Volumen IV · El debate sobre la explotación animal · capítulo 20
El debate sobre la experimentación animal
Antes de leer capa de estudio, no forma parte del texto original
Los argumentos de la necesidad y de la eficacia no justifican la experimentación con animales; darles más peso a los humanos no se sostiene, ni tampoco la postura de “kantismo para los humanos, utilitarismo para los animales”; podemos seguir investigando sin usar animales.
Muchos experimentos prueban medicamentos y productos en animales, causándoles dolor y muerte. Algunas personas dicen que es necesario. Pero no haríamos esas pruebas en personas sin su consentimiento, aunque fueran útiles. Se puede investigar de otras formas.
Probar medicamentos en personas sin su consentimiento podría traer descubrimientos, y aun así lo consideramos un delito. La utilidad no basta para justificar usar a alguien.
- P1 La defensa de la experimentación apela a la necesidad, a la eficacia y a un peso mayor para los intereses humanos.
- P2 No parece haber justificación para darles un peso distinto a daños similares por la especie.
- P3 No aceptaríamos experimentos equivalentes en humanos que no dieron su consentimiento, aunque fueran útiles.
- C Por lo tanto, la experimentación con animales no está justificada; la investigación debe seguir por otros medios.
El argumento central del capítulo en forma lógica. Si las premisas son verdaderas, la conclusión se sigue. Para discrepar, tienes que mostrar qué premisa es falsa.
Dicen “Gracias a las pruebas en animales tenemos medicamentos y vacunas.”
Respuesta También podrían obtenerse beneficios de pruebas en humanos que no dieron su consentimiento, y las prohibimos. La cuestión no es si la experimentación trae beneficios, sino si es justo imponerles los costos a quienes no consintieron.
Más objeciones y respuestas en Desmontando objeciones.
Texto original Luciano Carlos Cunha · Volumen IV, p. 79 de la edición en PDF · traducción al español
20.1. Introducción
En este capítulo se examinarán primero los principales argumentos utilizados en defensa de la experimentación animal y se señalarán los problemas de esos argumentos. A continuación, se presentarán algunos de los principales argumentos en contra de la experimentación animal.
20.2. Los argumentos de la necesidad y de la eficacia
El argumento de la necesidad
Uno de los argumentos más frecuentemente empleados por los defensores de la experimentación animal es que esta es imprescindible para la investigación científica. Por ejemplo, Beauchamp (1999, p. 472) argumentó que conceder a los animales no humanos el derecho a la vida es algo que no debe hacerse porque podría tener efectos negativos sobre la investigación científica.
Una manera de responder a este argumento es señalar que existe toda una gama de procedimientos de investigación que no utilizan animales no humanos, como modelos inanimados y computarizados, cultivos de células y tejidos, estudios epidemiológicos, investigaciones sobre microorganismos, etc.181. Por lo tanto, la experimentación animal no sería imprescindible para la continuidad de la investigación.
Podría objetarse que tal vez no haya un método sustitutivo del uso de animales en determinados contextos. Sin embargo, eso no implica necesariamente que en tales contextos esté justificado usar animales. Por ejemplo, imagine que en ciertos contextos la única manera de hacer una investigación fuera secuestrar y matar a seres humanos. Eso seguiría siendo insuficiente para que hubiera una justificación para adoptar tal método. Esto se debe a que el mero hecho de que cierto medio sea la única manera de alcanzar cierto fin no implica necesariamente que esté justificado usar ese medio. Esto es así tanto si se parte de una perspectiva de la ética (en la que, por ejemplo, los individuos tendrían el derecho a no ser usados como meros
recursos, independientemente de las consecuencias) como si se parte de una perspectiva consecuencialista (pues, según el , tendría que mostrarse que adoptar el medio en cuestión produce las mejores consecuencias teniendo en cuenta a todos los que se verían afectados, y no solo en ese caso aislado, sino teniendo en cuenta las ramificaciones futuras de las consecuencias, incluida la manera en que tal acto influiría en las decisiones futuras de otros agentes). Esto no significa que sea imposible justificar el uso de un medio dañino en determinadas circunstancias. Significa solamente que señalar que determinado medio es la única manera de alcanzar determinado fin es insuficiente para fundamentar que estamos justificados en usar ese medio. Habría que demostrar mucho más.
El argumento de la eficacia
Una de las objeciones frecuentes a los métodos que no utilizan animales en experimentos es la afirmación de que, al menos en algunos casos, utilizar animales sería más eficiente. Esta objeción asume, por lo tanto, que la eficacia es el criterio fundamental para elegir entre los diversos métodos de investigación.
