Questão
de Ética

Volumen XII · Lo esencial sobre ética animal · capítulo 7

El debate sobre la propuesta de ayudar a los animales salvajes (parte 1)

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El cuadro responde a las objeciones más comunes a la ayuda a los animales salvajes: queda fuera del ámbito de la ética, es arrogancia, es antropocentrismo, menos influencia humana, libertad, dependencia, paternalismo, valor del sufrimiento, naturaleza indiferente, ecología y metas ambientalistas.

Texto original Luciano Carlos Cunha · Volumen XII, p. 23 de la edición en PDF · traducción al español

En esta sección seguiremos abordando las objeciones más comunes a la propuesta de ayudar a los y cómo se ha respondido a esas objeciones.

Objeción Cómo se ha respondido a la objeción
No debemos minimizar los daños naturales porque esta cuestión está fuera del alcance de la ética, ya que ni los procesos naturales ni los animales son moralmente responsables. (VII, cap. 2, 15, 16).Es contradictorio afirmar que la cuestión de los daños naturales está fuera del alcance de la ética y después decir que no debemos minimizar esos daños. Además, el hecho de que los procesos naturales y los animales no sean moralmente responsables es irrelevante, ya que quienes tenemos que decidir somos nosotros, no ellos. Cuando los humanos son las víctimas en situaciones similares, no se dice que no debemos socorrer a las víctimas solo porque los procesos naturales y los animales no son moralmente responsables.
Intervenir en la naturaleza (es decir, en el territorio natural y en los procesos naturales) siempre es incorrecto, pues es una actitud arrogante. Se trata de “jugar a ser Dios”. (VII, cap. 6).Hay muchas intervenciones en la naturaleza que casi todas las personas aceptan. Por ejemplo, las que se hacen para beneficiar a los humanos (medicina, agricultura, construcción de viviendas, escuelas, hospitales, bibliotecas, etc.) y para alcanzar metas ambientalistas (intervenciones para preservar especies raras, para mantener los ecosistemas en cierta configuración, etc.). Si alguna de esas intervenciones es justificable, entonces no tiene sentido decir que es incorrecto ayudar a los animales salvajes solo porque implicaría intervenir en la naturaleza.
Es incorrecto influir en el destino de estos animales. (VII, cap. 6).Estaremos influyendo en el destino de estos animales de cualquier manera, ya sea que decidamos ayudar o que decidamos no ayudar.
La propuesta es antropocéntrica, pues surge de los humanos. (VII, cap. 7).El hecho de que una propuesta sea antropogénica (es decir, que surja de los humanos) no significa que sea antropocéntrica (es decir, que su meta esté centrada en beneficiar a los humanos). La propuesta en cuestión busca beneficiar a los animales. Por lo tanto, no es antropocéntrica.
Cuanta menos influencia humana, mejor para los animales. (VII, cap. 8)No necesariamente. Habría que evaluar, caso por caso, si es actuar u omitirse lo que tiene los mejores resultados para los animales. No hay base para decir que omitirse siempre es mejor.
Debemos reducir la influencia humana en el mundo, incluso en situaciones en las que reducirla sería peor para los animales. (VII, cap. 8).Es contradictorio decir que debemos reducir la influencia humana porque perjudica a los animales, y a continuación decir que debemos reducirla incluso cuando hacerlo sea peor para los animales. Para fundamentar tal tesis, lo que habría que demostrar es que la influencia humana es incorrecta en sí, con total independencia de cómo se vean afectados los animales. Sin embargo, la objeción en cuestión ya asume que tal tesis es correcta, en lugar de demostrarla.
