Volumen XII · Lo esencial sobre ética animal · capítulo 8
El debate sobre la propuesta de ayudar a los animales salvajes (parte 2)
Antes de leer capa de estudio, no forma parte del texto original
La segunda parte de las objeciones a la ayuda a los animales salvajes niega nuestra responsabilidad o cuestiona su viabilidad práctica; el cuadro responde a cada una e incluye la simulación del debate sobre la matanza altruista y el debate sobre la expansión de la naturaleza.
Algunas personas dicen "no es responsabilidad nuestra" o "no se puede hacer nada". El capítulo muestra que ya se ayuda a muchos animales salvajes y que se puede hacer mucho más. También muestra discusiones difíciles entre los propios defensores de los animales.
Cuando dicen que "no se puede resolver la pobreza", la respuesta es que cada persona ayudada ya cambia una vida, y que investigar soluciones es parte del camino.
- P1 Las objeciones dicen que solo somos responsables de las prácticas humanas, que la propuesta es demasiado exigente o que es impracticable.
- P2 La responsabilidad viene de que nuestras decisiones determinan los resultados, como en el caso de los médicos y los desastres.
- P3 Ya se vacuna, trata y rescata a animales salvajes, y hay caminos a gran escala.
- P4 Lo que importa es la cantidad real de beneficio, no el porcentaje del problema.
- C Por lo tanto, esas objeciones no justifican dejar de ayudar.
El argumento central del capítulo en forma lógica. Si las premisas son verdaderas, la conclusión se sigue. Para discrepar, tienes que mostrar qué premisa es falsa.
Dicen “No se puede ayudar a todos, así que no debemos ayudar a ninguno.”
Respuesta Tampoco se puede ayudar a todos los humanos, y eso no implica no ayudar a ninguno. Para cada animal ayudado, la ayuda marca toda la diferencia.
Más objeciones y respuestas en Desmontando objeciones.
Texto original Luciano Carlos Cunha · Volumen XII, p. 28 de la edición en PDF · traducción al español
En esta sección veremos la última parte de las objeciones más comunes a la propuesta de disminuir el sufrimiento y las muertes de los que tienen su origen en , y las respuestas que se han dado a ellas. Discutiremos ahora objeciones que niegan que seamos moralmente responsables de hacer algo, o que cuestionan la viabilidad práctica de tal propuesta.
Objeción Cómo se ha respondido a la objeción
Es incorrecto ayudar, pues la humanidad solo es moralmente responsable de las prácticas humanas. — Aunque así fuera, eso solo significaría que no hay deber de ayudar (y no que es incorrecto ayudar). Ayudar podría seguir siendo moralmente permisible, o incluso loable. Además, podría decirse que somos moralmente responsables de una decisión siempre que esta sea determinante para que los resultados sean de una u otra manera, y eso no se limita a las prácticas humanas (VII, cap. 21). Por ejemplo, si los médicos tienen la obligación de atender a las víctimas de enfermedades de causa natural, entonces es falso que solo seamos moralmente responsables de las prácticas humanas.