¿Estamos en condiciones de comparar la eficacia?
Una manera de responder a esta objeción es negar que estemos en condiciones de comparar la eficacia de los métodos que utilizan animales y de los que no los utilizan, pues no se ha trabajado lo suficiente en estos últimos, dado que el financiamiento para investigaciones que no utilizan animales es mínimo182.
Así, aunque los métodos que existen actualmente sin uso de animales no fueran tan eficientes como los que utilizan animales para los mismos fines, no habría base para concluir que, si se empleara una cantidad similar de recursos en ambos métodos, los métodos que no utilizan animales no podrían ser tan eficientes como (o incluso más eficientes que) los métodos que utilizan animales.
Además, las empresas involucradas en investigaciones que utilizan animales invierten muchos recursos en promover la idea de que las pruebas en animales son necesarias. Esos recursos son
varios órdenes de magnitud mayores que la cantidad de recursos empleada en el desarrollo de métodos que no utilizan animales183. Así, paradójicamente, una gran cantidad de recursos que podría utilizarse en el desarrollo de métodos que no utilizan animales se emplea para difundir la idea de que el uso de métodos perjudiciales para los animales es necesario, con base en la afirmación de que no existen otros métodos para los mismos fines.
¿Ser más eficaz justifica automáticamente una práctica?
Otra manera de responder a la apelación a la eficacia es señalar que, si el hecho de que un método sea el más eficaz justificara automáticamente su uso, eso sería una razón para preferir hacer las pruebas directamente en seres humanos en lugar de en animales no humanos, pues hacerlo evitaría problemas en los resultados debidos a las diferencias en la extrapolación de datos entre especies distintas184. Es decir, la apelación a la eficacia no puede justificar la experimentación en animales no humanos185. Sin embargo, aun cuando sea más eficaz hacer pruebas en seres humanos, la mayoría de nosotros (incluidos muchos científicos que experimentan con animales) consideraría inaceptable hacerlo, por razones morales. Esto parece mostrar que esos científicos en realidad no aceptan el criterio que dicen aceptar.
En resumen, hay dos razones principales por las que la apelación a la eficacia no justifica el uso de animales. La primera es que es sumamente cuestionable la propia idea de que, porque un método es la manera más eficaz de alcanzar cierta meta, adoptarlo está automáticamente justificado. La segunda es que, aunque esa idea fuera correcta, implicaría hacer las pruebas directamente en seres humanos, pues eso sería más eficaz que usar animales.
20.3. ¿Dar mayor peso a los humanos justificaría la experimentación animal?
Un doble rasero moral
Las defensas de la experimentación animal reflejan un doble rasero moral, que considera aceptable el uso de animales no humanos en experimentos (y ese uso se defiende
con frecuencia con base en la afirmación de que sería más eficiente que los métodos que no utilizan animales) y, al mismo tiempo, considera inaceptable el uso de seres humanos en las mismas condiciones, aunque sea más eficiente que los métodos que utilizan animales no humanos186.
En otras palabras, se sostiene que los experimentos en animales no humanos son aceptables (e incluso imperativos) a pesar de los daños que causan, y que los mismos procedimientos son inaceptables en el caso de los seres humanos precisamente por los daños que causan. Se trata, por lo tanto, de un doble rasero moral basado en la especie de la víctima.
La afirmación de que el bien de los animales no humanos no importa
Una manera de intentar justificar este doble rasero sería sostener que el bien de los animales no humanos no cuenta en absoluto. Sin embargo, habría que explicar por qué el bien de los animales no importa, en lugar de simplemente darlo por sentado de antemano187.
Incluso las directrices que avalan el uso de animales suelen sostener que el bien de los animales no humanos importa en alguna medida, aunque sea mínima. Por ejemplo, la Declaración de Helsinki, a pesar de ignorar por completo varios intereses importantes de los animales (como no ser usados como recursos, no sufrir en absoluto, no ser matados, etc.), defiende la necesidad de proteger el bienestar de los animales, en el sentido de minimizar su sufrimiento durante su uso como recursos188.
Por lo tanto, es contradictorio que los defensores de la experimentación animal afirmen que el bien de los animales no humanos no cuenta en absoluto y afirmen también que esos experimentos están justificados porque, supuestamente, se ajustan a las directrices de bienestar animal.