Desde nuestra perspectiva humana, no podemos saber qué es lo mejor para los animales. Luego, lo mejor para los animales es dejar que la naturaleza siga su curso. (VII, cap. 7).Es contradictorio decir, primero, que no podemos saber qué es lo mejor para los animales, y después decir que sabemos que lo mejor para ellos es dejar que la naturaleza siga su curso. Además, en las situaciones en las que la propuesta de ayudar a los animales salvajes busca intervenir, sí sabemos qué es lo mejor para los animales. Sería absurdo decir que tal vez lo mejor para los animales sería que sus cuerpos se quemaran, morir de inanición, de enfermedades, nacer para tener solo sufrimiento, etc.
Ayudar violaría la libertad de los animales. (VII, cap. 10).Al contrario. Ayudar es la única manera de garantizar que puedan ejercer su libertad, pues para ello necesitan estar vivos y libres de sufrimiento extremo. Podría objetarse que a veces la propuesta requiere intervenir en su libertad (por ejemplo, para vacunarlos). Pero, si el grado de libertad depende de cuánto puede alguien realizar lo que quiere, restringir su libertad en cierto momento puede ser necesario para garantizar que puedan seguir ejerciéndola.
Ayudarlos puede crear en ellos una dependencia de los cuidados humanos. Luego, no debemos ayudarlos. (VII, cap. 11).Esta objeción no se aplica a la mayoría de las intervenciones, pues buscan disminuir la cantidad de nacimientos, ni a la propuesta de suspender prácticas que hacen que los procesos naturales maximicen el sufrimiento y las muertes. Incluso las intervenciones que ayudan a animales ya nacidos no hacen que pierdan la habilidad que ya tienen, ni impiden que la adquieran. Lo que haría que los animales no pudieran ejercer la habilidad de buscar alimento o de adquirirla sería no ayudarlos, pues morirían. Aunque ayudar creara en los animales una dependencia de los cuidados humanos, eso seguiría siendo mejor para los animales que sufrir más y morir pronto.
La propuesta de ayudarlos es paternalista. Luego, no debemos ayudarlos. (VII, cap. 12).Si una acción es paternalista cuando busca beneficiar al afectado, pero va en contra de lo que él prefiere, entonces ayudar a los animales en la naturaleza solo sería paternalista si ellos prefirieran no ser ayudados en situaciones de inanición, enfermedades, accidentes, incendios, inundaciones, etc. Pero ese no es el caso. Claro que a veces los animales huyen de los intentos de ayudarlos. Pero eso no muestra que prefieran no ser ayudados (huyen porque no entienden que uno está ahí para ayudar). E incluso si hubiera algún animal que prefiriera quedarse en una situación en la que su sufrimiento aumentaría, muy probablemente no estaría en una posición epistémica favorable para ver qué es lo mejor para su bienestar a largo plazo. Por lo tanto, aunque ayudarlo fuera paternalista, sería el tipo de paternalismo justificado.
No debemos ayudarlos, pues el sufrimiento tiene valor instrumental (es decir, ayuda al individuo a evitar lo que lo perjudicaría). (VII, cap. 13).En el caso de la inmensa mayoría de los animales que sufren en la naturaleza debido a los procesos naturales, el sufrimiento, en lugar de ayudarlos a fomentar su bienestar, solo los perjudica (pues tienen un sufrimiento extremo desde el nacimiento hasta la muerte, muy prematura, causada por ese sufrimiento). Además, cuando el sufrimiento ayudara a los animales a alcanzar algo positivo, hay razones para investigar cómo lograr que alcancen ese estado positivo sin que, para ello, necesiten sufrir (por eso preferimos recibir anestesia antes de una cirugía).
La propuesta ve a los humanos como algo separado de la naturaleza. (VII, cap. 14).Al contrario. Es la idea de que los humanos no deben intervenir en el territorio natural la que parece ver a los humanos como algo separado de la naturaleza. Si vemos a los humanos como parte del mundo natural, entonces los resultados influidos por prácticas humanas no dejan de ser (ni son menos) naturales.