| No tenemos una relación cercana con estos animales. Por eso, la humanidad no tiene la obligación de destinar recursos para ayudarlos. (VII, cap. 21) | La ausencia de una relación cercana es insuficiente para mostrar que la humanidad no tiene la obligación de destinar recursos para ayudarlos, pues nuestra decisión de ayudar o no ayudar, aunque sea a distancia, influye directamente en su situación (lo mismo sucede con las víctimas humanas de desastres naturales en lugares distantes, por ejemplo). Tampoco tenemos una relación de cercanía con los animales explotados, pero eso no hace que dejemos de tener la obligación de no perjudicarlos, pues nuestra decisión a distancia los afecta directamente. Sin embargo, lo mismo es verdad respecto de los animales que están en la naturaleza. |
| Hay un deber general de ayudar, pero no a esta causa en especial. (VII, cap. 21) | Rechazaremos esta posición si aceptamos que debemos priorizar las causas en proporción al número de víctimas, al monto total de sufrimiento y al grado en que la causa está desatendida. Según estos criterios, la causa que busca disminuir el sufrimiento de los animales salvajes debería recibir una gran atención. |
| La propuesta es demasiado exigente. (VII, cap. 21) | Tal propuesta exigiría muy poco de cada persona, pues quienes harían las intervenciones serían los profesionales que ya trabajan en ese campo (como biólogos y etólogos). Cada persona solo tendría el deber de llamar la atención sobre la importancia de esta cuestión y reivindicar que se destinen recursos a tratarla. Los profesionales de las ciencias de la vida, por su parte, seguirían haciendo su trabajo normalmente, con la diferencia de que ahora sus investigaciones estarían orientadas por una preocupación directa por el bien de los animales. |
| Ayudar a los animales domesticados es prioritario, pues tenemos una deuda histórica con ellos a causa de la domesticación. Por eso, no debemos ayudar a los animales salvajes. (VII, cap. 22). | Aunque ayudar a los animales domesticados fuera prioritario, eso no fundamentaría negar el deber de ayudar a los animales salvajes (mucho menos prohibir ayudarlos). Además, si la prioridad depende de qué tan grave es la situación de las víctimas y del número de víctimas, eso no coincide necesariamente con el criterio de la deuda histórica. Cada animal salvaje también experimenta un sufrimiento extremo, y son muchísimos más que los domesticados. Por último, también podría argumentarse que tenemos una deuda histórica con los animales salvajes, pues los beneficios de los que disfrutamos surgieron de intervenciones en la naturaleza, y dejamos a los animales salvajes sometidos a los procesos naturales. |
| Esta propuesta debe rechazarse porque implicaría la esterilización, y los animales tienen derecho a no sufrir interferencias en su propio cuerpo contra su voluntad. (VII, cap. 29). | Tres respuestas. (1) Hay formas de minimizar los daños naturales que no implican esterilizar: vacunar, tratar enfermedades, proporcionar agua, comida, refugio, socorro en desastres naturales, no recrear las condiciones para la maximización de los nacimientos, etc. (2) Respetar el supuesto derecho a la no esterilización daría como resultado mucho más sufrimiento y muertes que no respetarlo (pues implicaría la maximización de seres que nacerían solo para sufrir y morir prematuramente), y violaría entonces la integridad física y la vida de (muchos) terceros. (3) La esterilización de animales como perros y gatos (que tienen en promedio 4 o 5 crías por camada) es ampliamente aceptada por los defensores de los animales. En el caso de los animales salvajes que tienen miles o millones de crías por camada, tenemos razones mucho más fuertes para justificar la esterilización. |
| No hay nada que hacer para ayudar. (VII, cap. 26). | A los animales ya se los viene ayudando con la vacunación y el tratamiento de enfermedades, en incendios y en otros desastres naturales, con la asistencia a animales huérfanos, el rescate de animales atrapados y programas para atender las necesidades básicas de los animales31. |
