Questão
de Ética

Volumen VII · La ética y la situación de los animales salvajes · capítulo 22

Intentos de sostener que la prioridad corresponde a los animales domesticados

4 min de lecturaNivel avanzado2 notas3 fuentes

Selecciona un fragmento para destacarlo, anotarlo o compartirlo
¿Es tu primera vez en este tema? Lee primero la versión simplificada, escrita para quien recién empieza (2 min).

Antes de leer capa de estudio, no forma parte del texto original

Los argumentos para dar prioridad a los animales domesticados (deuda histórica, grado de dependencia) no justifican negar ayuda a los salvajes: la prioridad depende de la gravedad de la situación y del número de víctimas, y el criterio de la dependencia incluso favorece a los salvajes.

Texto original Luciano Carlos Cunha · Volumen VII, p. 62 de la edición en PDF · traducción al español

22.1. El argumento de la deuda histórica

Hay una posición que sostiene que tenemos una deuda histórica con los animales domesticados que no tenemos con los salvajes, pues son víctimas de la explotación, que a su vez comenzó con la domesticación66.

Esta afirmación suele mencionarse en un intento de sostener que es incorrecto ayudar a los o de negar el deber de ayudarlos. Sin embargo, esa afirmación no puede fundamentar esas conclusiones, pues si el criterio de la deuda histórica tuviera sentido, como mucho ayudar a los animales domesticados sería prioritario. Tal criterio no serviría para negar el deber de ayudar a los animales salvajes (y mucho menos para prohibir ayudarlos).

Además, incluso cuando se utiliza solo como criterio de prioridad, el criterio de la deuda histórica es problemático. Por ejemplo, si la prioridad depende de cuán grave sea la situación de las víctimas, entonces aquellas víctimas con las que no tenemos una deuda histórica deberían tener prioridad siempre que resulten más perjudicadas si no se las prioriza.

Dar prioridad a los animales domesticados podría tener sentido si, a causa de la explotación y la domesticación, estos se encontraran necesariamente en una condición peor que la de los animales salvajes. Sin embargo, como vimos en el Capítulo 3, eso es falso. Pensar lo contrario es desconocer cómo es la vida típica de los animales en la naturaleza.

El defensor del criterio de la deuda histórica podría objetar que no está sosteniendo que tal criterio sea relevante porque indique qué animales están en peor condición, sino que es relevante en sí: “nuestras obligaciones dependen de los actos pasados de la humanidad, y no de cuán bien o mal estén los animales a los que podríamos ayudar”. Sin embargo, si es así, el criterio de la deuda histórica está motivado por la pureza personal, y no por una preocupación real por mejorar la condición de los individuos que se encuentran en una mala situación.

Además, la explicación más razonable de por qué tendríamos una deuda histórica con los animales domesticados implica que también tenemos una deuda histórica con los animales salvajes. La manera más razonable de sostener que tenemos una deuda histórica con los animales domesticados es el hecho de que disfrutamos de beneficios que solo fueron posibles gracias a su domesticación y explotación. Como resultado de esas actividades, los animales domesticados se encuentran hoy en una situación pésima.

Sin embargo, si es así, tenemos exactamente la misma deuda con los animales salvajes, dado que la inmensa mayoría de los beneficios que hemos disfrutado a lo largo de la historia surgió de intervenciones en la naturaleza para favorecer a los humanos, y el hecho de no haber intervenido para beneficiar a los animales salvajes tuvo como resultado que estos resultaran enormemente perjudicados por los . Elegimos dejar a los animales salvajes en el dominio de los “sometidos a las fuerzas de la naturaleza”: sacarlos de esa categoría podría verse igualmente como una deuda histórica.

22.2. El argumento del grado de dependencia

Otras veces se dice que los animales salvajes tienen cierta independencia que los domesticados no tienen, lo que los volvería menos vulnerables: “¡ellos saben arreglárselas!”67.