La naturaleza no es buena ni mala. Los procesos naturales no son agentes imputables. Por lo tanto, no tenemos razones para ayudar. (VII, cap. 2, 15, 16).Es verdad que los procesos naturales no son agentes imputables. Pero eso no hace que no tengamos razones para prevenir y minimizar los efectos negativos que se derivan de los procesos naturales (esto ya se acepta ampliamente cuando los humanos son víctimas de los procesos naturales). La responsabilidad moral recae sobre nosotros, que tenemos que decidir si ayudar o no.
La naturaleza es indiferente al sufrimiento de los animales. Los ecosistemas surgen, perduran y desaparecen con total indiferencia hacia el sufrimiento y la muerte de los animales. (VII, cap. 2, 15, 16).Sí, pero eso no justifica que nosotros también lo seamos. Los ecosistemas también surgen, perduran y desaparecen con total indiferencia hacia el sufrimiento humano, pero eso no justifica que seamos indiferentes al sufrimiento. La objeción en cuestión asume que el modo en que suceden los fenómenos naturales debería ser un modelo de lo que deberíamos hacer. Al hacerlo, da un salto injustificado: de describir cómo son las cosas a prescribir cómo deberían (moralmente) ser.
Debemos respetar la naturaleza de los animales salvajes, y eso requiere abandonarlos a su suerte. (VII, cap. 17).Tenemos que preguntarnos: ¿por qué debemos respetar la naturaleza de alguien? Si la respuesta es “porque hacerlo lo beneficiaría”, entonces es falso que respetar la naturaleza de los animales salvajes requiera abandonarlos a su suerte, pues eso probablemente los perjudicaría. Por otro lado, si la respuesta es “porque sí, incluso cuando eso los perjudicaría”, entonces no se está dando ninguna razón para explicar por qué respetar la naturaleza de alguien sería más importante que evitar perjudicarlo.
Intervenir en conflictos entre animales podría empeorar todavía más la situación (por ejemplo, intervenir en la depredación podría generar una explosión poblacional de las presas). (VII, cap. 18, 31).En cualquier caso en que intervenir tenga una buena probabilidad de empeorar todavía más la situación por la cadena de consecuencias, la propuesta de ayudar a los animales salvajes prescribiría no intervenir. Sin embargo, eso no significa que intervenir siempre tendrá peores consecuencias. Por ejemplo, al disminuir la productividad primaria, la tendencia es que haya una disminución general de las poblaciones, pues es un tipo de intervención “de abajo hacia arriba” en la cadena alimentaria.
La propuesta implicaría intervenir en conflictos entre animales, y eso es incorrecto incluso cuando hacerlo mejore la situación. (VII, cap. 18, 31).Esta objeción asume que la acción correcta a veces tiene consecuencias peores que otros cursos de acción disponibles. Sin embargo, esa tesis tendría que demostrarse, y la objeción ya la asume como correcta de antemano. Además, cuando los humanos son víctimas de animales, no se defiende esa tesis. Cuando los humanos son las víctimas, se defiende que siempre es correcto ayudar, independientemente de las consecuencias. Cuando los animales son las víctimas, se defiende que siempre es incorrecto ayudar, aunque las consecuencias de no ayudar sean peores. Eso es especismo.
Esta es una cuestión que debe responder la ecología, no la ética. Si aplicamos lo que dice la ecología, valoraremos las especies, los ecosistemas y el equilibrio natural, y no esa búsqueda de evitar el sufrimiento y las muertes de seres sintientes. (VII, cap. 19).Describir lo que sucede en los ecosistemas naturales es una tarea de la ecología. Sin embargo, qué metas deberíamos perseguir (por ejemplo, si es el bien de los seres sintientes o si son valores ambientalistas) es una cuestión del área de la ética. Ninguna ciencia descriptiva tiene la respuesta a esa cuestión. Los defensores de los animales no rechazan el conocimiento en ecología (de hecho, dependen de él para ayudar a los animales salvajes de modo seguro). Pero la ecología jamás prescribiría que debemos valorar las especies, los ecosistemas, la biodiversidad o cualquier otra cosa, pues solo describe; como cualquier ciencia, no trata de qué metas debemos perseguir. Quien está en contra de ayudar a los animales salvajes y afirma que está “solo aplicando lo que dice la ecología” está disfrazando una posición moral ambientalista de descripción moralmente neutral.