| No hay nada que hacer a gran escala (VII, cap. 18, 24, 31, 36, 37). | Muchas cosas podrían hacerse a gran escala. Por ejemplo, podría estudiarse qué elementos del ambiente tienden a reducir la productividad primaria (y, por consiguiente, el sufrimiento total). Además, podrían evitarse las prácticas humanas que contribuyen a que los procesos naturales maximicen la cantidad de nacimientos (y, por consiguiente, el sufrimiento). Solo eso ya reduciría enormemente la cantidad de animales que nacerían solo para sufrir. |
| No hay manera de ayudar a todos. Luego, no debemos ayudar a ninguno. (VII, cap. 25). | Sí, es verdad que no hay manera de ayudar a todos. Pero, para cada animal ayudado, la ayuda marca toda la diferencia. Tampoco hay manera de ayudar a todos los animales domesticados, ni a todos los humanos, pero eso no implica que no debamos ayudarlos. Algo así solo se dice en el caso de la ayuda a los animales no humanos debido a la prevalencia del especismo. Ninguno de nosotros rechazaría ser ayudado solo porque no es posible ayudar a todos los que lo necesitan. Por lo tanto, tal posición viola la imparcialidad. |
| Primero debemos resolver los problemas que los humanos causan a los animales. Si ni siquiera logramos resolver los problemas que los humanos causan a los animales, mucho menos los daños causados por procesos naturales. (VII, cap. 25). | Si nuestra meta es ayudar de la manera más eficiente posible, no debemos basarnos en el origen del daño (si es causado o no por humanos), sino en la cantidad de beneficio que podría producirse con cada estrategia. No es necesario resolver todos los problemas causados por humanos (ni siquiera alguno de ellos) para hacer algo por los animales víctimas de procesos naturales. Ayudar a animales víctimas de procesos naturales no es necesariamente más difícil que ayudar a animales víctimas de prácticas humanas. De hecho, en algunos casos puede ser más fácil, pues la resistencia puede ser menor. Lo que debemos hacer es investigar dónde nuestros recursos, si se aplicaran, producirían un bien mayor (por ejemplo, ayudarían a más víctimas, o ayudarían a las que están en la peor situación, etc.), y no investigar si el daño tuvo su origen en prácticas humanas o en procesos naturales. |
| El problema tiene tantas víctimas que, aunque lográramos ayudar a gran escala, seguiría siendo un porcentaje pequeño del problema (VII, cap. 25). | Lo que importa no es el porcentaje, sino la cantidad real de beneficio que podríamos producir. Por ejemplo, suponga que con un mismo recurso podemos o bien ayudar al 90% de los animales del problema A, o bien ayudar en igual medida al 0,1% de los animales del problema B (que están todos en una situación igual de mala que la de los animales del problema A). Si nos guiamos por el porcentaje, ayudaremos al 90%. Pero supongamos que el problema A tiene un billón de animales, y el problema B tiene mil billones. La cuestión es: el 90% de un billón son 900 mil millones, mientras que el 0,1% de mil billones es un billón. Resolver el 0,1% del problema B es ayudar a 100 mil millones de animales más, con el mismo recurso. |
| Es difícil prever las consecuencias a largo plazo. Ayudar podría empeorar todavía más las cosas. Mejor no intentar ayudar. (VII, cap. 24). | Si es difícil prever las consecuencias a largo plazo, entonces no podemos saber con certeza que no ayudar tiene las mejores consecuencias. Lo que tendríamos que hacer es investigar cada vez más a fondo cómo se dan las interacciones en los ecosistemas (de los animales entre sí y con su entorno). Al hacerlo, aumentaría cada vez más nuestro conocimiento sobre la probabilidad de las cadenas de consecuencias a largo plazo, lo que permitiría planificar programas de ayuda cada vez más seguros y eficientes. |
| La naturaleza ya se equilibra, y eso coincide con lo que es mejor para los animales. Mejor no intervenir. (VII, cap. 24). | En realidad, de forma natural las poblaciones fluctúan enormemente, de manera casi siempre irregular. Además, una situación puede ser estable y terriblemente mala para los animales afectados. Por ejemplo, las situaciones en las que a lo largo de generaciones sobreviven en promedio solo dos crías por camada están equilibradas en ese sentido, pero, dados los tamaños gigantescos de las camadas, también son un escenario en el que se maximizan el sufrimiento y las muertes prematuras. |