La afirmación de que los intereses de los humanos siempre deben pesar más
Otra manera de intentar defender el doble rasero es afirmar que, aunque los intereses de los animales importen en alguna medida, los intereses de los seres humanos siempre importarían más, sean cuales sean. Sin embargo, un problema de esta visión es que implicaría que un interés trivial de un ser humano (como evitar un leve pellizco en el brazo) tendría mayor peso que el interés de un animal no humano (o incluso de miles de millones de animales no humanos) en no sufrir la peor tortura posible durante años. Eso sería el colmo de la arbitrariedad, por decir lo menos. Como vimos en el capítulo 2, esta es una violación flagrante de los principios de y de .
Además, las directrices que regulan la experimentación animal parecen no aceptar esta visión, pues, al sostener que algunos intereses de los animales no humanos importan (aunque sea mínimamente), están afirmando que los intereses de los animales no humanos superan al menos algunos intereses humanos (pues respetar esos intereses de los animales les cuesta a los humanos al menos algún esfuerzo, aunque sea mínimo, que podría haberse dedicado a otros propósitos).
La afirmación de que los intereses similares de los humanos deben contar más
Ante la implicación anterior, alguien podría sostener entonces que no es que todos los intereses de los humanos sean más importantes que todos los intereses de los animales no humanos, sino solo que los intereses relevantes de los humanos pesan más que intereses similares de los animales no humanos.
Un primer problema de esta posición es que, si los intereses de los animales no humanos reciben algún peso, aunque sea mucho menor, cuando sumamos los intereses de un gran número de animales no humanos eso ya representa un peso significativo. Por lo tanto, sostener que los animales no humanos deben recibir alguna consideración, aunque menor, implica aceptar que hay cierto número de animales por encima del cual su interés en no ser utilizados como recursos supera el interés humano en usarlos.
Es decir, aun dando un peso mayor a los intereses humanos, la experimentación animal no podría considerarse aceptable cuando sobrepasara cierto límite en cuanto al número de animales utilizados. Y en la práctica ese límite se excede de forma rutinaria189.
Además, un segundo (y principal) problema de esta posición es que, como vimos en el capítulo 2, no parece haber justificación para dar un peso diferente a niveles similares de perjuicios y beneficios según la especie de los afectados. Si esto es así, entonces es injustificable dar un peso menor a los perjuicios que recaen sobre los animales no humanos en comparación con perjuicios similares en los seres humanos.
20.4. ¿Kantismo para los humanos y utilitarismo para los no humanos?
Otra manera de sostener que el doble rasero es coherente es afirmar que deberíamos adoptar un enfoque : principios kantianos para los seres humanos y principios utilitaristas para los animales no humanos190.
Los principios kantianos prohibirían el uso de los seres humanos como meros medios. En cambio, los principios (que, según esta visión, deberían aplicarse solamente a los animales no humanos) podrían aceptar ese uso cuando hacerlo fuera la manera más eficiente de maximizar la utilidad (entendida como el saldo total agregado de bienestar).
Hay dos problemas fundamentales con esta posición, que se explicarán a continuación.
El primer problema es que, aun si el doble rasero en cuestión fuera aceptable, el uso de animales estaría justificado solamente en las condiciones en que el utilitarismo lo aprobara. Sin embargo, el utilitarismo sin duda tendría en cuenta la suma de los intereses de los animales (dando igual peso a los intereses similares de los humanos). Como la cantidad de animales usados en experimentos se estima en más de 100 millones de individuos por año191, sus intereses agregados tendrían un peso gigantesco, que superaría los intereses agregados de los humanos en usarlos192.
El segundo problema es que la posición en cuestión no ofrece ninguna razón para adoptar ese doble rasero: en lugar de ello, simplemente asume que está justificado. En cualquier otro contexto, adoptar el kantismo en algunos casos y el utilitarismo en otros se consideraría un ejemplo paradigmático de incoherencia. Para que se aceptara en este caso, habría que presentar una justificación, y no solo darlo por sentado como si fuera algo obvio.
A veces se intenta justificar la adopción de este doble rasero afirmando que los seres humanos poseen autonomía y que eso generaría una protección contra ser usados como recursos193. Sin embargo, esta salida tiene dos problemas, que se detallan a continuación.
El primer problema es que hay una cantidad enorme de seres humanos que no poseen autonomía. Si alguien es humano pero todavía no es adulto, o ya es adulto pero no posee las capacidades cognitivas típicas de un ser humano adulto, entonces no posee autonomía. Por lo tanto, según esa posición, los niños y las personas con alguna discapacidad cognitiva deberían ser usados en experimentos tal como se usa actualmente a los animales.