De nuevo, aunque tal afirmación fuera verdadera, como mucho lograría fundamentar que diéramos prioridad a los animales domesticados. No serviría para negar la obligación de ayudar a los salvajes, y mucho menos para prohibir ayudarlos.

Además, que alguien tenga cierto grado de independencia indica que normalmente no necesita ayuda en ciertas circunstancias, pero no en todas. Por ejemplo, supongamos que un humano adulto normal (el ejemplo más citado de individuo independiente) se pierde en la selva o padece un cáncer. El hecho de que no necesite ayuda en otras situaciones no implica que no la necesite en esa situación.

Lo mismo ocurre en el caso de los animales salvajes que tienen algún grado de independencia. Hay situaciones (muchas, como vimos en el Capítulo 3) en las que su independencia no les sirve de nada

para librarse de lo que los perjudica. Además (como también vimos en el Capítulo 3), la inmensa mayoría de los animales que sufren intensamente y mueren prematuramente en la naturaleza son crías y, por lo tanto, no tienen la independencia que el argumento supone.

La idea de que los animales salvajes son independientes parece surgir del hecho de que, como vimos en el Capítulo 3, cuando la mayoría de las personas piensa en animales en la naturaleza, tiende a pensar en animales no representativos de la vida típica en la naturaleza: piensa en animales grandes y adultos, que son la inmensa minoría de los animales en la naturaleza.

Así, el criterio del grado de dependencia, al contrario de lo que supone la objeción, nos daría razones adicionales para intentar investigar maneras de ayudar a los animales salvajes.

Texto de Luciano Carlos CunhaColección Un recorrido por la ética animal, Volume VII
Ver todo el tema

Practica

Capa de estudio. Las respuestas se basan en el texto del capítulo.

¿Qué sugiere el criterio del grado de dependencia, bien analizado?

Según el capítulo, la prioridad depende de...

Para pensar

¿La idea de "deuda" cambia cuánto te importa alguien que sufre?

Notas del autor 2
  1. 66 Para ejemplos, ver Simmons (2009, p. 32) y Donaldson y Kymlicka (2011, p. 156-209) ↩
  2. 67 Ver, por ejemplo, et al. (2003, p. 21) y de (2001, p. 55) ↩
Fuentes citadas en este texto 3

La lista completa del volumen está en las referencias del Volumen VII.

  • DONALDSON, S.; KYMLICKA, W. Zoopolis: A Political Theory of Animal Rights. New York City: Oxford University Press, 2011.
  • EVERETT, J. Environmental ethics, animal welfarism, and the problem of predation: a Bambi Lover´s respect for nature. Ethics and Environment, v. 6, n. 1, p. 42-67, 2001.
  • SIMMONS, A. Animals, Predators, the Right to Life and the Duty to Save Lives. Ethics and the Environment, v. 14, n. 1, p. 15-27, 2009.

Este capítulo en el Volumen XII

Cómo resume el autor este debate en Lo esencial sobre ética animal.

Ayudar a los animales domesticados es prioritario, pues tenemos una deuda histórica con ellos a causa de la domesticación. Por eso, no debemos ayudar a los animales salvajes. (VII, cap. 22).
Aunque ayudar a los animales domesticados fuera prioritario, eso no fundamentaría negar el deber de ayudar a los animales salvajes (mucho menos prohibir ayudarlos). Además, si la prioridad depende de qué tan grave es la situación de las víctimas y del número de víctimas, eso no coincide necesariamente con el criterio de la deuda histórica. Cada animal salvaje también experimenta un sufrimiento extremo, y son muchísimos más que los domesticados. Por último, también podría argumentarse que tenemos una deuda histórica con los animales salvajes, pues los beneficios de los que disfrutamos surgieron de intervenciones en la naturaleza, y dejamos a los animales salvajes sometidos a los procesos naturales.

Textos recomendados

Sigue en el tema La ética y la situación de los animales salvajes.

Recorre los temas