| Pero, si hubiera menos equilibrio, habría todavía más sufrimiento (VII, cap. 24). | No necesariamente. Todo depende de cómo el grado de equilibrio o desequilibrio influiría en otros factores que afectan directamente a los animales (como la cantidad de nacimientos y en qué especies, la disponibilidad de alimento y de refugio, la cantidad de enfermedades y de conflictos, etc.). Así, si el objetivo es lo mejor para los animales, debemos investigar directamente esos factores, y no el grado de equilibrio. Además, como los ecosistemas tienden a equilibrarse en altos niveles de productividad de plantas y de animales, las perturbaciones probablemente tienden a reducir el sufrimiento, en lugar de aumentarlo. |
| No debemos ayudar a estos animales porque hacerlo impediría que prevalecieran los genes mejor adaptados. (VII, cap. 23). | Los rasgos más eficientes para transmitir los genes no necesariamente benefician a sus portadores ni a sus descendientes. Por ejemplo, el rasgo de maximizar la cantidad de crías es muy eficiente para maximizar la transmisión genética, pero nacer como miembro de una especie que se reproduce de esa manera significa ver drásticamente reducidas las propias probabilidades de supervivencia. Además, la cantidad de sufrimiento y de muertes naturales es tan gigantesca que, aunque ayudar a los animales implicara que los miembros de las generaciones futuras no tuvieran los genes mejor adaptados posibles, eso probablemente seguiría teniendo un saldo mucho menos negativo que dejar que la naturaleza siga su curso. Asimismo, varias formas de intervención no impedirían que prevalecieran los genes mejor adaptados, como es el caso de la esterilización y de la investigación sobre qué tipos de elementos del ambiente dan como resultado una menor cantidad de nacimientos en las especies cuyos miembros suelen tener vidas negativas. Por último, si lo que propone la objeción fuera aceptable, todos nosotros deberíamos ser abandonados a nuestra suerte para que solo los humanos mejor adaptados transmitieran sus genes. |
| Esta propuesta no puede estar científicamente bien informada. (VII, cap. 19, 27). | Los datos de la ciencia de la ecología se han usado predominantemente para alcanzar metas antropocéntricas y ambientalistas, pero podrían usarse también para orientar programas que buscan prevenir el sufrimiento de los animales. Además, a medida que avanzara el desarrollo del área de la biología del bienestar32 (que estudiaría a los animales en sus ambientes desde el punto de vista de lo que los afecta positiva o negativamente, y no como componentes de ecosistemas o ejemplares de especies), habría cada vez más datos que podrían informar científicamente los programas de ayuda. |
| No estamos en condiciones de saber cuándo una vida vale o no la pena. Podemos creer que una vida no vale la pena y estar equivocados. Luego, es mejor no intervenir. (VII, cap. 32). | Imaginemos que se nos ofreciera la oportunidad de renacer para vivir una vida llena de sufrimiento extremo. Si no lográramos evaluar que esa vida no vale la pena, dudaríamos sobre si vale la pena aceptar tal propuesta o no. La situación de la gran mayoría de los animales en la naturaleza es de ese tipo. Ante esto, podría objetarse que, aunque la vida de alguien haya sido pésima hasta cierto momento, todavía es posible mejorarla. Eso es verdad, pero entonces esa es una razón para intentar ayudar a los animales salvajes. Además, la meta de mejorar la vida de los seres que ya existen no implica rechazar la meta de prevenir nuevos nacimientos. Esto se debe a que, cuanto mayor es la cantidad de nacimientos, más difícil es mejorar la vida de cada uno de los individuos nacidos. |