El segundo problema es que esa salida no explica por qué sería la capacidad de autonomía lo que generaría la protección contra ser usado como recurso, y no cualquier otra característica (como, por ejemplo, la ). A esto podría responderse que la autonomía genera la protección porque los agentes autónomos se ven perjudicados cuando se contraría su voluntad autónoma y, por eso, deben ser objeto de respeto. Pero los seres sintientes en general, tengan o no voluntad autónoma, también se ven perjudicados cuando se los usa en experimentos, especialmente si sufren o son matados. Por lo tanto, es completamente arbitrario decir que la razón por la que los agentes autónomos no deben ser usados en experimentos es que se verían perjudicados por ello y, a continuación, decir que los seres incapaces de autonomía deben ser usados en experimentos a pesar de verse perjudicados por ello.
20.5. Cuestionando la atribución de un peso mayor a los intereses humanos
En los dos apartados anteriores vimos que, aunque se atribuyera un peso mayor a los intereses humanos, eso seguiría siendo insuficiente para justificar la experimentación animal. Ahora veremos la crítica central a la propia idea de que los intereses humanos deberían contar más.
Si tenemos razones para dar consideración moral a alguien porque ese alguien puede ser perjudicado y beneficiado, entonces se sigue que la fuerza de las razones para evitar un perjuicio y para buscar un beneficio depende de la magnitud del perjuicio y del beneficio, y no de la especie de quien los recibe. Esto se ve con más claridad con el principio de igual consideración, que vimos en detalle en el capítulo 2 y que se recapitulará brevemente a continuación.
El principio de igual consideración194 es una garantía de que los individuos no sean favorecidos ni desfavorecidos de manera sesgada en la consideración de los perjuicios y beneficios que podrían recibir. El principio prescribe que perjuicios y beneficios de magnitudes similares deben recibir el mismo peso.
Por ejemplo, imaginemos que alguien afirma que el sufrimiento del individuo A importa en cierta medida, pero que el sufrimiento equivalente del individuo B, que tampoco hizo nada para merecerlo, importa menos. En ese caso, esa persona está violando el principio de igual consideración al desfavorecer al individuo B de manera sesgada.
En el ejemplo anterior, el principio se violó porque perjuicios similares recibieron un peso distinto. Hay, sin embargo, otra manera aún más extrema de violar el principio de igual consideración: cuando perjuicios menores reciben un peso mayor que perjuicios mayores.
Por ejemplo, imaginemos que alguien sostiene que aliviar el dolor leve de A es más importante que aliviar el dolor intenso de B. Imaginemos que ninguno de los dos hizo nada para merecer los dolores que padece. En ese caso, B está siendo desfavorecido de manera sesgada y de forma aún más flagrante, pues el perjuicio que padece recibe un peso menor no solo que perjuicios similares para A, sino incluso que perjuicios menores para A.
La gran mayoría de los experimentos que utilizan animales son violaciones del principio de igual consideración de este tipo más flagrante, que da un peso menor al perjuicio mayor, y los que no lo son violan igualmente el principio al dar un peso diferente a perjuicios similares.
Por ejemplo, la gran mayoría de los experimentos en animales busca satisfacer intereses menores de los seres humanos, como obtener nuevos cosméticos o nuevos productos de limpieza, sacrificando intereses mayores de los animales no humanos, como el de no sufrir y el de no morir. Podría objetarse que hay investigaciones con animales que buscan satisfacer intereses importantes de los seres humanos, como la cura de enfermedades o el desarrollo de vacunas. Sin embargo, como se dijo antes, el hecho de que uno de los intereses en juego sea un interés importante no basta para mostrar que no se está violando el principio de igual consideración. En el caso de la experimentación animal, este se viola cuando los intereses similares de los animales no humanos (como el de no sufrir y el de no morir) reciben un peso menor. Si se invirtieran los papeles (es decir, si la propuesta fuera matar a seres humanos para garantizar intereses igualmente importantes de animales no humanos), la práctica se consideraría inaceptable. Esto muestra que la experimentación animal se basa en un principio sesgado, que determina quiénes serán las víctimas y quiénes los beneficiarios con base en la especie a la que pertenecen, y no en algún criterio mínimamente imparcial.
20.6. ¿Cuál es realmente el problema ético de la experimentación animal?