Lo que importa son los ecosistemas y las especies, y no los animales. Entonces, si todo ese sufrimiento y esas muertes no extinguen especies ni amenazan ecosistemas, no necesitamos preocuparnos. (VII, cap. 20).Si la cuestión de la consideración moral existe porque, con nuestras decisiones, es posible beneficiar o perjudicar a los afectados por ellas, entonces, para que alguien sea moralmente considerable, basta con que pueda ser perjudicado/beneficiado. Todo ser sintiente, por ser capaz de experimentar ciertos estados como positivos y otros como negativos, puede ser perjudicado/beneficiado. Si es así, entonces cada ser sintiente importa por sí mismo. La tesis de que cada ser sintiente importa por sí mismo es mucho menos controvertida que la tesis de que las especies y los ecosistemas importan en sí.
Aunque los animales importen, ayudar entraría en conflicto con metas ambientalistas (como mantener el ecosistema en ciertas configuraciones), y eso hace que ayudar sea incorrecto. (VII, cap. 20).En la gran mayoría de los casos no habría conflicto de metas, pues los programas de ayuda a los animales salvajes no alterarían las propiedades de los ecosistemas que valora el ambientalismo: solo harían que hubiera menos sufrimiento para los habitantes de esos ecosistemas. Incluso hay varios programas que cumplirían ambas metas. Por 30 ejemplo, la vacunación de abejas previene que una cantidad enorme de animales sufra a causa de enfermedades y también ayuda a la conservación de especies.
Pero claramente hay casos en que ayudar entraría en conflicto con metas ambientalistas. Por ejemplo, los ambientalistas pueden querer mantener solo la vegetación nativa del lugar, pero puede ser que introducir vegetación no nativa disminuyera el sufrimiento total de los animales que viven allí. En esos casos, ¿no sería incorrecto ayudar? (VII, cap. 20).Que haya conflicto, por sí solo, es insuficiente para fundamentar la conclusión de que no debemos ayudar. Habría que mostrar: (1) que debemos acatar las metas ambientalistas y (2) que esas metas son más importantes que los intereses básicos de los animales (como no sufrir y no morir). Aunque se demostrara el punto 1, podrían ofrecerse razones para rechazar el punto 2. Por ejemplo, podría decirse que solo los seres sintientes son perjudicados por el sufrimiento y por la muerte, y que esos perjuicios son particularmente graves. Así, cuando hubiera conflicto, habría razones para priorizar los intereses básicos de los seres sintientes. Esto ya lo aceptan los ambientalistas en el caso humano: defienden limitar intereses no básicos de los humanos (estéticos, económicos, recreativos, etc.) para alcanzar sus metas, pero no defienden que eso justifique causar sufrimiento y muertes a humanos, ni dejar de ayudarlos cuando son víctimas de procesos naturales.
Texto de Luciano Carlos CunhaColección Un recorrido por la ética animal, Volume XII
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Practica

Capa de estudio. Las respuestas se basan en el texto del capítulo.

"No sabemos qué es lo mejor para los animales, así que lo mejor es dejar que la naturaleza siga su curso". ¿Cuál es el problema?

¿Por qué la propuesta no ve a los humanos como separados de la naturaleza?

Para pensar

¿Cuál de estas objeciones te parece más fuerte? ¿La enfrenta bien la respuesta del cuadro?

Notas del autor 1
  1. 30 Sobre la vacunación de abejas, ver Raukko (2018). ↩
Fuentes citadas en este texto 1

La lista completa del volumen está en las referencias del Volumen XII.

Profundiza en cada punto

Los capítulos que el autor indica en los cuadros de arriba.

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