| Si las vidas de los animales salvajes están llenas de sufrimiento, ayudarlos solo sería prolongar su agonía. Mejor no intervenir. (VII, cap. 33). | El hecho de que sus vidas estén llenas de sufrimiento se debe a que están en un ambiente en el que las condiciones para que alguien sobreviva mucho tiempo son completamente desfavorables. Si creamos condiciones para que logren sobrevivir más tiempo, aumentan las probabilidades de que tengan una vida significativa. Prolongar sus vidas solo da como resultado algo peor (que morir) si no hacemos nada para evitar otras formas de sufrimiento a las que estarán sometidos. Además, lo que les causa sufrimiento generalmente también les causa la muerte. Si ofrecemos tratamiento para tales males, estaremos prolongándoles la vida, pero también aumentando sus niveles de bienestar. Además, también es falso que todas las intervenciones prolonguen la vida de los animales: muchas solo previenen nuevos nacimientos. |
| Esta propuesta debería rechazarse porque implicaría prohibir tratar el parasitismo (pues hacerlo mataría a muchos para salvar solo a uno). (VII, cap. 30). | Cuando los parásitos no son sintientes y el huésped sí lo es, aunque tratar el parasitismo dé como resultado más muertes, la situación resultante es mejor, pues la muerte no es un daño para tales parásitos. En el caso de los parásitos sintientes, habría que evaluar si sus vidas serían mínimamente significativas. Si no lo son (y no es posible hacerlas significativas), entonces la muerte no es para ellos un daño mayor que seguir vivos. Incluso si en cierto caso los parásitos resultaran más perjudicados al morir, y la decisión correcta fuera no tratar al huésped, aun así no podría oponerse ninguna objeción a la prevención de futuros casos de parasitismo (por ejemplo, mediante la esterilización), pues dejar de producir nuevos seres no equivale a matar seres que ya existen. Además, no tratar el parasitismo probablemente daría como resultado un mayor número de muertes y de sufrimiento a lo largo del tiempo. Casi la totalidad de los parásitos se reproduce maximizando la cantidad de crías. Si son sintientes, el resultado de ello es también la maximización de las muertes y del sufrimiento para los propios miembros de tales especies. No tratar al huésped hará que los parásitos sigan reproduciéndose e infectando a nuevas víctimas. Esto nos da razones no solo para tratar a las víctimas de parasitismo ya infectadas, sino, principalmente, para prevenir el parasitismo en general. Así, es falso que la propuesta de prevenir los daños naturales prohibiría tratar los casos de parasitismo. |
| La situación puede tener un saldo positivo: el placer de los pocos animales que viven mucho puede superar el sufrimiento sumado de la gran mayoría. (VII, cap. 34). | Supongamos que el saldo total fuera positivo. Las razones para disminuir el sufrimiento no disminuyen por eso. Por ejemplo, las razones para ayudar a los humanos que mueren de hambre en los países pobres no se debilitan solo porque haya humanos acomodados en los países ricos. Además, incluso quien cree que lo único que importa es el saldo total tiene razones para priorizar eliminar el sufrimiento, pues una unidad extra de recurso produce mayores aumentos de bienestar cuanto peor sea la situación de quien la recibiría. Así, priorizar mejorar la situación de quienes se encuentran en una situación negativa es más eficiente para aumentar el saldo total. |
| El debate sobre la expansión de la naturaleza | |
|---|---|
| La propuesta que busca prevenir el sufrimiento de los animales salvajes derivado de causas naturales implica que expandir el territorio natural (los bosques, por ejemplo) es algo negativo. Por eso es absurda. Debemos expandir el territorio natural porque los seres sintientes lo necesitan como recurso. (VII, cap. 37). | La preocupación por los seres sintientes (de la generación actual y/o de las futuras) no aprobaría la expansión, pues la cantidad de seres que nacerían solo para sufrir sería siempre mucho mayor que la de los que están vivos ahora o la de los que nacerían para tener vidas positivas y necesitarían el medio ambiente como recurso. La única manera de defender la expansión es a partir de una visión según la cual es mejor una historia del mundo con una mayor cantidad de sufrimiento y de muertes prematuras de seres sintientes. Pero eso es muy difícil de defender. Podría objetarse que expandir el territorio