El siguiente argumento, atribuido al filósofo Charles R. Magel, es utilizado con frecuencia por los defensores de los animales contra la experimentación animal:
“Pregúntele a los viviseccionistas por qué experimentan con animales y le responderán: ‘Porque los animales son como nosotros’. Pregúntele a los viviseccionistas por qué está moralmente ‘bien’ experimentar con animales y le responderán: ‘Porque los animales no son como nosotros’. La experimentación animal se apoya en una contradicción lógica195”.
A continuación veremos algunas razones para pensar que este no es un buen argumento. Eso no quiere decir que la experimentación animal esté justificada, pues, como vimos antes, hay varios otros buenos argumentos en su contra. Lo que se pretende mostrar aquí es que el problema ético
de la experimentación animal no está en incurrir en una contradicción lógica, sino en tratar de modo diferente casos que son similares en las propiedades moralmente relevantes.
Comencemos por observar que lo que el argumento afirma sobre la experimentación animal podría decirse igualmente de los cultivos celulares, de los modelos computarizados o de cualquier otro método sustitutivo del uso de animales. Por ejemplo:
“Pregúntele a los defensores de los animales por qué están a favor de las pruebas en cultivos celulares y le responderán: ‘Porque las células son como los seres sintientes’. Pregúntele a los defensores de los animales por qué está moralmente ‘bien’ experimentar con células y le responderán: ‘Porque no son como los seres sintientes’. La defensa de los métodos sustitutivos del uso de animales se apoya en una contradicción lógica”.
El error de ambos argumentos es no distinguir entre semejanzas fisiológicas y semejanzas en las propiedades moralmente relevantes. Dos seres pueden ser semejantes en un sentido pero no en el otro.
Si rehacemos los dos argumentos teniendo en cuenta esa distinción, podemos ver que el problema de la experimentación animal no está en incurrir en una contradicción lógica, sino en asumir que los animales no humanos son diferentes de los humanos en las propiedades moralmente relevantes. Veamos:
“Pregúntele a los viviseccionistas por qué experimentan con animales y le responderán: ‘Porque los animales son como nosotros fisiológicamente’. Pregúntele a los viviseccionistas por qué está moralmente ‘bien’ experimentar con animales y le responderán: ‘Porque los animales no son como nosotros en las propiedades moralmente relevantes’”.
Ahora podemos ver que no hay contradicción lógica. Eso no quiere decir que la experimentación animal esté justificada. Al contrario. Probablemente ambas afirmaciones de los defensores de la experimentación animal son falsas. Por ejemplo, varios autores han señalado que las diferencias fisiológicas entre especies hacen que el modelo animal sea científicamente inadecuado196. Sin embargo, el problema mayor está en la afirmación de que los animales no son como los humanos en las propiedades moralmente relevantes (y ese problema se mantendría aunque no hubiera ningún problema con la afirmación de que los animales son fisiológicamente como los humanos). Este punto se explicará con más detalle a continuación.
La razón por la que los seres humanos necesitan no es que pertenezcan a la especie humana, o que posean una serie de capacidades, una serie de relaciones entre sí, etc. Necesitan consideración moral simplemente porque pueden ser perjudicados y beneficiados. Sin embargo, esto muestra que todo ser sintiente es similar en lo que es relevante para recibir consideración moral, pues todo ser sintiente puede ser perjudicado y beneficiado (ya que la sintiencia es lo que hace que alguien pueda experimentar sufrimiento y placer, por ejemplo).
Ahora considere la misma adaptación en el segundo argumento:
“Pregúntele a los defensores de los animales por qué están a favor de las pruebas en cultivos celulares y le responderán: ‘Porque las células son fisiológicamente como los seres sintientes’. Pregúntele a los defensores de los animales por qué está moralmente ‘bien’ experimentar con células y le responderán: ‘Porque no son como los seres sintientes en las propiedades moralmente relevantes”.
Ahora podemos ver que la posición de los defensores de los animales tampoco incurre en una contradicción lógica y, lo que es más importante, se apoya en premisas verdaderas. Probablemente los métodos sustitutivos se parecen mucho más al organismo de los beneficiarios (sea cual sea la especie de esos beneficiarios) que el modelo animal. Pero, lo que es más importante: esos métodos sustitutivos no son semejantes a los seres sintientes en las propiedades moralmente relevantes, pues, al no ser sintientes, no pueden ser perjudicados ni beneficiados.
