano se vería menos perjudicado si muriera que otros individuos, o que matarlo salvaría la vida de varios otros individuos. Si esto es insuficiente para justificar matarlo, entonces lo que está de acuerdo con el principio de igual consideración es concluir que esto también es insuficiente para justificar matar a animales no humanos. Así, incluso las prácticas de explotación animal que no implican dar más peso a perjuicios menores pueden, aun así, violar el principio de igual consideración al dar un peso diferente a perjuicios de magnitud similar según la víctima sea humana o no humana.

Esto no significa que no pueda haber justificación para abrir excepciones al principio de igual consideración. Significa solamente que la recae en quien defiende abrir la excepción, que debe presentar un principio bien fundamentado que la justifique. ¿Cómo tendría que ser un principio así? Un ejemplo sería sostener que, si por alguna razón un individuo merece el perjuicio que padece, entonces hay justificación para dar menos peso a su perjuicio. Por ejemplo, imaginemos que un humano adulto normal (por lo tanto, moralmente responsable) intenta torturar a un niño por pura diversión pero que, por torpe, se cae por la ventana y se lastima todavía más que el niño. Supongamos que somos el equipo que llega al lugar para prestar ayuda. En ese caso parece que todavía tenemos razones para dar prioridad a socorrer al niño, aunque esté menos herido, sencillamente porque en ese caso tiene sentido decir que el torturador merece el daño que padeció (y quizá, por eso, ni siquiera debamos socorrerlo). Este sería, entonces, un caso en el que el factor del merecimiento justifica dar prioridad al daño menor.

Sin embargo, nada de esto muestra que haya justificación para abrir excepciones al principio de igual consideración con base en la especie, la raza, el género, la complejidad del cerebro, etc. Observe que, en el caso que vimos antes, la excepción al principio de igual consideración se justificó porque alguien moralmente responsable había violado antes el principio de igual consideración. La especie a la que alguien pertenece, la raza, el género o la complejidad cerebral no tienen que ver con el merecimiento: son todos resultados no merecidos de la lotería natural. Por esa razón, no hay justificación para dar menos peso al bien de los animales no humanos señalando que no son humanos o que no poseen las capacidades cognitivas típicas de los humanos.

Por lo tanto, una manera de mostrar que la explotación animal es injusta y debería abolirse es mostrar que viola el principio de igual consideración, pues da al bien de cada individuo un peso diferente con base en factores arbitrarios, como la especie a la que pertenece (un factor que, al igual que la raza y el género, es resultado de la lotería natural).

2.2. Es injusta porque no supera la prueba de imparcialidad

Otra manera de fundamentar la misma conclusión –es decir, que la explotación animal es injusta–, pero recorriendo un camino diferente, es señalar que viola la . Veremos más sobre esto a continuación.

Ante todo, es importante no confundir imparcialidad con neutralidad. La imparcialidad no consiste en eludir la toma de una decisión y permanecer neutral. Por el contrario, consiste en tomar una decisión no sesgada con respecto a los afectados. Por lo tanto, no cualquier práctica que implique favorecer/desfavorecer a ciertos individuos viola la imparcialidad: ese favorecer o desfavorecer tiene que ser sesgado.

Pero ¿cómo podemos saber si una práctica supera la prueba de imparcialidad o si es sesgada? Hay varias preguntas que podemos hacernos para averiguarlo. Por ejemplo, podemos preguntarnos si consideraríamos justa la práctica en cuestión en las circunstancias siguientes.

(1) Si no supiéramos qué posición ocuparíamos entre los afectados por ella.

(2) Si supiéramos que seríamos los perjudicados por ella.

(3) Si se invirtieran los papeles (por ejemplo, si los beneficiarios fueran los animales y los perjudicados fuéramos nosotros).

(4) Si tuviéramos que recibir los perjuicios que causa para poder obtener los beneficios que proporciona.

(5) Si tuviéramos que recibir los perjuicios que causa para que otros individuos pudieran obtener los beneficios que proporciona.

Si nos hacemos sinceramente estas preguntas, nos daremos cuenta de que la explotación animal solo se defiende porque sus defensores saben que no serán sus víctimas. Si es así, entonces es sesgada, pues claramente no supera la prueba de imparcialidad.

2.3. Conclusión

Si lo que vimos anteriormente es correcto, entonces la explotación animal no solo es injusta: es tan injusta como lo sería si se sometiera a víctimas humanas a daños de magnitud similar. Sin embargo, si se sometiera a humanos a daños de magnitud similar, tales prácticas se considerarían no solo injustas, sino un ejemplo paradigmático de actitud abominable y monstruosa. Si es así, entonces parece que no hay otra salida que juzgar de la misma forma la explotación animal. Muy probablemente, si por lo general no se la percibe como un problema tan grave, es sencillamente porque tenemos la certeza de que no seremos sus víctimas. Esto muestra, una vez más, que es una violación flagrante de los principios de igual consideración y de imparcialidad.

Esto significa también que la explotación animal no deja de ser injusta, ni se vuelve menos injusta, si se realiza de manera ecológicamente sostenible, si se lleva a cabo mediante la caza o la pesca artesanales, si los animales se matan sin sufrimiento o si se da en modelos económicos distintos del capitalista. El problema es, ante todo, la explotación animal misma, y no la forma o el contexto en que se da. Por estas razones, la meta debe ser abolir la explotación animal.

Texto de Luciano Carlos CunhaColección Un recorrido por la ética animal, Volume IV
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Practica

Capa de estudio. Las respuestas se basan en el texto del capítulo.

¿La explotación animal deja de ser injusta si a los animales se los mata sin sufrimiento?

En el capítulo, ¿cuáles son los dos fundamentos de la injusticia de la explotación?

Para pensar

¿Qué versión de la explotación animal te parecía “aceptable”? ¿Pasa la prueba de imparcialidad?

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