natural puede ser necesario para prevenir la extinción de los humanos, que son los únicos que pueden prevenir los daños naturales. Esta es una preocupación importante, pero también es posible que la presencia humana llegue a tener un saldo negativo en el futuro. Por ejemplo, si en el futuro la humanidad desarrolla la colonización espacial, recrearía en muchos otros lugares los procesos naturales que dan como resultado la maximización del sufrimiento y de las muertes. Por lo tanto, es incierto si la presencia humana tendrá un saldo positivo o negativo a lo largo de la historia. Además, aunque debamos prevenir la extinción humana, eso no implica necesariamente expandir el territorio natural, pues existen maneras de prevenir el cambio climático sin crear nuevos ambientes como los bosques. Un ejemplo es buscar la eficiencia en el uso de la energía y apostar por las energías renovables. En suma, los casos en que la expansión podría estar justificada son aquellos en que todas las demás opciones darían como resultado algo todavía peor. Si es que existen tales casos, son una fracción pequeña de las prácticas de expansión del territorio natural. |
| Simulación del debate sobre la destrucción de la naturaleza | |
|---|---|
| ¿La propuesta de reducir el sufrimiento de los animales salvajes implica la matanza altruista? Es decir, ¿implica destruir los hábitats naturales (por ejemplo, mediante la urbanización)? (VII, cap. 36). | Hay divergencia entre los partidarios de reducir el sufrimiento de los animales salvajes sobre si existe o no esa implicación. A continuación se presenta la simulación de un debate que resume los principales argumentos de cada lado. |
| Contra la destrucción | A favor de la destrucción |
| Al destruir la naturaleza (por ejemplo, con la urbanización), perjudicaremos a muchos animales. Lo ideal sería reducir los nacimientos, vacunar, tratar enfermedades, etc. | Esperar soluciones no letales (que pueden tardar mucho, o incluso no llegar nunca) implicaría la muerte y el sufrimiento de muchos más animales que la matanza altruista. |
| La defensa de la matanza altruista haría que la gente considerara absurda la consideración por los animales. El efecto de esto sería peor que el efecto de esperar soluciones no letales, pues haría que los humanos aumentaran los daños que causan a los animales. | Aunque la defensa de la matanza altruista influya en los humanos para que aumenten los daños que causan a los animales, la destrucción de hábitats prevendría mucho más sufrimiento y muertes que la suma de todos los daños que causan los humanos. |
| Hasta el momento, los daños que causan los humanos son menores que los daños naturales, pero eso puede cambiar en el futuro si los humanos expanden el territorio natural en la Tierra o fuera de ella. Si la matanza altruista contribuye a que el sufrimiento de los animales salvajes sea todavía más desatendido, y eso da como resultado la expansión de la naturaleza, entonces la matanza altruista sería peor que esperar soluciones no letales. | Esto solo muestra que no debemos defender la matanza altruista, pero no que no deba llevarse a cabo (por ejemplo, la urbanización podría continuar). Además, si el mayor riesgo es que los humanos expandan el territorio natural, entonces ese riesgo es mayor si defendemos que siempre es incorrecto destruir el territorio natural. La matanza altruista deja muy claro que expandir el territorio natural no es algo bueno. |
| Si la humanidad ya tiende a expandir la urbanización, no hay necesidad de defender la matanza altruista y, como defenderla también presenta riesgos, es mejor no defenderla. | Tal vez, pero aun así podríamos incentivar la investigación sobre qué usos del suelo tienen mayores probabilidades de tener un saldo positivo para los animales. Podríamos incentivar esos cambios y también cambios en las prácticas de consumo, como se hace en relación con la explotación animal. |