El uso frecuente del argumento atribuido a Magel por parte de los defensores de los animales se debe a la creencia equivocada de que, para que un argumento sea malo, tiene que incurrir en una contradicción. Que un argumento contenga premisas contradictorias es una de las maneras en que un argumento puede ser malo. Sin embargo, un argumento puede ser malo sin que sus premisas se contradigan entre sí. Por ejemplo, una o más premisas pueden ser falsas. Como vimos, ese es sin duda el caso de la premisa que afirma que los animales sintientes no son similares a los humanos en lo que es relevante para que alguien deba recibir consideración moral.
20.7. Conclusión
Si los argumentos presentados antes son sólidos, se siguen dos conclusiones importantes:
(1) Dado lo que vimos en el apartado 20.5, no hay justificación para dar un peso menor al bien de los animales no humanos.
(2) Dado lo que vimos en los apartados 20.2, 20.3 y 20.4, aunque hubiera tal justificación, eso no implicaría que la experimentación animal esté justificada.
Por lo tanto, hay buenas razones para rechazar la experimentación animal. Eso no significa, obviamente, que deban interrumpirse las investigaciones científicas. Significa solamente que no parece haber justificación para hacerlas mediante la experimentación animal.
Practica
Capa de estudio. Las respuestas se basan en el texto del capítulo.
¿Qué es la postura de “kantismo para los humanos, utilitarismo para los animales”?
¿Rechazar la experimentación con animales implica detener la investigación científica?
Para pensar
¿Qué experimentos te parecen inaceptables en humanos aunque fueran útiles? ¿Por qué el mismo criterio no vale para los animales?
Notas del autor 16
- 181 Sobre los métodos que no utilizan animales, ver Basketter et al. (2012); Ranganatha & Kuppast (2012); Knudsen (2013), Langley et al. (2015) o, para referencias muy recientes, Busquet et al. (2020); Ingber (2020); Madden et al. (2020); Movia et al. (2020); Wu et al. (2020). ↩
- 182 Sobre este punto, ver Taylor (2014). ↩
- 183 Sobre esto, ver Almiron & Khazaal (2016); Corporate Europe Observatory (2012) y Forrest 2021. ↩
- 184 Sobre estos problemas de extrapolación de datos, ver & Shanks (2020 [1997]). ↩
- 185 Sobre esto, ver Bernstein (2002, p. 523-24). ↩
- 186 Por ejemplo, la Declaración de Helsinki establece una serie de restricciones que evitan daños graves a los sujetos humanos, aun cuando violar esas restricciones podría proporcionar beneficios considerables a la humanidad en general. Ver Asociación Médica Mundial 2001, párrafos 5, 16 y 17. Por ejemplo, la Declaración establece el requisito de que los sujetos humanos utilizados con este fin sean voluntarios y participantes informados. Sin embargo, la declaración sostiene que la investigación médica en sujetos humanos no solo puede, sino que debe, apoyarse en experimentos con animales. Ver Asociación Médica Mundial 2001, párrafos 11-12). ↩
- 187 Aquí puede encontrar una discusión sobre los principales intentos de fundamentar esta posición y una explicación de por qué fracasan. ↩
- 188 Ver Asociación Médica Mundial (2001, párrafos 11-12). ↩
- 189 Ver Taylor et al. (2008); Taylor & Alvarez (2019). ↩
- 190 Esta actitud fue descrita (aunque no necesariamente defendida) por (1974, pp. 35-42). ↩
- 191 Ver Taylor et al. (2008); Taylor & Alvarez (2019). ↩
- 192 Además, hay también razones utilitaristas indirectas para defender la abolición total del uso de animales, que se aplicarían tanto al utilitarismo de reglas como al de actos o al de dos niveles. Puede leer sobre esas razones aquí. ↩
- 193 Un ejemplo de posición que apela a la autonomía es la Two-Tiered Account, propuesta por (2002, p. 242-5, 260; 2013, p. 103), aunque este defiende un estatus superior no para todos los seres humanos, sino solo para los capaces de autonomía. ↩
- 194 Para una exposición de este principio, ver (2002 [1993]). ↩
- 195 Para una cita de este argumento, ver Kemmerer (2015, p. 151). En el original: "Ask the experimenters why they experiment on animals and the answer is: Because the animals are like us. Ask the experimenters why it is morally okay to experiment on animals and the answer is: Because the animals are not like us. Animal experimentation rests on a logical contradiction". ↩
- 196 Ver, por ejemplo, Lafollette; Shanks (1997). ↩
Fuentes citadas en este texto 23
La lista completa del volumen está en las referencias del Volumen IV.
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