| La idea que hay detrás de la matanza altruista está tan alejada del sentido común que difícilmente sería aceptada (solo generaría rechazo a la propuesta de disminuir el sufrimiento de los animales salvajes). Por eso, el riesgo de defenderla es tan alto. Así, es mejor mantener una regla absoluta contra la destrucción de hábitats naturales. | Si explicamos al público que menos hábitats implica menos sufrimiento y muertes, eso puede reducir el entusiasmo por las políticas conservacionistas y de expansión del territorio natural. Suspender tales políticas no implica gasto ni requiere actividad alguna, de modo que puede ser más fácil que el público lo acepte que las intervenciones para reducir el sufrimiento. |
| Los partidarios de la destrucción pueden tener un sesgo optimista respecto de las probabilidades de las consecuencias de la matanza altruista. Pueden tener ese sesgo porque la matanza ofrece una solución rápida. Esto puede hacer que desatiendan las posibles consecuencias negativas debidas a cómo influirá en las decisiones de futuros agentes. | La inclinación contra las intervenciones violentas puede hacer que evaluemos de manera sesgada las probabilidades de las consecuencias. Además, los daños en el caso de la matanza altruista ocurrirían por acción, y en el caso de esperar soluciones no letales ocurrirían por omisión (pero podrían ser mucho mayores). Así, debemos desconfiar de la preferencia por esperar soluciones no letales. |
En los capítulos 6, 7 y 8 vimos de manera muy resumida un panorama general del debate sobre las implicaciones éticas de los daños que padecen los animales a causa de los procesos naturales. Como habrá notado, es un debate lleno de matices, y con cuestiones que desafían en alto grado la percepción común sobre este tema. Por eso, vale mucho la pena pensar en estas cuestiones con calma y con la mente abierta antes de rechazar o aceptar cierta posición. Como se mencionó, el Volumen VII de esta colección discute cada uno de estos temas en detalle, y contiene muchas otras indicaciones de materiales que amplían todavía más la discusión.
Practica
Capa de estudio. Las respuestas se basan en el texto del capítulo.
¿Por qué la propuesta no es demasiado exigente para cada persona?
Entre quienes proponen reducir el sufrimiento de los animales salvajes, la matanza altruista es...
Para pensar
¿Qué ejemplo de ayuda a animales salvajes conocías antes de leer este cuadro?
Notas del autor 2
Fuentes citadas en este texto 3
La lista completa del volumen está en las referencias del Volumen XII.
- FARIA, C.; HORTA, O. Welfare biology. In: FISCHER, B. (org.). The routledge handbook Of animal ethics. New York/London: Routledge - Taylor & Francis group, 2020, p. 455-66.
- SORYL, A. A.; MOORE, A. J.; SEDDON, P. J.; KING, M. R. The Case for Welfare Biology. Journal of Agricultural and Environmental Ethics, v. 34, n. 7, 2021.
- ÉTICA ANIMAL. Introdução ao sofrimento dos animais selvagens. Oakland: Ética Animal, 2023 [2020].
Profundiza en cada punto
Los capítulos que el autor indica en los cuadros de arriba.
- Vol. VII ¿Somos moralmente responsables solo de las prácticas humanas?
- Vol. VII Intentos de sostener que la prioridad corresponde a los animales domesticados
- Vol. VII ¿Tendrían los animales derecho a no ser esterilizados?
- Vol. VII ¿Qué se está haciendo ya para ayudar a los animales salvajes?
- Vol. VII ¿No es absurdo intervenir en los conflictos entre animales?
- Vol. VII ¿No podría ayudar a los animales salvajes empeorar aún más las cosas?
- Vol. VII La cuestión de la depredación
- Vol. VII El debate sobre la destrucción de la naturaleza
- Vol. VII El debate sobre la expansión y la restauración de la naturaleza
- Vol. VII Objeciones que cuestionan la viabilidad práctica de la propuesta de ayudar
- Vol. VII ¿Ayudar a los animales impediría que prevalecieran los genes mejor adaptados?
- Vol. VII ¿Qué áreas deben responder qué hacer con respecto a los animales salvajes?
- Vol. VII Qué más podría hacerse para ayudar: establecer la biología del bienestar
- Vol. VII Discusión sobre nuestra capacidad de evaluar cuándo vale la pena vivir y cuándo no
- Vol. VII El argumento de la prolongación de la agonía
- Vol. VII La cuestión del parasitismo
- Vol. VII La objeción de que el saldo de la situación de los animales en la naturaleza puede ser positivo
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